Por solidaridad con nosotros mismos

Granada tango, 1982
Con motivo del segundo aniversario del fallecimiento de Mariano Maresca recuperamos uno de sus textos más señalados, donde se aúnan dos de sus intereses: la reflexión sobre el progreso cultural y la raigambre popular de la música.
Horacio (Tato) Rébora, artífice de aquel libro, glosa las palabras de Mariano, para situarlas en contexto. En este discurso, podrá apreciarse cómo Mariano Maresca anuncia la publicación del primer Olvidos de Granada.
Añadimos, además, el mecanoscrito que utilizó Mariano aquella noche de hace más de cuarenta años, cedido a esta revista por Antonio Molina Flores. Además de su valor documental, al pie del discurso mecanografiado, Javier Egea, anotó unos versos que, con el tiempo, originarían la Octava Real del éxito, publicada en el segundo tomo de la Obra Completa póstuma.
Glosa a las palabras de Mariano Maresca de la presentación del libro “Granada Tango”
En 1982 se presentó el libro “Granada Tango” en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Granada con un texto de Mariano Maresca, leído por él mismo. Eran tres folios que podrían considerarse un manifiesto de la cultura de Granada en esa rica e intensa vida cultural granadina de principios de la década de los ochenta. El libro “Granada Tango” podría considerarse, más que un libro, una referencia, un punto de inflexión de la cultura en Granada. Mariano iba un poco más allá cuando afirmó en su presentación: “Considero más que probable que esto que se presenta hoy no sea un libro”.
El libro tenía como subtítulo “Libro para bailar con las ciudades y en solidaridad con nosotros mismos”. Frase acuñada por el propio Mariano que hoy se podría considerar como una premonición, ¿acaso podríamos haber imaginado que 15 años después en Granada se iba a organizar una Cumbre Mundial del Tango con el lema: “Desde Granada el tango convoca ciudades”? Y fue así que Granada y nosotros bailamos con las ciudades y concebimos el tango como una manifestación de la evolución cultura urbana a lo largo del siglo XX y ese fue, justamente, el hilo conductor que marcó las acciones que se realizaron en y desde Granada vinculadas al género del tango. Los Festivales y Cumbres Mundiales tuvieron a La Tertulia como espacio fundacional y al “Libro Granada Tango” como fuente inspiradora.
El diseño del libro estuvo a cargo de Juan Vida: el libro era de color negro y tenía un troquel en forma de ventana que podría considerarse también como “esas mirillas que tienen los ataúdes y que permiten ver el rostro, maquillado por última vez”.
A través de la ventana se veía una pareja de baile, “como cuerpos derrotados y aún firmes de las criaturas que encuentran en el tango, una seña de identidad”.
El libro fue, durante casi un año, un libro vivo al que se iban agregando las páginas del espléndido ensayo de Juan Carlos Rodríguez, mientras Mariano escribía esas bases para un concurso de letras de tango donde participaron poetas como Javier Egea, Antonio Jiménez Millán, Claudio Sánchez Muros, Luis García Montero, Álvaro Salvador, Juan de Loxa, José Gutiérrez. Durante ese tiempo recibimos también las colaboraciones de Mario Benedetti, Julio Cortázar y Daniel Moyano y por ello se afirmaba en la introducción que el libro estaba “vivo” y, por eso, su publicación significó su muerte.
Han pasado 43 años de la presentación de Granada tango y ya la muerte no es sólo una metáfora para jugar con la vida sino que a Mariano Maresca, a Juan Carlos Rodriguez, a Javier Egea, a Juan de Loxa, a Claudio Sánchez Muros, a Mario Benedetti, a Julio Cortázar y a Daniel Moyano los alcanzó la misma muerte, la que es de verdad, la que anula todos los juegos y “el privilegio de la vida”. Todos ellos fueron un grupo de amigos, de poetas e intelectuales reconocidos, queridos y admirados que han dejado en alguna medida huérfana la cultura en Granada. Es cierto, también, que su influencia ha sido y es grande. Hoy se expresa en publicaciones, artículos conferencias que consolidan su necesario y justo recuerdo.
Mariano estaba cubierto por un manto agridulce de la esperanza: “aquí hay gente que vive y no es feliz…” decía o bien: “Deberá llegar un tiempo diferente, sin razones para el llanto y la queja”; y entre esas dos ideas nos decía: “Hoy, en el presente impuesto, solo es legítima la pasión por la verdad”. Mariano afirma que los tangos no mienten, ni aquellos tangos imprescindibles que cierran el libro ni los tangos de los poetas de Granada: “todos tienen el dedo puesto en el gatillo de la memoria, todos insisten en la dura verdad de que aún vivimos en la prehistoria del sueño libre”. Mariano fue uno de los imprescindibles de la cultura en Granada es decir que sin su presencia hoy la cultura en Granada sería “otra”
(Palabras leídas en la presentación del libro Granada-Tango, en el Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Granada, el día 21 de octubre de 1982)
Considero más que probable que esto que se presenta hoy no sea un libro. El subtítulo dice que esto es para bailar, y se propone, además, una extraña pareja: las ciudades. Se especifica, en fin, el motivo de la invitación: bailamos con las ciudades por solidaridad con nosotros mismos. No debe ser un libro, por tanto.
Puede que sea un ataúd. Quizás el troquel de la cubierta no simule una ventana, sino esas mirillas que tienen los ataúdes y que permiten ver el rostro, maquillado por última vez, de quien está a punto de ser enterrado. No diré que la pareja que se entierra aquí sea la pareja como categoría, aunque la subcultura del tango haya demostrado tantas veces que el amor, cuando se encierra en el estrecho mundo de sólo dos personas, acaba mal, si es que acaso empieza.
Pero es verdad que en este libro yace, muerta pero con la sonrisa de quien aún se aferra al privilegio de la vida, una cierta pareja: la que así, tan bien peinada, bailó el tango de moda. Yace aquí el tango apropiado por burgueses con pretensiones aristocráticas y proclives a la heterodoxia sexual dentro del matrimonio. Sin embargo, y junto al cadáver, componiendo un velatorio pánico, están los cuerpos derrotados y aún firmes de las criaturas que encuentran en el tango, entendido de otra manera, una seña de identidad.
Este libro surgió de una manera que sólo los idealistas podrían llamar casual. Surgió porque se le puso nombre a algo tan real como lo siguiente: si aquí hay gente que vive y no es feliz, si aquí hay noches en las que sólo la cómplice amistad de los genios de taberna logra aplazar la rendición, si aquí se repite cada día el esfuerzo de levantar la cabeza por muy bajo que esté el techo, si aquí, cuando sentimos nostalgia, el pasado que evocamos sólo es soportable porque ya está lejos, si todo eso es cierto, o sea, si Granada es una ciudad y esto es el siglo veinte, Granada tiene un tango.
Pero hay que matizar muy bien. Es cierto que nosotros nos hemos divertido haciendo este libro, pero este libro no es una frivolidad. Es muy difícil que cualquiera de los que algo tenemos que ver con Granada/Tango hagamos algo que no tenga una intención, por lo general mala. Así, hemos hecho este libro porque nos gusta el tango, pero sobre todo porque preferiríamos que no nos gustara.
Deberá llegar un tiempo diferente, sin razones para el llanto y la queja. Pero eso está lejos. Hoy, en el presente impuesto, sólo es legítima la pasión por la verdad. Y ese es el lugar del tango. Leed los textos que han escrito los locos poetas de aquí; leed los textos de la selección de tangos imprescindibles que cierra el libro. Ninguno miente. Ninguno fomenta la ilusa euforia de creernos ya en el umbral de un tiempo nuevo; todos, por el contrario: tienen el dedo puesto en el gatillo de la memoria, todos insisten en la dura verdad de que aún vivimos la prehistoria del sueño libre. Eso no nos gusta, y por eso nos gusta el tango, porque no lo oculta, y por eso nos gustaría que no nos gustara.
Sentimos, pues, no poder sumarnos a los manifiestos de la esperanza, al trabajo de una cultura placentera —aunque sea alternativa— y que apueste por la pacificación. Sangran los días y las horas, la noche no es un paréntesis en la condena que cumplimos, y ella… no es cierto que ella se fue, es que aún no ha venido.
Este libro es, por tanto, el protocolo del estado de las cosas: en clave de tango, se levanta acta del barro, y en el barro la única flor que nace es la rosa podrida de lo sórdido. Por idénticas razones, Granada/Tango es un comienzo. A los que hemos hecho el libro, no nos apetece nada ser marginales, quedarnos quietos y en silencio, encogidos en las cuevas que nos asignen como vivienda protegida y lejana. Además, encontramos sospechosa tanta reivindicación de independencia para la cultura; nos tememos que ese afán de mantener a la cultura lejos del poder se convierta en un momento dado en la condena radical de todo intento de la cultura de interpelar al poder. De ahí que optemos por el hueco: hoy por hoy, y en esta ciudad, se dan las condiciones para una práctica cultural que, desde posiciones ciertamente incómodas, pero coherentes con el momento histórico, combata el viejo y el nuevo conformismo, la vieja y la nueva euforia, el engaño de siempre.
Por eso, el lunes ponemos en marcha un proyecto: la edición de un periódico quincenal que, desde esos presupuestos, quiere intervenir en el espacio de la crítica política de la cultura dominante y que intentará provocar en la ciudad la tensión de un debate y una práctica que respondan a la pasión por la verdad y a la nostalgia del futuro. Es un proyecto egoísta. Como este libro, lo hacemos por solidaridad con nosotros mismos. Pero este es un nosotros, sin embargo, que hay que construir. Tal es la oferta. Y el libro de hoy, Granada/Tango, tiene sentido en el marco de estos planteamientos.