Olvidos de Granada n.º 9

Palabras para un tiempo de silencio

Editorial·

De todo hace casi treinta años, un espacio de tiempo más que suficiente para las voluntades personales y ajustado por lo que se refiere al ritmo de la historia. La década de los cincuenta, su cultura literaria, surge ante nosotros con la lejanía precisa, invitándonos a todos a discutir y aclarar conceptos. Los habitantes de aquel barco, los artífices de la insolente travesía, están en condiciones de contar tranquilamente verdades, mentiras y recuerdos, piadosos o no. Sus herederos, los que llegaron después o nacieron mientras ellos estaban de viaje, han alcanzado la mínima experiencia respetable, la edad que les permite saber exactamente lo que quieren preguntar.

Es pues, el momento de hablar. ¿Pero hay razones serias para llamar la atención sobre los años cincuenta y su literatura? Nosotros creemos que sí.

Con la cultura de posguerra española está pasando algo parecido a lo que ocurría en los viejos manuales de Historia con la Edad Media; hay demasiada prisa en decir que se trata de una época oscura entre dos periodos gloriosos. Fascinados por la evocación mítica de la cultura republicana y por la reciente alegría novísima, hoy se tiende a creer que en medio sólo hubo un molesto paréntesis, un tiempo de silencio. Sin embargo, los que juzgan un país únicamente por su forma de gobierno corren el peligro de ignorar lo más interesante de su cultura; es evidente que entonces nacieron palabras, gestos que no se han superado o caminos de los que somos deudores por sus consecuencias. Años de penitencia nacional para algunos, personas que nos devolvieron al mundo, experiencias que no deben perderse.

Por eso, desde el desconcierto actual, donde no hay puntos de clara referencia, es importante volver los ojos a aquel horizonte que formó, entre la voluntad y lo imposible, un panorama cultural específico. La reflexión en el campo de la cultura debe descansar en ese lugar exacto donde coinciden las iniciativas espontáneas y los proyectos de educación pública a largo plazo. Es necesario educar (es decir, sacar de la inercia) y alentar al mismo tiempo. Por eso, si entre los más jóvenes se está produciendo la recuperación de cierta ética cultural de los años cincuenta, parece oportuno reunir, estudiar objetivamente y ofrecer aquellas palabras nacidas para un tiempo de silencio.