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Piezas y Procesos

Un poema para Javier

Alfonso Salazar·
Un poema para Javier

Hace un año, precipitadamente, se cerraba la exposición ‘Sobre el papel’ que en la Biblioteca de la Universidad de Granada, en el Hospital Real, se celebraba con una muestra de los fondos de Javier Egea que fueron cedidos a la institución pocos meses antes. Aquella exposición se combinaba con una serie de actividades paralelas. Solo pudo celebrarse ‘Un poema para Javier’ una lectura en la que participaron poetas jóvenes de la ciudad de Granada en homenaje a Javier Egea. Aquí están. olvidos levanta acta.

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36

Pelamos mandarinas
con la torpeza propia de los enamorados.
La quietud de los chorros
hilvana indiferente el tiempo en la piscina.

Juegas a provocar pequeñas ondas
sobre la superficie, a remover
las horas con tu pie derecho, recostada
boca abajo, mirando tus manos y mis manos
ácidas; y también de vez en cuando
tanteas en el agua los destellos del sol.

De fondo ladra Toby y cloquean las gallinas.
Voces de hombres curtidos se imponen con violencia,
pero qué lejos…
Se inventan otras músicas ―mientras me tarareas
esa canción que tanto nos gustaba―:
un higo que se acaba de caer
sobre la tierra oscura,
el zumbido cansado de una abeja,
la explosión de los gajos al morderlos.

La quietud de los chorros nos invita
a llenarnos de amor y fruta los estómagos,
a rozarnos, tan juntos, las sienes sin querer,
a dormir por fin la siesta que ningún futuro nos promete.

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5

Desvío-tránsito y chirapa
asomado a la nada de dióxido al balcón.
Atreverse desnudo a la esquirla
a la costilla prehistórica de amor
y decirte amor amor
me sabe el paladar a asfalto tras tu beso.

Aire gas intervenido. El megáfono
acaricia los billetes y las cartas
mismo papel de sueño y dogma.

Chirapa y tormenta en este joven valle
de cemento y corazón en sótano.

Duérmeme amor-amor con tus uñas
hasta insertar las cuentas del rosario
en la vena más grande de mi agenda
lluvia y pronto el arcoíris.

Queda decir el nombre del nombre
prestar atención al silencio
y rezarle con sudor de piel cartón
al son de cúbitos que nos lanza la bocina.

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4

Flores silvestres ay si tú me quisieras
qué feliz sería entre las briznas
y el barro con rocío por los labios
entre las briznas y tú flor silvestre
crece un par de zapatos con sus piernas
todo un cuerpo ay si me quisieras
y una carta en su mano sin abrir
una carta que contiene un campo
el rumor a lo lejos de la lluvia-lluvia
el olor a futuro predecible sin sus márgenes
un campo de flores silvestres y tu pelo
arriba arriba como la noche cubriendo ay
este amor-amor fotosintético este
cuerpo nonato en bandolera quemado por el sol
con una carta y un campo y el recuerdo de tu cara
ay
arrugada en la mano
si me quisieras.

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Poemas de Los adioses del trigo (Hiperión, 2020)

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Javier Calderón (Benidorm, Alicante, 1995)

Voy a ser escueto. Siempre he sido reacio a los modelos. Pero sería ingenuo no reconocer la huella de Javier Egea en, al menos, mi punto de partida. El otro día, en la proyección de un par de reportajes sobre Egea, un muchacho desconocido que tenía al lado me dijo: «Hey, ¿qué tal? ¿Conocías de antes a Quisquete?» (Creo que me lo preguntó porque me había escuchado quejarme a una amiga de la impostura que caracteriza muchas actividades poéticas.? «Bueno», le dije, «realmente es imposible dar dos pasos en Granada sin leer o escuchar el nombre de Lorca o de Egea.» «Uhm… No sé», murmuró, y ya no volvió a hablarme.

En cierto modo, la importancia deJavier Egea en mi biografía productiva, como persona que trata de escribir y de estudiar la literatura, ha sido inevitable. Me quedo, aun así, con inmenso agrado y alegría, con su tratamiento del amor y con su imagen —qué remedio— de galán canallita trasnochado (no soporto los modelos, pero soy adicto a los mitos). Ah, y me apropio gustoso de este verso:

Hoy solo sé que existo y amanece.

Javier Calderón

No te quedes con las ganas, grita: duele
(Mala Rodríguez)

CRUSHES

Perdón por no ser Emma Stone
y las demás mujeres a las que nunca llegaré a parecerme.
¿Cómo ser Audrey Hepburn,
cómo ser Scarlett Johansson,
cómo ser todas a la vez?
Mientras yo me arranco la piel a tiras,
Emma Stone está frente a algún espejo en algún baño
de alguna suite de Los Ángeles
queriendo ser Uma Thurman.

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Al final amar es eso:
llegar a casa tarde y ver la luz del cuarto encendida
y a ti dormido mientras el ordenador reproduce
el décimo capítulo de cualquier serie.
Es tomar el sol en la terraza el domingo
entre nuestras sábanas colgadas
y escucharte a lo lejos cortando verduras
porque hoy comemos sopa.
Es hablar de ti quizá demasiado
(aunque nunca suficiente),
verte en el fondo de mi copa de vino,
cancelar mis planes cuando te pones triste,
pedirte que te quedes un ratito más
para que repasemos con los dedos todos nuestros tatuajes.
Es dibujarte de memoria,
recordar la chispa que se enciende en tu mirada
cuando es lunes, y es tarde,
y ponemos tu película favorita.

Me gusta pronunciar tu nombre al oído
como quien invoca a un dios,
con la cadencia suave de aquel que no tiene prisa.

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Hoy te has vuelto a dejar la camisa.
El otro día pensé que fue casualidad
pero hoy te la has vuelto a dejar
encima de mi cama,
donde hemos dormido tantas veces
sin que nadie lo supiera.
Ahí está, como la prueba
de un crimen atroz:
El día 29 de junio de 2019,
a las 18:30 horas viniste a mi casa,
nos abrazamos toda la noche
y hoy te has dejado la camisa
Pull and bear, talla L, blanca, sin mangas,
tu camisa de trapero de las rebajas del verano pasado.

Nunca dejarán de parecerme tiernos tus gestos,
la despreocupación con la que te levantas, medio dormido,
y te vas corriendo dándome solo un abrazo,
porque en el fondo sabes que volverás a por ella,
que volverás a dejártela,
que esto no es el final,
que nos quedan aún muchas noches
de dormir abrazados en esta cama.

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VACIAR CHAT

Hay ciertas noches en las que elijo
la tortura del paseo por las fotos de la galería
donde encuentro a esas personas
que parecen mirarme y decir: ya no.
Quiero contarte que estoy mejor,
que sigo en pie peleando sola.
Esta semana ha llovido mucho,
he descubierto a Sufjan Stevens
y he querido escucharlos contigo;
También he querido hablarte
de que los poemas suenan distintos según dónde los leamos
y de que he estado pensando en la importancia del lenguaje
-que no te engañen: hay algo subversivo
en escribir en femenino-.
Cuando te vuelva a ver y nos abracemos
en una despedida que dure demasiado
no podré evitar derramar una lágrima,
irme escuchando el disco más triste
y llenar esta libreta de borrones.
Me duele saber que ya no estás dispuesto
a recorrer conmigo este camino,
pero más me duele darme cuenta
de que yo tampoco.
Aquí sigo, ordenando estos versos sin sentido
escritos en la huída, o entre lágrimas,
o en el metro, o en el baño de la discoteca,
pero siempre en una nota del móvil.
Actualizo y me encuentro con tu foto.
Hoy tengo mil cosas en la cabeza
y no sé por qué, no paro de pensar en Timothée Chalamet
llorando frente a aquella chimenea.

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BUENOS DÍAS, BUENAS TARDES Y BUENAS NOCHES

Hay días tristes en los que me cuesta salir de casa
y enfrentarme a esta vida de espera
de caras cuadradas y ojos brillantes en el metro,
de pagar fianzas y soñar con un piso de dos habitaciones
al que llamar casa;
de mirar el catálogo de Netflix,
borrar aplicaciones para descargar otras,
ir de excursión a Ikea,
gastar el dinero que no tenemos
en un 3×2 en maquillaje, en el cine los miércoles,
en un vuelo rebajado a Bruselas.
Por eso quiero confesarte lo mucho que me gusta
parar un rato entre tanto caos
para salir al balcón a hablar contigo
-la pareja de enfrente está ya en el salón poniendo su programa-
y echarte en la boca el humo del sexto cigarro del día.

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Ana Pérez Gallego (Badajoz, 1997)

Hace unos años las hermanas Wachowski dijeron que el arte es amor hecho público, y dejaron claro que para ellas cualquier manifestación de arte surge de un sentimiento fuerte que necesitamos poner en común. Para mí esa definición ha tenido muchísima relevancia tanto en mi poesía como en mi predilección por determinados autores que de alguna manera siento que han sabido dejar una huella que va mucho más allá de lo literario. Yo creo que Javier Egea está siempre escondido detrás de los versos de cualquiera que haya pasado por esta ciudad. No sé si me quedo con su forma de transmitir el dolor o la que tiene de transmitir el amor; supongo que muchas veces en su poesía ambas cosas se encuentran. Tengo claro que Egea me ha influido no tanto como poeta o como filóloga, sino como persona que se enamora, que sufre, que camina por las calles de Granada con mil pensamientos en la cabeza, que espera en una plaza, porque todas las plazas tienen olor a espera, y que se encuentra a sí misma no solo en otros versos, también en una película o en un disco. Su poesía me hace sentir que a veces podemos compartir la soledad, que amar es un acto político y que quizá el dolor sea el sentimiento más común a todos los seres humanos.

Ana Pérez Gallego

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EN LA CERRADURA DE UN CANDADO

En la cerradura de un candado, otro
candado, y nunca, por ningún lado,
una llave.
Una puerta que no se abre
ni empujando ni tirando.
Una puerta que no es corredera,
con un cerrojo en ambas partes.
Una puerta por la que no se entra,
una puerta por la que no se sale,
una puerta que separa
una nada de otra nada
y solo dentro del candado
—aun tal vez otro candado—
esconde algo.
Y nunca, por ningún lado,
una llave.

(De El agua y la sed)

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FANTASMAS

Ya la luz hiriente de la tarde
atraviesa el cristal como un fantasma.
Miras: motas de polvo incandescentes
flotan en la estancia suspendidas
como en la respiración contenida
cuelga ingrávido el silencio.
A la sombra aciaga del crepúsculo
diseccionas con los ojos un recuerdo,
cadáver triste sobre la pared desnuda;
el pulso palpitante bajo el cuello,
el aliento quebrado en la mandíbula.

No existe esta sala que obstinada imagino
—como no existe aquel hilo concreto
deshilvanado del tapiz de la memoria—;
sin embargo, se asemeja a la infancia
y me persigue en cada hogar que habito.
Me lastra como un grillo bajo el agua.


(De Los días eternos)

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EL OTRO QUE YO SOY


Un lunes de invierno
en una terraza de Benidorm


También la duda vendrá,
como lo han de hacer todas las cosas,
y en la imposición de su sombra instará
a decidir, llegado el momento,
si por fin rendir la ciudad
o bien, henchidos de amor y bravura,
luchar contra los soldados del tiempo,
invasores intentando instalar
entre tu frente y la mía el absurdo.
Recordaré entonces tu voz
alzándose lenta sobre el mundo,
tus palabras de luz imponiéndo-
se sobre el vino y las frutas;
recordaré cómo el sol no pudo
brillar más fuerte que tu acierto
y sabré que mi yo auténtico
no existe y que en tal caso
me acompaña a todas partes.
Resolveré entonces pisar
a los fantasmas del futuro
y sostendré fuerte tu mano,
querido hacedor de miniaturas,
porque solo a tu lado puede
aflorar la otra que yo soy.


(De Los días eternos)

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María Elena Higueruelo (Torredonjimeno, Jaén, 1994)

La primera vez que leí a Javier Egea tenía 22 años; fue a comienzos de 2017. Era aquel un tiempo extraño: el pasado caducaba muy rápido y la inminencia del futuro daba miedo. Había que aprender a decir adiós a los seres queridos y comprender, como diría Egea, que siempre es tarde, siempre, para volver a casa. Era yo entonces un cuerpo alienado en la ciudad, repetido en portales, escaparates, brumas, usando de nuevo sus palabras. He de reconocer que no fue una lectura muy atenta; y sin embargo, un verso halló la fuerza suficiente para hablarme y, desde entonces, de vez en cuando me sorprendo repitiéndolo para mí misma: Qué luz extraña, dime, hay en la soledad y la memoria. Acaso una buena parte de los poemas que he escrito hasta ahora no han sido más que un intento de responder a esta pregunta.

María Elena Higueruelo

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NUESTRA HISTORIA DE AMOR

Alzamos el cuello y lo torcemos para ver
dibujos bajo los balcones
son figuras que recuerdan al poema
no escrito aún sobre la pregunta del grial
Están hechos para que los miremos con esfuerzo
y cuando empieza el dolor
se hace comprensible
la posición escogida del mosaico

Si nos damos la mano tal vez
estemos confluyendo entre el Relato que caerá
y nuestra historia de amor.

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CAMPO A TRAVÉS

Del estómago le trepa al hombre
una arcada que debe llevar con ritmo
hasta el siguiente poste de luz
mientras el otro espera apoyado
un mensaje
Campo a través
el hombre va haciendo al otro su horizonte:
una solitaria vastedad vegetal y
el ronroneo de las extremidades
en la hierba

Pero ni entonces teme que el cuerpo caiga
solo teme
la interrupción de la coreografía
y aunque no se pregunta
cuántas piernas serán suelo y pasto
hay en sus manos una duda
cuando aparta al muerto que
ya ha cumplido su tarea.

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VUELO INTROSPECTIVO

La polilla voló hasta la boca
de billetes
Estuvo quieta un buen rato
sobre el borde
mientras sonaban las teclas de mi contraseña
nos miramos el aleteo rápido
dentro un montón de aleteos
(sus ojos el sonido
la boca llena de polillas)
Hacia fuera los billetes de diez y
con paciencia sus patas
hacia dentro

Absorta en su cadáver estuve
girando alrededor

Multitud de aleteos hacen corazón
calor de la luz de cajero activo
alguna noche o mañana
cualquiera.

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INCLINACIÓN

Todas las ramas
apuntan al camino
aunque yo sé
que no saben muy bien
por qué
árboles cuidados apenas
alcanzando altura con
algún que otro capullo extraordinario
y ellas inclinadas raíces en el aire
apuntan al camino
como si quisieran descender
y encontrarse con su principio.

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Laura Montes Romera (Aldeire, Granada, 1996)

Tal vez lo que más me ha inquietado siempre del hecho poético es su facultad de acercarte a las cosas, de permitirte armonizar la mirada con el tacto. Creo que Javier Egea supo hacer esto mismo con destreza y amor, por eso su poesía me recuerda que esa inquietud puede manifestarse de muchas formas distintas. Puede conducirme al placer de la compresión que provocan unas palabras bien escogidas, tanto como al dolor ante lo inmenso de la vida, su infinita finitud.
Le agradezco a este enorme poeta habernos demostrado que se puede con la palabra abrazar el dolor y hacer nuevos lugares desde los que compartir.

Laura Montes Romera

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atlántida

you really want to fuck up the system go to business school that’s what i’m gonna do get a job in some big corporation and like fuck things up from the inside

ghost world— terry zwigoff

sé que mis padres
hubieran preferido
elegir qué corbata
regalarle a su hijo
cada cumpleaños
qué calcetines ejecutivos dejar
en la mesa envueltos
delante de su hijo
de ese hijo que decidieron tener
que soñaron tener
que desearían que fuera abogado
sé que mis padres
preferirían tener un hijo empresario
em-pren-de-dor
un joven con éxito
ajeno al dolor del mundo
al mundo que ahora recorre
—debería decir recorro, tal vez—
pregúntandose dónde está el problema
intentando apretar la solución
escudriñarla mientras esquiva
la precariedad laboral
la madurez los planes de pensiones
toda esa resignación
que ellos aceptaron
tal vez mis padres
nunca olvidaron que fueron jóvenes
que escaparon de los sueños de sus padres
que quisieron recorrer también las calles
encontrar la solución
que huyeron de los grises del aburrimiento
efectivo del complemento de productividad
en la acera de enfrente
la vieja librería de polvo
y parqué desconchado
donde compré el último regalo
de cumpleaños a mi padre
ahora es una franquicia brillante
y ultraprocesada y un mercadillo
límpido y quieto de suvenirs
agazapado en la ruta establecida
por cualquier turoperador
tal vez mis padres
quisieron que fuera abogado
empresario oficinista
administrativo
para intentar evitar
desde dentro
que gentrificaran
nuestros cumpleaños

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algoritmo

extraño los algoritmos
su terca insistencia su falta
matemática de humanidad
extraño la complejidad de los algoritmos
extraño su silencio su incapacidad
de olvidar —pretender un olvido inmediato—
de sobreponer lo vivido
de permutarlo
extraño los algoritmos
igual que te extraño a ti aquí ahora
y la incompatibilidad que supone
olvidarte y aparecer
como primera opción
en todas las funciones
de mis redes sociales
extraño la sutileza de los algoritmos
preguntándome si quiero hablarte
si quiero mandarte compartir contigo
cada publicación si quiero
tal vez como siempre
llamarte verte decirte
y ayer tal vez pero hoy
—el algoritmo no lo sabe—
es algo ya lejano
extraño los algoritmos
extraño verte desaparecer
ver cómo te precipitas
en la lista de prioridades
cómo un algoritmo intercambia
tu nombre y otro nombre
cualquier nombre que no es el tuyo
que no es el mío ya tampoco
extraño extraño ex tra ño
la costumbre de los algoritmos
las acciones repetidas
tú al final
yo aquí
y el algoritmo recordándome
que estoy solo

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Carlos Allende (Granada)

POÉTICA


a pesar de todo
Javier Egea

Vino primero ajeno —yo triste adolescente—
me enseñó cuanto pudo, cuanto quise aprender
me dio a luz su boca, su naufragio de piel,
Granada, sus paseos de inconsciencia valiente.

Y así me enamoraba casi sin darme cuenta
recorría sus versos, masticaba su voz
con el fallo imitado del poeta precoz
y el temblor indeciso de una mano que tienta.

No tuve más razones que aquella militancia
que el taller artesano, que esa estrella muerta
desde donde tirarme en tropel desde un verso.

A pesar de los años recorro las estancias
de aquel hotel oscuro, sus paredes, sus puertas
donde te conocí, donde siempre regreso.

Carlos Allende