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Piezas y Procesos

Pietro Barcellona: de un sur a otro

Alfonso Salazar·
Pietro Barcellona: de un sur a otro

Pietro Barcellona ha muerto el siete de septiembre de 2013, en Catania.

Lo conocí en noviembre de 1987, en Roma, cuando Pietro presentó un importante libro, L’individualismo propietario. Pietro Ingrao, Massimo Cacciari y muchos más hablaron de aquel libro y planteaban los problemas de la filosofía y la política, que entonces estaban en la calle y que Pietro reflexionaba en su nuevo libro, como cada día y cada noche. Aquella tarde lo conocí, y el día siguiente nos vimos por la tarde, en su hotel cerca del Panteon. Cenamos en la calle y hablábamos de todo. Al día siguiente, Pietro se volvía a Catania, pero ya me dijo que nos veríamos muy pronto otra vez en Roma para seguir hablando de  aquel libro y de otras cosas.

Y así fue nuestra vida durante muchos años, en Roma, Catania, Siracusa, Granada, Barcelona…

La obra de Pietro Barcellona es muy conocida en Italia y también en España. Pero ahora quisiera recuperar un texto que escribí en el año 2005 para el libro “Pietro Barcellona raccontato dai soui amici”; ese texto se llama “P.B. de un sur a otro”.

Finalmente, la obra de Pietro fue muy extensa, con muchísimos libros, pero también se dedicó a la pintura. Veamos  algunos de sus cuadros, como los que pude ver en su casa de Catania.

Mariano Maresca, Granada, septiembre 2013

Mariano Maresca

En seguida cuento cómo conocí a Pietro Barcellona. Antes, quiero describir la que para mí es la primera imagen en la que Pietro aparece ya como un amigo con el que discuto apasionadamente de prácticamente todo y con el que, muy desde el principio, sentí que podía hablar con una franqueza tranquilizadora.

Esa primera imagen corresponde a la primavera de 1989. El sol de la tarde señala las sombras del seto en el jardín que hay tras el ventanal del despacho de la casa de Barcellona en las afueras de Catania. Pietro ha salido para preparar más café; quiere que sigamos conversando más tiempo, hasta la cena al menos, porque ciertamente esa tarde las ideas fluyen. Miro hacia fuera: un gato -luego he sabido que era una gata, la gata Circe- cruza el jardín despacio, se detiene a la altura el ventanal, mira al interior y sigue su camino. Pietro vuelve. En la habitación hay ahora una calma distinta: la luz es más débil y yo voy dejándome ganar por la impresión de que la oscuridad que empieza a tomar cuerpo fuera está habitada por criaturas con las que Pietro tiene una familiaridad telúrica; y todo eso me hace pensar que estoy empezando a conocer al mismo tiempo a Pietro y a Sicilia. La conversación dura, en efecto, hasta la cena, con alguna interrupción familiar; pero ha cambiado algo en el tono (se percibe bien en la grabación) y en el asunto: y es cuando entiendo que Pietro Barcellona, que está sentado al otro lado de la mesa rodeado de libros que forman colecciones dirigidas por él sobre asuntos sociales, jurídicos y económicos, es un filósofo que se está reencontrando felizmente con esa vocación primera. En la cena terminé de conocer a la familia de Pietro.

A Pietro lo conocí dos años antes. Lo que sabia de él era lo más conocido de su imagen pública: el organizador del congreso de Catania sobre el uso alternativo del derecho, parlamentario, de la dirección del PCI miembro del Consiglio Superiore della Magistratura, un hombre muy activo, casi un «hombre de acción». En el otoño de 1987 yo vivía en Roma, en casa de Renata Rizzo, que trabajaba en el CRS y me proveía de información sobre las mil convocatorias de actos que había cada día en Roma. Un día de noviembre me dio una invitación para la presentación del último libro de Pietro, L’individualismo propietario, en una sala próxima a Largo Argentina. Hablaron Pietro lngrao, Máximo Cacciari, Nicoló Lipari y finalmente el propio Barcellona. Conservo los apuntes que tomé. Ya había leído el libro. Todavía hoy creo que Cacciari lo definió bien cuando dijo que lo más llamativo deaquella obra era el peso extraordinario de la conciencia de las contradicciones, o de la contradicción tout court. Había mucha gente y estaba conmigo uno de los primeros amigos que tuve en Roma, Aldo Garzia, periodista entonces de «Il Mani{esto». Fue él que tuvo la iniciativa de presentarme a Pietro, a la vista del interés que yo había mostrado por el libro. Allí mismo, tuvimos una breve conversación que acabó con una cita para la tarde siguiente en el Santa Chiara.

Y en esa conversación pude comprobar que mi primera impresión tras leer L’individualismo propietario era más importante de lo que yo creía. En España, Pietro era conocido como el editor de los dos volúmenes de L’uso alternativo del diritto, que había llegado a unos pocos Departamentos de Filosofía del Derecho, como el de la Universidad de Granada. Ese mismo Departamento organizó en febrero de 1977 un seminario sobre el tema que tuvo un efecto casi de escándalo en los medios universitarios y de los profesionales del derecho y que fue publicado en una editorial ya desaparecida, Fernando Torres Editor; en 1977. El hito siguiente es I soggetti e le norme, que continúa ofreciendo de Pietro Barcellona el perfil de un jurista en mi opinión modélico, porque abordaba los problemas jurídicos con una profundidad de la que nadie podía legítimamente desentenderse: comprometía al lector con una manera de mirar el mundo del derecho, le hacía ver que había algo más que voluntad política en sus análisis, por ejemplo, del derecho subjetivo. Pero lo que encontré en L’individualismo propietario era otra cosa.

En ese libro hay un distanciamiento de Pietro Barcellona respecto de sí mismo que no significa ni rectificación ni modificación, sino explicitación de problemas que parecían estar resueltos en el trabajo del jurista y que ahora se ponen de nuevo sobre la mesa para ser abordados desde una óptica menos funcional, es decir; filosófica. L’individualismo … es un libro de filosofía y de filosofía política que se ocupa de lo que los juristas se niegan a pensar y de lo que los moralistas prefieren ignorar. Ningún jurista instalado en su trabajo puede leer con agrado las páginas que Barcellona dedica al juego de espejos de formalismo y decisionismo, y ningún moralista aceptará fácilmente el juego de espejos de teoría sistémica y nihilismo débil que propone como explicación de la coartada de la mala conciencia de nuestro tiempo. Todo esto suponía, así lo veía yo entonces, abrir un campo inesperado e infinitamente más rico a la reflexión de los juristas sobre su propio trabajo y reclamar un enfrentamiento con la filosofía que no podía terminar en una Teoría General o una Metodología más. La novedad más importante (y más atractiva para mí, prácticamente insensible a los encantos de la dogmática) era esta llamada tan diáfana a volver a medirnos con la filosofía. La obra posterior de Pietro no ha hecho sino confirmar esa línea de trabajo, pero en 1987 a mí me produjo una impresión imborrable de la que aún me siento deudor.

Y en el contexto de esa conversación fue como Pietro Barcellona dio un paso decisivo en nuestra amistad. Yo le había explicado el eco que habían tenido en mí determinados pasajes del libro: cuando terminó de escucharme, me dijo que si el libro me había provocado una lectura de ese tipo era porque yo estaba pensando ya de alguna manera embrionaria e inconsciente en los problemas que él había planteado. Esa respuesta suya era el paso a una interpelación personal que, sin embargo, formaba parte de la misma filosofía que Pietro no ha dejado de reclamar: una filosofía vivida apasionadamente, en un diálogo que no sea una ficción cortesana entre personajes de opereta, sino un riesgo que debe asumirse con todas sus consecuencias. La conversación que estábamos grabando el día que ví a Circe fue luego el epilogo a la traducción española del libro (la versión italiana apareció como apéndice a L’individuo sociale). En ella se recoge, creo que con bastante fidelidad, el clima y las preocupaciones que entonces ocupaban el tiempo de cada conversación.

Para completar un perfil que el tiempo ha ido llenando de matices me falta aún un elemento esencial del apasionado mundo intelectual de Barcellona: el psicoanálisis. En la cultura española de los años sesenta y setenta hubo un sector (no tan minoritario) que tuvo la suerte de hacerse con una formación crítica muy poco sectaria: para decirlo rápidamente, yo pude leer al mismo tiempo, y sin enfrentarlos en ningún sentido, a Marx, a Niezlsche y a Freud. Y puede ser esa la razón de que no me resultara ni una novedad ni una rareza la aparición cada vez más frecuente en nuestras conversaciones de la perspectiva psicoanalítica. Fue Pietro quien me insistió en que leyera a Castoriadis -difundido también en España, pero fragmentariamente- de manera sistemática. Y hay un momento especialmente feliz en el que los pensamientos y las personas se unen en un recuerdo que ata todas estas cosas.

En los primeros días de febrero de 1994, Pietro Barcellona consigue la proeza de organizar en Roma un encuentro extraordinario bajo el título de La strategia democratica nella societo che cambio. En realidad, esa es una de sus pasiones irresistibles y que más gratitud merece: reunir gente, pensar juntos. En Roma estaba Castoriadis, que tuvo una intervención memorable en el aula de Montecitorio donde se celebraba aquel encuentro. El recuerdo a que aludía incluye a Pietro, Castoriadis, Juan Ramón Capella, José Antonio Estévez, una bella desconocida que acompañaba a Castoriadis y yo. Después de cenar fuimos a Piazza Navona (no conozco ningún español que frecuente Italia y que no sienta una predilección casi maniática por ese lugar) ¡a tomar un helado! Castoriadis, coronado con su gorro de piel a la rusa, entonó un aria de ópera que resonó en la noche como una proclama de felicidad, la misma felicidad que yo veía en los ojos de mi amigo siciliano.

Nos hemos visto muchas veces, pero nunca parecen las suficientes. La última vez fue en Siracusa, y en aquella ocasión coincidieron dos cosas que creo que completan esta imagen que yo tengo del mundo de Pietro Barcellona. En una galería de Ortigia, Pietro inaugura una exposición de pintura; había visto cuadros suyos de muchos años antes en el salón de su casa, pero ahora se trataba de algo completamente distinto. Al día siguiente, en el Teatro de Siracusa, veo Prometeo encadenado. La pintura y la tragedia, esas son las dos cosas que faltaban.

Lo trágico es un límite, y Pietro Barcellona ama los límites, no puede evitar acercarse hasta ellos para explorar más aún, más allá. En ese sentido, coincide con el sentido que para Barcellona tiene la filosofía. Filosofta y tragedia coinciden en el planteamiento de preguntas urgentes que sólo tienen sentido, paradójicamente, en la profundidad del tiempo, en la dimensión más arcaica de nuestra propia condición. Cada vez habla más de la tragedia. Y eso se comprueba en lo que pinta ahora: escenas de una frialdad que no puede dejar indiferente porque, al contrario, obliga a buscar la razón de que esos personajes que nunca se miran resulten tan inhumanos y tan familiares a nosotros mismos. La razón de ello reside en algo tan elemental como que Pietro los sitúa sobre el espacio del lienzo pero privándolos de toda dimensión temporal. Encuentro una continuidad muy clara entre esta pintura tan privada de la pasión más elemental (son cuadros que parecen autopsias, disecciones) y el timbre que tiene su voz hoy por hoy.

Sí, ahora Pietro Barcellona es, por fin, una voz. Una voz humana al teléfono que pregunta, cuenta. El tiempo me ha hecho entender que eso es lo mejor que me ha dado y me da el amigo. Nos conocemos bien en nuestra distancia: no tenía que resultar tan difícil, hablándonos de un sur a otro.

Hemos vivido cosas irrepetibles: una navidad vi cómo Pietro y Mariapina, su mujer, montaban el nacimiento en casa; y hemos guardado silencio en la casa de la playa mirando al Etna. Nos vamos a ver pronto, esta vez en España. Pero seguro que antes volvemos a hablar. Y también luego. Siempre.

Granada, septiembre de 2005

Pietro Barcellona Nacido en Catania en marzo de 1936 y fallecido en San Giovanni La Punta el 6 de septiembre de 2013, fue un profesor, filósofo, jurista, político, ensayista y pintor italiano. Fue profesor de Derecho Privado y Filosofía del Derecho en la Universidad de Catania. Licenciado en Derecho en 1959, en 1963 obtuvo el título de profesor de Derecho Civil en Messina. De 1976 a 1979 fue miembro del Consejo Superior de la Magistratura. Dirigió el Centro para la Reforma del Estado, fundada por Pietro Ingrao. En 1979 fue elegido diputado nacional en representación del Partido Comunista Italiano, y fue miembro del Comité de Justicia de la misma cámara hasta el año 1983. Perteneció al Consejo Superior de la Magistratura, el órgano de autogobierno del Poder Judicial italiano. Director de la publicación Democrazia e Diritto, fue el principal exponente de la corriente jurídica que en los años 70 propugnaba el “uso alternativo del derecho”.

Es autor de más de ochenta publicaciones. Algunas de ellas, en sus ediciones originales, son:

I soggetti e le norme, Giuffrè, 1984.
L’individualismo proprietario, Bollati Boringhieri, 1987.
Il ritorno del legame sociale, Bollati Boringhieri, 1990.
Dallo Stato sociale allo Stato immaginario. Critica della «Ragione funzionalista», Bollati Boringhieri, 1994.
Il declino dello Stato. Riflessioni di fine secolo sulla crisi del progetto moderno, Ed. Dedalo, 1998.
Quale politica per il Terzo millennio?, Ed. Dedalo, 2000.
L’individuo e la comunità, Edizioni Lavoro, 2000.
Le passioni negate. Globalismo e diritti umani, Città Aperta, 2001.
Le istituzioni del diritto privato contemporaneo, Jovene, 2002.
Critica della ragion laica, Città Aperta, 2006.
Diagnosi del presente, Bonanno, 2007.
La Parola perduta. Tra polis al cyberspazio, Ed. Dedalo, 2007.
L’epoca del postumano, Città Aperta, 2007.
La lotta tra diritto e giustizia, Marietti, 2008.
Il furto dell’anima. La narrazione post-umana, Ed. Dedalo, 2008.
L’ineludibile questione di Dio, Marietti, 2009.
L’oracolo di Delfi e L’isola delle capre, Marietti, 2009.
Elogio del discorso inutile. La parola gratuita, Ed. Dedalo, 2010.
Viaggio nel Bel Paese. Tra nostalgia e speranza, Città Aperta, 2010.
Incontro con Gesù, Marietti, 2010.
Declinazioni futuro/passato. Poesie, Prova d’autore, 2010.
Il sapere affettivo, Diabasis, 2011.
Il desiderio impossibile, Prova d’autore, 2011.
Passaggio d’epoca. L’Italia al tempo della crisi, Marietti, 2011.
La speranza contro la paura, Marietti, 2012.
Parolepotere, Castelvecchi, 2013.

Ediciones destacadas en castellano:

EL INDIVIDUALISMO PROPIETARIO. TROTTA, 1996. Barcellona enumera y analiza los nuevos desafíos políticos (nuevos sentidos de la alienación, efectos de la múltiple escisión de la identidad personal, imposibilidad de aprehender la propia experiencia como algo en lo que reconocerse) y proporciona las pistas para la construcción de una forma de vida social que no dé como r esultado el saldo del extrañamiento y la alienación. Se analiza asimismo la oposición poder constituyente/poder constituido, el problema de la «ciudadanía» o la constitución mutua de individuo e institución.

POSTMODERNIDAD Y COMUNIDAD: EL REGRESO DE LA VINCULACION SOCIAL. TROTTA, 1999. Una lúcida reflexión filosófico-política sobre los principales problemas éticos, sociales y políticos de la sociedad de finales de siglo. Mediante el análisis de los procesos de modernización de las sociedades capitalistas occidentales, el autor pretende responder, especialmente, a dos temas de actualidad: por un lado, a la apología del capitalismo tras el derrumbe de los regímenes del Este europeo, y, por otro, al presente impasse de la izquierda occidental, a sus dificultades en plantear un proyecto político-social alternativo.

Una de las grandes pasiones de Pietro Barcellona ​​fue la pintura, que comenzó a cultivar desde la edad de 20 años. Dos de sus obras están en exhibición permanente en el Museo dei Castelli Romani. Estas son algunas de sus exposiciones:

1997 – Galería Club de Arte en Catania, con un ensayo crítico por Manlio Sgalambro.
2001 – Galería Club de Arte, en Catania. Expone veinticuatro obras sobre el tema La ciudad de las mujeres, con texto de José Frazier.
2002 – Fondazione Luigi Di Sarro en Roma.
2002 – Galería Quadrifoglio de Siracusa.
2002 – Fundación Filiberto Menna de Salerno.
2003 – La Galería de Borgoña de Roma.
2004 – Museo dell’Infiorata Genzano.
2005 – Museo del Taller de Arte Contemporáneo, en Roma.
2011 – Las Chimeneas, Catania.