Pablo del Águila, poeta secreto

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Regresar a mi vida, a mis costumbres, a la inquieta certeza de mi nombre. Me llamo Pablo. A secas. Tengo dos apellidos. Es costumbre de este país terrible donde vivo. No tengo nada más o poca cosa. Me acuesto. Me levanto. Bebo vino, café, fumo y regreso. Estoy como un recuerdo marchitado, como una vida que se va y no viene. Yo tampoco vendré. Me llamo Pablo. Me conozco mi nombre de memoria. Soy joven. Quiero decir que tengo veinte años. Conozco mi estatura, el color de mis ojos. Un día del mes de agosto, era el año pasado, me dijeron: son verdes como el mar. Fumo, bebo y me acuesto. Me levanto. (Con la Virgen María y el Espíritu Santo.) Regresar es tan triste como partir es triste. Ni parto ni regreso. Estoy anclado. Soy un recuerdo que aún anda de cabeza porque vivir es triste como morir es triste. Me llamo Pablo. Quiero que lo sepáis. Me pusieron un nombre sin saberlo, sin saber que marcaban mi existencia, que me ataban a un ser que no conozco, que veo en el espejo por las tardes después de haber bebido cualquier cosa. Soy un recuerdo malditamente echado por inercia. Quiero que lo sepáis: me llamo Pablo. (15-I-1967)
Si alguna vez me siento o simplemente fumo un cigarrillo o leo a Jenofonte o el periódico y escucho luego música volteando la cabeza para evitar que el humo me penetre en los ojos y así lograr que el humo no me venga a los ojos y de este modo hacer como que lloro gracias al humo denso que me vino a los ojos. Así. Cuando me quedo volteando la cabeza para saber de dónde ya no vendrán los tiros o para ver si puedo impedir los tiros me matan más personas porque es el caso que ya no tengo amigos de tantos como matan. Así. Cuando reposo en pie o adustamente salgo para buscar náufragos y mirar de camino los carteles del cine y el traje gris del hombre que trabaja en el cine. Así también, en fin, cuando me clavo la mano izquierda sobre el pie derecho para ver qué impresiones soy capaz de sentir y, como al paso, limpiar de mi conciencia los terribles pecados de la carne Entonces, lentamente, mirando bien de no matar hormigas ni destrozar el césped, me enrosco lentamente, como digo, y me voy enroscando lentamente y espero así, cerrando bien la boca para tapar la risa, a ver si exploto un tanto o si reviento un poco y así, desesperadamente, llevarme yo conmigo muchos clavos, tuercas, tornillos, teclas lubrificadas pulcramente, magníficos botones de chaqueta, todos ellos con cara, piernas, brazos, licencia de pistola, pasaporte y hasta esposas rellenas de merluza que les limpian la mugre de los años pidiendo libertad para ser un poquito más idiotas. (12-IX-1967)
Notas
| ↑1 | A. Carvajal, “El tormentoso mes de mayo”, Ideal. 75 Aniversario, Granada: Ideal, 2007, p. 216. |
|---|---|
| ↑2 | C. Boyero, “Joaquín Sabina. Una entrevista noctámbula”, Rolling Stone, 4, 2000, p. 44; vid. asimismo J. Sabina y J. Menéndez Flores, Yo también sé jugarme la boca. Sabina en carne viva, Barcelona: Ediciones B, 2006, pp. 140 y 257-258; y ahora, J. Menéndez Flores, Sabina: No amanece jamás, Madrid: Blume, 2016, pp. 241 y 47. |
| ↑3 | M. García-Posada, “Poesía reunida (1964-1968) de Pablo del Águila [Reseña]”, ABC Literario, 3.XI.1990, p. 51. |
| ↑4 | Vid. ahora Pablo del Águila, De soledad, amor, silencio y muerte, Madrid: Bartleby, 2017 (edición y prólogo de J. García Jaramillo). |
| ↑5 | F. Villar Ribot, “De la palabra o el vacío”, Granada 2000. “Culturas”, 33, 17/11/1990, p. 3 |
| ↑6 | E. de Santiago, “Pablo”, Ideal, 22-10-2006, p. 24. |
| ↑7 | J. Sabina y J. Menéndez Flores, Yo también sé jugarme la boca, op. cit., p. 262. Joaquín Sabina utilizó dos versos de la “Qasida del amor que se fue y no vino” para su canción “Amor se llama el juego”, incluido en su disco Física y Química (1992), como él mismo señala en J. Sabina, Con buena letra, Madrid: Temas de hoy, 2002, p. 131. |
| ↑8 | C. Fuentes, La muerte de Artemio Cruz, Madrid: Alfaguara, 2008, p. 222. |
| ↑9 | J. C. Rodríguez, “Pablo del Águila y Ada o el ardor (Un precursor póstumo)”, Dichos y escritos (Sobre «La otra sentimentalidad» y otros textos fechados de poética), Madrid: Hiperión, 1999, pp. 95 y ss. |
| ↑10 | D. Rodríguez Moya, “Entrevista a Félix Grande”, La Opinión de Granada, 24/03/2004, p.33. |
| ↑11 | Rodríguez Moya, op. cit. En junio de 1969, a los pocos meses de la noticia de su muerte, Cuadernos Hispanoamericanos publicó como homenaje póstumo tres poemas inéditos suyos, precedidos de un breve texto de Quiñones en que recordaba “la frecuente presencia en su redacción del amigo y el poeta desaparecido”, para dejar “constancia viva de las posibilidades y el temperamento del joven granadino”, p. 596. |
| ↑12 | F. Grande, “El inocente”, El País. “Libros”, VII, 276, 27/01/1991, p. 12. |
| ↑13 | García-Posada, “Poesía reunida (1964-1968), op. cit. |
| ↑14 | Fanny Rubio, “Pablo del Águila”, Rara avis. Revista de Literatura, 1985, 1, p. 28. Recogido como “Pablo del Águila, poeta setenta”, «Especial Poesía 70», EntreRíos, año III, 6, 2007, pp. 128-129. |
| ↑15 | El dato lo aportaba ya Elisa Sartor, “La poesía de Pablo del Águila”, Castilla. Estudios de Literatura, 2, pp. 189-213, p. 192, gracias a la documentación facilitada por Bernabé García López. A él también agradezco la cesión de estos y otros importantes documentos. |
| ↑16 | J. Sabina y J. Menéndez Flores, Yo también sé jugarme la boca, op. cit., p. 258. |
| ↑17 | J. Ladrón de Guevara, “Desde estas altas rocas innombrables [Reseña]”, Ideal, 22/06/1973, p. 48 |
| ↑18 | Citado por Belén Rico, “Pablo del Águila: los versos de la antítesis”, Suplemento “Actual”, Granada Hoy, 3/11/2006, p. 7. |