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Leer a Javier Egea en la actualidad

Margarita García Candeira·
Leer a Javier Egea en la actualidad

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[1] Este texto fue presentado en la sesión “Javier Egea en la actualidad”, en el seno del Homenaje a Javier Egea organizado por La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea, la Universidad de Granada y el Ayuntamiento de Granada en febrero de 2020. En la medida en que supone un estudio de caso realizado a partir de la reflexión contemporánea sobre memoria, espacio y afecto, este trabajo se inscribe en las líneas teórico-metodológicas de los proyectos de investigación financiados “Cartografías del afecto y usos públicos de la memoria: Un análisis geoespacial de la obra de Rosalía de Castro” (Referencia: FFI2017-82742-P) y “La inscripción de la memoria cultural en el espacio público: estrategias de consumo institucional del pasado literario (1837-1978)” (Referencia: PID2021-127259NB-I00).

[2] Después de varios años de tentativas editoriales y críticas paralizadas por los conflictos existentes alrededor del legado del poeta, la casa Bartleby publicaba un primer volumen que recogía la poesía de Egea, en 2011, con prólogo de Manuel Rico y, en 2012, uno segundo que recopilaba, tal y como rezaba su título, la “obra dispersa e inédita”, con prólogo de Jairo García Jaramillo. Al cargo de la edición de ambos tomos estaban José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García. No es este el lugar para realizar un seguimiento de las fricciones entre instituciones y particulares surgidas a propósito de la custodia de la obra de Egea, como tampoco de las distintas pugnas interpretativas que la gestión de su producción suscitó. Puede leerse, sin embargo, el texto “El único legado”, de Álvaro Salvador (2011), en el que se alude, desde una perspectiva posicionada, a algunas de estas cuestiones. Desde 2019, la Universidad de Granada atesora el archivo del poeta.

[3] Hay tres textos fundamentales. Por una parte, Luis García Montero publicaba el artículo “La otra sentimentalidad” en El País el 8 de enero de 1983. Álvaro Salvador aportaba el ensayo “De la nueva sentimentalidad a la otra sentimentalidad”, que había visto la luz en los periódicos de la Cadena de prensa del Estado en junio de 1983. Javier Egea escogía un soneto, “Poética”, para ilustrar las bases teóricas expuestas por sus compañeros. El volumen La otra sentimentalidad salía a la luz en la colección Los Pliegos de Barataria de la Editorial Don Quijote de Granada unos meses después. En La otra sentimentalidad. Estudio y antología (2003), Francisco Díaz de Castro repasa las claves y la gestación de este movimiento poético, y ofrece una selección de sus textos más significativos.

[4] En realidad, la postulación de una configuración material e histórica de las emociones venía pergeñándose en obras anteriores de Williams. Para un repaso sucinto de la historia del concepto, véase Cáceres Riquelme y Herrera Pardo (2014).

[5] Los acercamientos de índole sociológico al espectro afectivo son solo una rama, especialmente incisiva, del denominado giro afectivo, que tiene otras vertientes muy significativas en los estudios neurológicos y en formulaciones que explotan la dimensión lingüística y metalingüística del afecto, como puede ser Fragments d’un discours amoureux (1977), el libro ya clásico de Roland Barthes, al que nos volveremos a referir. Para un panorama crítico de estos conceptos, véase el trabajo de María do Cebreiro Rábade Villar “El discurso amoroso como discurso enamorado. La obra de Roland Barthes a la luz de las teorías contemporáneas del afecto” (2016).

[6] García Montero se refería al papel de la ternura en el seno de un proyecto que implicaba que “[r]omper la identificación con la sensibilidad que hemos heredado significa también participar en el intento de construir una sentimentalidad distinta, libre de prejuicios, exterior a la disciplina burguesa de la vida”. Así, explicaba que: “Y no importa que los poemas sean de tema político, personal o erótico, si la política, la subjetividad o el erotismo se piensan de forma diferente […] Este cansado mundo finisecular necesita otra sentimentalidad distinta con la que abordar la vida. Y en este sentido la ternura puede ser también una forma de rebeldía”. Álvaro Salvador incluía su reflexión en su manifiesto “De la nueva a la otra sentimentalidad” de 1983: “Cuando la vida y sus relaciones no sólo se entienden de otra manera, sino que también se viven de otra manera; cuando el sentimiento de la patria no sólo cambia, sino que desaparece y se convierte en un sentimiento internacionalista; cuando el sentimiento de la paternidad desaparece porque no se entiende la sociedad falocráticamente, ni las relaciones amorosas o filiales como una moral, sino como una forma de enfrentarse al mundo con mucha ternura; cuando el amor no es un sentimiento abstracto con debe y con haber, sino una realidad que se vive y solo así se explica; cuando el tiempo no es un decurso abstracto al final del cual nos aguarda la culpa y la muerte, sino simplemente la medida de nuestra propia historia personal y colectiva, entonces puede hablarse de otra sentimentalidad, de otra poesía” (Salvador en Díaz de Castro, 2003: 43-44).

[7] Así contestaba el poeta a la pregunta “¿Quiénes son los tristes?” que le formulaban en una entrevista para la revista Camino de Ronda en 1983: “La tristeza es inevitable en un mundo como éste. Pero si a la tristeza se la sabe armar de ternura revolucionaria, es decir, si se le quita la ideología lacrimógena tradicional y se le da un sentido diferente, colectivo, entonces sí puede ser una bandera de esperanza. […] Nosotros sabemos que no es posible hacer la revolución con la poesía, pero también sabemos que hay que cargar de poesía la revolución” (Egea en Maresca, 1983).

[8] Es llamativo que la palabra “ternura” aparezca en numerosos títulos relacionados con filosofía de la educación, principalmente con corrientes modernas y contemporáneas que cuestionan los modelos tradicionales basados en la severidad e, incluso, en la violencia como instrumentos pedagógicos. Pueden verse al respecto títulos como Violencia y ternura (1967), de Juan Rof Carballo, o, más recientemente, Ternura y postura: la educación para la paz (2004), de Carlos Aldana Mendoza, Educación y ternura (2007), de Lidia Turner Martí, Lidia y Balbina Pita Céspedes, o Pedagogía de la ternura: conceptos básicos (2012), de Arnobio Amaya Betancourt.

[9] “Calle Melancolía” abre en 1980 el segundo trabajo sabiniano, Malas compañías.

[10] “Soñados horizontes” y “Vivir es ir muriendo poco a poco” ven la luz en el número 0 de Tragaluz, en mayo de 1968; “Salió a la calle” aparece en el siguiente número, el 1, editado en septiembre del mismo año. El poema “Si supieras la noche que me llena” se publica en el número 4 de la revista, en 1969. Es significativa, al respecto de la posible relación entre Egea y Sabina, la figura bisagra de Álvaro Salvador, que gozaba de la amistad de ambos. Décadas más tarde, Salvador sería uno de los correctores de Ciento volando (de catorce), el libro de sonetos que Sabina publicó en 2001. También están unidos por la admiración fascinada, y probablemente por el influjo, de Pablo del Águila, un joven poeta granadino de la época que está siendo objeto de una afortunada recuperación. Para un estudio detallado de estos poemas primerizos de Sabina, puede verse García Candeira (2018).

[11] La canción “Ruido” pertenece al álbum Esta boca es mía (1994).