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Piezas y Procesos

Por solidaridad con nosotros mismos

Por solidaridad con nosotros mismos

Por pasos·Leer seguido

(Palabras leídas en la presentación del libro Granada-Tango, en el Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Granada, el día 21 de octubre de 1982)

Considero más que probable que esto que se presenta hoy no sea un libro. El subtítulo dice que esto es para bailar, y se propone, además, una extraña pareja: las ciudades. Se especifica, en fin, el motivo de la invitación: bailamos con las ciudades por solidaridad con nosotros mismos. No debe ser un libro, por tanto.

Puede que sea un ataúd. Quizás el troquel de la cubierta no simule una ventana, sino esas mirillas que tienen los ataúdes y que permiten ver el rostro, maquillado por última vez, de quien está a punto de ser enterrado. No diré que la pareja que se entierra aquí sea la pareja como categoría, aunque la subcultura del tango haya demostrado tantas veces que el amor, cuando se encierra en el estrecho mundo de sólo dos personas, acaba mal, si es que acaso empieza.

Pero es verdad que en este libro yace, muerta pero con la sonrisa de quien aún se aferra al privilegio de la vida, una cierta pareja: la que así, tan bien peinada, bailó el tango de moda. Yace aquí el tango apropiado por burgueses con pretensiones aristocráticas y proclives a la heterodoxia sexual dentro del matrimonio. Sin embargo, y junto al cadáver, componiendo un velatorio pánico, están los cuerpos derrotados y aún firmes de las criaturas que encuentran en el tango, entendido de otra manera, una seña de identidad.

Este libro surgió de una manera que sólo los idealistas podrían llamar casual. Surgió porque se le puso nombre a algo tan real como lo siguiente: si aquí hay gente que vive y no es feliz, si aquí hay noches en las que sólo la cómplice amistad de los genios de taberna logra aplazar la rendición, si aquí se repite cada día el esfuerzo de levantar la cabeza por muy bajo que esté el techo, si aquí, cuando sentimos nostalgia, el pasado que evocamos sólo es soportable porque ya está lejos, si todo eso es cierto, o sea, si Granada es una ciudad y esto es el siglo veinte, Granada tiene un tango.

Pero hay que matizar muy bien. Es cierto que nosotros nos hemos divertido haciendo este libro, pero este libro no es una frivolidad. Es muy difícil que cualquiera de los que algo tenemos que ver con Granada/Tango hagamos algo que no tenga una intención, por lo general mala. Así, hemos hecho este libro porque nos gusta el tango, pero sobre todo porque preferiríamos que no nos gustara.

Deberá llegar un tiempo diferente, sin razones para el llanto y la queja. Pero eso está lejos. Hoy, en el presente impuesto, sólo es legítima la pasión por la verdad. Y ese es el lugar del tango. Leed los textos que han escrito los locos poetas de aquí; leed los textos de la selección de tangos imprescindibles que cierra el libro. Ninguno miente. Ninguno fomenta la ilusa euforia de creernos ya en el umbral de un tiempo nuevo; todos, por el contrario: tienen el dedo puesto en el gatillo de la memoria, todos insisten en la dura verdad de que aún vivimos la prehistoria del sueño libre. Eso no nos gusta, y por eso nos gusta el tango, porque no lo oculta, y por eso nos gustaría que no nos gustara.

Sentimos, pues, no poder sumarnos a los manifiestos de la esperanza, al trabajo de una cultura placentera —aunque sea alternativa— y que apueste por la pacificación. Sangran los días y las horas, la noche no es un paréntesis en la condena que cumplimos, y ella… no es cierto que ella se fue, es que aún no ha venido.

Este libro es, por tanto, el protocolo del estado de las cosas: en clave de tango, se levanta acta del barro, y en el barro la única flor que nace es la rosa podrida de lo sórdido. Por idénticas razones, Granada/Tango es un comienzo. A los que hemos hecho el libro, no nos apetece nada ser marginales, quedarnos quietos y en silencio, encogidos en las cuevas que nos asignen como vivienda protegida y lejana. Además, encontramos sospechosa tanta reivindicación de independencia para la cultura; nos tememos que ese afán de mantener a la cultura lejos del poder se convierta en un momento dado en la condena radical de todo intento de la cultura de interpelar al poder. De ahí que optemos por el hueco: hoy por hoy, y en esta ciudad, se dan las condiciones para una práctica cultural que, desde posiciones ciertamente incómodas, pero coherentes con el momento histórico, combata el viejo y el nuevo conformismo, la vieja y la nueva euforia, el engaño de siempre.

Por eso, el lunes ponemos en marcha un proyecto: la edición de un periódico quincenal que, desde esos presupuestos, quiere intervenir en el espacio de la crítica política de la cultura dominante y que intentará provocar en la ciudad la tensión de un debate y una práctica que respondan a la pasión por la verdad y a la nostalgia del futuro. Es un proyecto egoísta. Como este libro, lo hacemos por solidaridad con nosotros mismos. Pero este es un nosotros, sin embargo, que hay que construir. Tal es la oferta. Y el libro de hoy, Granada/Tango, tiene sentido en el marco de estos planteamientos.