Luna y artificio de Alejandro Gorafe

Joaquín Peña-Toro, Alejandro Gorafe, labores de artificio
«Me dedico a hacer que vuelvan a tener sentido los objetos que dejan de servir», así justificaba Alejandro Gorafe su trabajo en una entrevista de 1994. Con esa naturalidad construyó su camino de transformaciones inesperadas donde no pretendió devolver esos objetos a la vida útil, sino a una vida con sentido que es un estado superior de las cosas. Según este posicionamiento, que enuncia el propio Gorafe, se le puede considerar como artífice (en la acepción con la que se reivindica Guillermo Pérez Villalta: un autor más amplio que el artista) sin artificio, un artífice sincero. La clave siempre ha estado en su mirada al mundo y eso apareció con claridad en una de sus primeras exposiciones (Para que veas, de 1990) llena de gafas.
Alejandro Gorafe fue tomando las gafas del siglo XX para mirar, con la abundancia del pop, a los materiales desechables, plásticos y envases efímeros de colores saturados. Esa superproducción de formas troqueladas, maquinales, impolutas se ha tornado cálida en sus metamorfosis manuales que empleaban el disfraz del bricolaje para tamizar la seriedad de su mutación. El exceso, no sólo en la sobreoferta sino en el disparate formal de la exuberancia, lo encaminó al kitsch, en muchas ocasiones, con la alegría de un placer culpable.
Miró, con las gafas del minimal, la seriación y la repetición sin límite que solo pretendía entregar lo que ves, sin darle más vueltas. Y, sin embargo, quedaba añadida una vuelta de tuerca oculta, indetectable a simple vista, porque su abordaje no era directo, aunque pretendiera parecerlo.
Usó monturas con los cristales del surrealismo para encontrar aquello que los objetos querían ser en su vida secreta (daliniana). Al revelar su naturaleza onírica, los redimía de su cotidianeidad, liberando todo su potencial poético. Maquinaba estos cambios con la sorpresa de un cadáver exquisito, combinando significados previamente inconexos hasta producir el chispazo de sentido: «yo lo único que he hecho es aislar el objeto y combinarlo con otro», explicaba con cierta candidez que no restaba fuerza a sus hallazgos.
Más allá de lo surreal, Gorafe ha practicado el dadaísmo en su recolección de objetos fortuitos que nunca llegaron a cumplir la categoría de objetos encontrados, sino que permanecieron como ítems del departamento de objetos perdidos. En ellos, la razón poética hacía aparecer, por ejemplo, un frasco de perfume al revolucionar un alambre iluminado. Con esta obra, Clonaciones (que no puede contener el líquido para el que sería útil), aparecen ecos del Air de Paris duchampiano.
Tomó el disfraz científico en muchas ocasiones para cuestionar el prestigio de la taxonomía y alterar sus podios. Como los Becher o Juan del Junco, adoptó maneras de archivo, jugando con la apariencia científica para reclamar la superioridad de la estética como medida y orden de las cosas. Más adelante, la solidez de la ingeniería acompañó a su tratamiento de las mallas y las retículas. Produjo formas geodésicas con complejidad y armonía matemática muy precisa sin que eso restase la gracilidad o equilibrio, como si se tratase de un buen discípulo de Calder.
Formas muy diversas de comportamientos artísticos arman la práctica de Gorafe: performance, poesía visual, construcción escultórica… lo fundamental es el propósito poético, la voluntad artística subjetiva y, finalmente, compartida. Al ver su trabajo, existe la sensación de estar invadiendo un espacio privado, un taller cuyas piezas no tenían como primer destino a ser publicadas; como si este paso a lo público hubiera sucedido por la acumulación de objetos que demandan ser mostrados, justificados en su nuevo estatus.
En esta relación del artista con el mundo, una vez cribado por su manera de verlo, hay palabras que se reiteran para Alejandro Gorafe, en las que estaremos de acuerdo: su humanidad y su ternura (Eva Galán), ironía e inocencia (Ignacio Henares), ingenio y desenfado (José Carlos Rosales). Estas cualidades personales signan toda la obra de Gorafe con humor capaz de desarmarnos y bonhomía con la que ejerció como artista o en su faceta de activador de la cultura. Su desempeño en la sala Arrabal & Cia puede entenderse como una extensión de la tarea artística, generando una gestión desde el taller, desde el núcleo de la intuición creadora.
Su obra tiene sentido gracias al humor, la ironía y la retranca con la que establece la complicidad con el espectador. Una vez tendida esta base, interpretar las piezas de Gorafe resulta una tarea conjunta que nos permite acompañar al artífice en el momento de transportar el sentido de los objetos, desde la literalidad a la poesía. Esa habría sido, como diría en primera persona al titular una de sus piezas, Mi labor en el mundo.
Alejandro Gorafe ha recibido emotivos homenajes tras su desaparición: de sus compañeros en Arrabal & Cia o desde la feria Lateral que, en el Centro Cultural Comares, hizo a Gorafe protagonista de la edición 2025. También hemos podido ver exposiciones póstumas en el Ateneo de Málaga (Atrapavientos, febrero de 2025) o el proyecto inédito que estaba preparando con la comisaria Concha Hermano: Ferias.
Esta individual póstuma, Ferias, para el Centro de Estudios Lorquianos, resulta especialmente significativa por la vinculación de Gorafe con el Museo Casa Natal del poeta en Fuente Vaqueros durante treinta años. Las piezas están inspiradas en la suite de poemas homónima de Lorca (1921). Maruja Mallo dedicaría, al mismo tema y en la misma década, un conjunto de pintura del que el Reina Sofía conserva La verbena (1927). La serie, cómplice con el poeta, es descrita por la propia Mallo como «verbenas cósmicas de movimientos rotativos». Gorafe, por tanto, no solo sintoniza con Lorca sino, a través de él, también con Mallo. Opera una estrategia paralela a ambos: extrae elementos cotidianos propios de la fiesta para simultanear giros saturados en estructuras llenas de ternura.
Es el epílogo involuntario de una labor que, en su apariencia de disfrute sencillo, guarda un calado que espera confirmación. Lo adecuado, en este momento, sería reunir una colección amplia de todos los campos trabajados por Alejandro Gorafe en una exposición que dejara un catálogo rotundo para difundir su trabajo.
Siendo Gorafe un poeta visual y dada su vinculación artística (sumando piezas como El muchacho de los siete corazones de 1998) y vital con Lorca, no parece insensato proponer que esta retrospectiva, o una exposición de aspectos compartidos con el poeta, fuera programada por el Centro Lorca de Granada. Alejandro Gorafe estaría en el lugar que le corresponde.
Pablo Sycet, A la caza del arte
Editada como múltiple por la galería Sandunga justo cuando nuestro tiempo se abría a un nuevo siglo, ‘A la caza del arte’ llegó a mi vida para quedarse justamente cuando la vida de Alejandro estaba a punto de quebrarse, en noviembre de 2024, al intercambiarla por una obra mía para que su caza estuviera presente en la exposición ‘Paseo por el amor y la muerte’, inaugurada el día después de su inesperada partida para allá de dónde nunca se vuelve.

Aquel intercambio estuvo determinado por compartir durante décadas una enfermedad del espíritu que no tiene cura, y siempre nos acompañó como nuestra sombra: la titulitis crónica. Y, de hecho, ese gusto por cuidar los títulos me lo confirmó Alejandro durante un desayuno en Fuente Vaqueros, mientras me iba mostrando en su móvil muchas de sus obras título a título, entre confidencias sobre nuestras vidas, porque aunque nos conocíamos desde el pasado siglo, nunca habíamos disfrutado de tanta complicidad a la caza del arte.
Inma Puertas, Clonaciones de Alejandro Gorafe
Nos reunimos en casa de Ángela Galindo, Alejandro Gorafe, su pareja, la mía y yo misma, para ver las últimas creaciones de nuestra anfitriona. Una tarde de contemplación artística y mucha conversación, que propició la aparición de anécdotas e intrahistorias de cosas de la vida y, por supuesto, del arte.
En ese momento, ante un elogio por nuestra parte a la obra Clonaciones –propiedad de la Diputación de Granada–, Alejandro comenzó a desmenuzar cómo nació una de sus obras más sutiles y encantadoras. La obra se compone de dos partes muy bien diferenciadas, una son tres fotografías que muestran lo que, para mí, son tres frasquitos de perfume bañados de una luz dorada, como una presencia evanescente y, junto a las fotografías, en unas cajitas iluminadas internamente, unos motorcitos hacen rotar unas varillas de acero moldeadas que, en su eterno girar, crean la ilusión de un sólido que adopta la forma de los frasquitos fotografiados.
Esta ilusión óptica del movimiento nació, como muchas cosas importantes, de una curiosa historia que nos desgranó el propio Alejandro. Una tarde, allá por los 90, Pepe Arrabal se empeñó en asistir a una presentación de libros que se desarrollaba en el Hotel Luz, en la que ofrecían un reloj a modo de captación, se comprara o no. Alejandro acompañó a regañadientes a Pepe y, efectivamente, al finalizar el acto les ofrecieron elegir entre varios regalos, pero no un reloj. Entonces Alejandro escogió una «baticao», lo que ocasionó una pequeña discusión con su acompañante. La cuestión es que Alejandro se hizo portador del presente y empezó a hacerlo funcionar por la calle, como un niño juega con su última conquista. En uno de esos lances de encender y apagar el artilugio, la «baticao» se cae y se rompe: «castigo divino» pensaría Pepe. Pero lejos de esto, al intentar recomponerla, Alejandro se dio cuenta que modelando las varillas y al ejercer la fuerza motriz giratoria, estas creaban formas en el espacio. Aquel paseo y aquella tarde, en principio sin interés, culminó con el paso por el estudio y el comienzo de la formalización de Clonaciones, una de las obras más poéticas de Alejandro: aire, luz y tiempo la conforman.
Concha Hermano, Oda al POP-ART de Alejandro Gorafe
La obra “Publicidad solapada” de Alejandro Gorafe pertenece a la serie “Beber con los ojos”, título original que en este contexto sugiere algo similar a “darnos un atracón de arte con la mirada”. Alejandro concibe la serie como un homenaje a la costumbre española de quedar en un bar para tomar algo. Los bares son para él más que un punto de encuentro, son lugares donde el acto de beber es un ritual social.
“Es en los bares, esos lugares donde se reúne la gente, donde surgen los grandes proyectos, se conocen los amigos, se comparte la magia de un brindis, surge el amor y se fragua todo en esta vida, es un sitio de reunión donde la gente comulga. Es algo tan cotidiano que parece que no lo vemos, pero es de una importancia vital.”. Cada chapa representa una persona, sus gustos particulares, y la persona va dejando su rastro.
Esos pedacitos metálicos con los que antaño jugaban los niños en las calles, son los que Alejandro interviene y devuelve al público como objetos revalorizados. La serie es una crítica al materialismo y a la guerra de las marcas, pero por encima de este concepto, cada obra es un objeto que transmite unas emociones a través de la forma y del color.
“A mí me parecía muy atractiva la estética de las marcas, ya que mi obra siempre ha estado muy próxima al arte Pop”. Afirma.
Tras un proceso de tres años de búsqueda de miles de platillos, de limpiarlos, cortarlos y enderezarlos, comienza la transformación y el ensamblaje. Además de evocar el POP- ART, el efecto visual de estas obras de complicada realización y gran magnetismo está cerca de la abstracción geométrica y del arte cinético.
El ensamblaje de miles de chapas recortadas con precisión matemática, el diseño con variaciones del color y del metal, es una proeza, una prueba del poder fisicista y la creatividad sublime de este autor. Gorafe replantea la chapa y la reinventa con su lenguaje. Y lo dice: “La idea era utilizar las chapas como un elemento artístico para crear una obra visual, a veces arquitectónica, a veces como un mosaico, otras veces como un tejido”.
«Es casi arte post-industrial, como si lo hubiese hecho una máquina. Pero no. En este caso, la máquina he sido yo». Expresa.
Versatilidad y genialidad, dos virtudes propias de la obra de Alejandro. También ironía y humor, que en el fondo ocultan las claves de un sabio pensador capaz de transformar los objetos cotidianos en verdaderos y únicos objetos de arte.
Jesús Zurita, Jardincito
Recuerdo a Gorafe encajando cosas dispares. Recuerdo cómo explicaba algunas de sus obras, sin mayores ceremonias discursivas y siempre sonriendo: «-Me di cuenta de que esto encajaba con lo otro y… era verdad». Mirar su trabajo es dar fe de estos casamientos, encajes, acoples, engastados, machihembrados… tejidos que dan lugar a sus artefactos, los suyos específicos, que siempre entendí como una especie de «objeto-plazoleta», es decir, una cosa cuyas partes constituyentes se reúnen al encuentro solaz, sin objetivos funcionales, sin afán de dispositivo. Partes que se encuentran en la proximidad del barrio. En aquellos incipientes años 2000, mientras todo el mundo prefijaba con «ciber» indiscriminadamente, Alejandro Gorafe paseaba por Granada con un cierto espíritu Bruguera. Así lo recuerdo, apañando grietas con verdores imprevistos.
Carmelo Sánchez Muros, La mujer araña
A lo largo de mi vida, sabía de la existencia de varios tipos de artrópodos, más o menos venenosos. Había oído hablar de tarántulas, de arañas domésticas, que siempre nos hacen reparar en los rincones más olvidados de la casa; había visto magnificas arañas de cristal de Bohemia, pendiendo de suntuosos techos pintados, rodeadas de nubes y robustos angelotes, pero nunca había imaginado que pudiera existir una lámpara-araña de piernas femeninas.
Gorafe inventa, con su alucinante y descomunal imaginación, esta araña para que alucinemos en su contemplación, al transformar unos vulgares elementos (seis piernas de maniquí) en una propuesta, un ready made, que nos envuelve en una inexistente red, despertando nuestra admiración y erótica sonrisa socarrona de complicidad.
Así es que nos despierta un discurso interior sobre la superación del concepto de arte burgués, haciendo un guiño a Duchamp, Dadá, y tantas otras propuestas que él sabe resumir, con su indudable maestría, en esta obra concebida en 1997.
Se mostró públicamente en la Exposición «La utopía del tiempo», en el palacio de los Condes de Gabia en 1999, promovida por la Diputación Provincial de Granada.
José Vallejo, Alejandro Gorafe
Conocí a Alejandro de la mano de Juan de Loxa en los ya lejanos años 80. Aunque nuestro encuentro, ya indeleble, nació hacia 2004 con la exposición I·Conia que comisarió Julio Juste en Baeza. Allí, Alejandro intervino un óculo vacío de la sala, transformándolo en un rosetón catedralicio al aplicar un encaje de fornituras industriales provocando la ilusión de estar viendo una vidriera.
Al año siguiente pude encargarle una obra para la primera exposición de Acordes, en Dar al-Horra, cuyo concepto era la música o el sonido. Alejandro no titubeó y me dijo: vente al estudio –entonces en la Azucarera– y te llevas la pieza. Era la diadema de unos cascos para oír música, sin auriculares, que él sustituyó por dos caracolas de mar. El poema visual estaba hecho, solo faltaba un poco de arena de playa que se consiguió después.
En 2016 le pedí una nueva obra para Acordes III. Llegó a la sala con una gran pieza geométrica compuesta por cientos de Cds cosidos por bridas que jugaban con la luz, sus reverberaciones y el eco del sonido que albergaban. Sinestesia se llama esta obra realizada con materiales reciclados.
Fueron muchas las charlas, las reuniones con amigos comunes. Una noche, en casa de Ángela Galindo, nos contó cómo surgió la obra Clonaciones de 1997, pura genialidad de su particular proceso de creación. Alejandro, como escribió en relación con Música acuática, una de las piezas que preparó para Acordes I, permaneció siempre atento al «gran concierto»:
A través de unos auriculares y un par de caracolas, intento concentrar toda la atención hacia un gran concierto ¿Sin fin? Que es el mar.
Sergei Furst, Reflejos
Cuando me encontré por primera vez con la escultura de arriba pensé que Alejandro la había soldado y me pregunté, brevemente, si estaba loco. En mi mano puede verse el triste resultado de intentar soldar con TIG un alambre de acero delgado. Me llevó un poco de tiempo darme cuenta de que Alejandro Gorafe había llegado a lo anterior por un camino diferente: cortando una malla de alambre, del tipo que se usa para las conejeras. Dicho de otro modo: en lugar de seguir un proceso de adición como soldar, se trata de un proceso de sustracción, de corte. El proceso de adición sería, como he sugerido, casi imposible. Es, de hecho, el tipo de tarea que los dioses inventarían para castigarte. La pieza me recuerda de algún modo a la ilusión del pato y el conejo. Incorpora una ambigüedad, solo que esta ambigüedad no es la del «qué», sino la del «cómo». La ilusión surge le proceso, no de la interpretación de una imagen acabada. Alejandro era un ilusionista. De no haber sido artista, habría sido un mago de circo, sacando a cada instante conejos del interior de un sombrero. ¿Quién de nosotros, cuando lo vimos por última vez tras aquel muro de cristal, no esperaba el siguiente truco?
Alfonso Salazar, La manera de mirar el mundo
A finales de los años ochenta, recién salido del barrio, me interesaba la poesía, pero sobre todo, las otras maneras de la poesía. Por entonces bien veías la poesía visual en directo o tenías la fortuna de conseguir un catálogo, seres de papel mitológicos: la imagen era escasa, confinada. Había descubierto a Brossa, intuía la obra de Loxa, y, de pronto, me topé con Alejandro Gorafe.
Creo que fue primero en una exposición en Sureste, luego en la Escuela de Artes y oficios (así llamada entonces), hasta que, por fin, tuve la ocasión de conocerlo en persona en una efímera galería en Pedro Antonio de Alarcón, muy cerca de Alhamar, donde pude maravillarme ante el Homenaje a la Cenicienta, su Niño Jesús con 6 dios-trías o la Canción del muchacho de siete corazones. Poco tiempo después me invitó a participar en el proyecto 1ª Lectura poética en play back en la Galería Arte Directo. Fue en 1996. Por entonces comencé a elaborar mis propias piezas. Alejandro avanzaba en su lenguaje: había comenzado a trabajar en finas piezas de metal, miniaturas cotidianas entrelazadas, objetos de luz y aire… aunque nunca olvidó los objetos más cotidianos, aquellos en los que yo me sentía identificado como espectador y como creador. Por eso, su colección de gafas me fascina. Yo también colecciono gafas desde adolescente, preparadas para algún día poder convertirlas en algo digno de ser observado. La pieza que acompaña a este texto es eso: un homenaje a las gafas de Gorafe, a su manera de mirar el mundo.
Carmen Ocaña, Gorafe en Gorafe
Así tituló Alejandro la exposición objetual que el 20 de diciembre de 2001, se inauguró en una sala cultural del Ayuntamiento de Gorafe. Las obras expuestas, reflejaban la creatividad y expresiones basadas en una experiencia temprana que quedó grabada en su memoria, y que se convirtió en impulso y fuente de inspiración, que impregnaría toda una trayectoria, transformando sus recuerdos en sorprendentes conectivopatías, en imposibles e inclasificables obras de arte. Pues bien, ese texto -que por licencia mía he titulado «Cuento de Navidad»- fue incorporado al poster editado para la ocasión, «GORAFE EN GORAFE».
Al invitar Olvidos de Granada a amigos y artistas para tratar sobre su vida y su obra, -Gorafe surrealista, conceptual e inconformista, poético, metafórico, semántico, cinético e impresionista-, impresionista por lo que de impresionante tiene su obra, es interesante que el propio Alejandro nos cuente sobre sí mismo. De tal manera que a continuación se transcribirá el texto mencionado. Si en cuanto a la influencia ejercida y proyectada en su obra tuvo esa narración, no menos le marcó, -en el contexto emocional-, la relación con la familia paterna en las vacaciones estivales en Gorafe, un entorno rural de libertad, naturaleza y sencillez, de lunas y cielos estrellados que dejaron imborrables recuerdos, huella profunda en su forma de ser. Alejandro Gorafe valoró siempre las relaciones simples en lo cotidiano, pero exigente en provocadores desafíos. ¿Desafió Alejandro al tiempo en GORAFE EN GORAFE? No es metafórico. Ahora más que nunca.
Alejandro Gorafe, La luna de Gorafe
Un día de enero del año 1970, mandaron de la oficina de Correos un resguardo para retirar un paquete a mi nombre. Como yo era menor de edad, mi padre me acompañó y dijo: soy Manuel García Sánchez, el padre de este niño al que va dirigido el envío. El hombre de la ventanilla fue a por el paquete y, un poco desconfiado, me preguntó mi nombre y le dije: Alejandro. ¿Y qué más? García del Saz, contesté. «Este paquete viene de Estados Unidos , ¿sabes quién te lo manda?». «Pues no», repliqué. «¡Bueno, bueno!» se dirigió a mi padre: «Tendrá que rellenar Vd. este papel». Y así lo hizo.
Se trataba de un tubo de cartón que en su interior contenía el recortable de una nave espacial, y una felicitación navideña. Su remitente, se llamaba Fryxell, y trabajaba para la NASA en Cabo Cañaveral, lugar desde donde se lanzaban los cohetes espaciales con destino la Luna.
Al llegar a casa, entre mi padre y yo, nos dispusimos a montar la maqueta hecha a escala del módulo y la araña espacial. Yo recortaba las piezas con mucho cuidado, mientras él las iba pegando con esa paciencia y habilidad que le caracterizaba.
El resultado fue sorprendente, era un objeto extravagante, en blanco y negra, con su puertecita, sus escaleritas, el radar y unas patas para posarse sobre la superficie de nuestro satélite. Se trataba de una nave diseñada para transportar al primer hombre que puso el pie en la luna.
Recuerdo que, ese día, no me separé ni un sólo instante de aquel extraño juguete. La mesa camilla hacía la vez de satélite sobre la que alunizaba una y mil veces la nave dirigida por mí, muy despacito, porque, según decía mi padre, la superficie de la Luna es muy rocosa y un movimiento brusco podría romper alguna de las patas de la araña y las consecuencias en ese caso serían muy graves. El astronauta eran mis dos dedos que poco a poco bajarían las escaleritas, hasta tocar tímidamente la superficie de la mesa-luna.
A la mañana siguiente, llamaron a la puerta. Era un señor preguntando por Alejandro García del Saz, que llevaba una cámara de fotos … Me pidió que posara para hacerme un retrato. Era muy temprano, nos acabábamos de levantar… Recuerdo cómo mi madre intentaba aplacar un remolino rebelde que tenía en la coronilla, así que, después de hacerme las fotos, se marchó sin decir nada más.
El día después, de mañana, fui a por el IDEAL, como todos los días de vacaciones, pero cual no sería mi sorpresa cuando en una de las páginas vi mi foto publicada con un titular que decía: «¿Es éste el primer niño español seleccionado por la NASA para subir a la Luna?» y un texto hablando de mí. A partir de aquel mismo momento, todo cambió, mis amigos se encargaron de ir pasando la noticia de boca en boca, con lo que en poco tiempo cogí una popularidad fuera de lo corriente en el colegio y en el barrio. A los incrédulos, les enseñaba la prueba de fuego, llevándolos a mi casa para que comprobaran con sus propios ojos a través del anuncio del periódico y con la maqueta para que no hubiera la menor duda, que aquello era totalmente cierto. Sí, yo era un elegido, de la noche a la mariana, pero ¿cómo me seleccionaron, si yo no me había presentado a ningún tipo de pruebas? Desde hacía un par de años, más o menos, yo había empezado a coleccionar minerales, a raíz de unas excavaciones en la Cueva del Agua de Píñar, ya que los geólogos amigos de mi padre solían traerme de vez en cuando algún ejemplar de los que encontrabas por los alrededores del pueblo. Fue entonces cuando empecé a interesarme por la geología. Aprendí a diferenciar y catalogarlos según sus propiedades, etc … y así la colección fue cada vez más interesante.
Un verano, mi padre nos llevó a dos de mis hermanas, a mi madre y a mí, a un sitio que se llamaba «La Venta de los Arcos», cerca de Píñar, donde él continuaba las excavaciones del año anterior. Nosotros nos entreteníamos buscando piedras por los alrededores. Allí conocí a aquel señor Fryxell que estaba trabajando con mi padre en la cueva, buscando restos arqueológicos. Lo recuerdo como un hombre bastante inteligente y con la lengua de trapo, como yo decía. Mi padre y él se hicieron grandes amigos y, sobre todo, había una gran admiración del uno por el otro, ya que hablaban de las estrellas con el mismo lenguaje y conocimiento, que sentía un placer extraño al oírles cuando hablaban de estos temas.
Recuerdo que una tarde, ya en Granada, se presentó Fryxell en casa. Muy eufórico, deseaba enseñarle a mi padre algo que traía en una bolsa de tela, envuelto como un tesoro. Yo fui a curiosear lo que traía. Era algo absolutamente sorprendente, se trataba de una serie de piedras grises con brillo metálico muy raro que colocó sobre la mesa. Le pregunté que de qué minerales se trataba, mientras cogía una de ellas. Mi padre me dijo que la volviera a colocar donde estaba y me explicó este señor que eran muestras de la luna, que estaban estudiando su composición.
«¿Y cómo las tiene usted?». «Pues verás, es que resulta que yo trabajo para la NASA y las ha recogido un robot dirigido desde la Tierra por control remoto y a través de un cohete espacial, llegaron a nuestro planete, de manera que tienen un valor incalculable, ya que existen muy pocas».
Al año siguiente de Píñar, mis padres nos llevaron a pasar el verano a Gorafe. Nunca olvidaré los buenos ratos que pasamos allí. Hice muchos amigos, con los que aprendí a tirar piedras y jugábamos a ver quién alejaba más… (Amador, José el hijo del panadero, el otro Amador, Agustín, que lo he vuelto a ver ahora y vaya cambio, Fandila, este era algo más mayor, digamos que era el capitán, etc … ), eso sin contar a mi primo Jorge, el hijo de Moya y Josefa, o las hijas de Nicolás y Nicolasa, las de la tienda. Mi prima Susana era más pequeña, por lo que apena tuvimos roce en aquella época. También conocí a Loli Bustamante de la que yo estaba completamente enamorado, a Guada, cómo no, y por supuesto a mi amiga Belén, hoy la alcaldesa de Gorafe. Estos eran mis amigos, aunque había muchos más que este momento no logro recordar sus nombres, pero sí aquellos momentos de felicidad.
Por la mañana, solíamos visitar de vez en cuando a unos y otros familiares, mi tío Nicolás (pobre), y mi tía Asunción, ¡cuánto cariño me dieron! Cuando pienso en ellos, que ya no están, se me hace un nudo en la garganta, no sé si yo correspondí de alguna manera a tanto amor. Mis tíos Santiago y Rosa, a los que tanto les gustaba la lectura, mi tío por aquel entonces era el maestro, de lo que yo me sentía muy orgulloso. Mi tía, con esa dulce timidez, hizo muy bien en dedicarse a la pintura, a ver si con esta exposición, se anima de nuevo … ¡Ay Lolita! También la recuerdo de niña con aquel pelo rizado, de Mari Rosa, ¿qué puedo decir? siempre tan amable, siempre cerca de mi padre, con un interés tan especial por las conversaciones o, mejor dicho, por las clases de astronomía que él impartía por la carretera en las noches claras de verano. Manolín, ¡no cambies! Personajes como tú quedan pocos, tú representas la alternativa de todo este embrollo.
Todos tenemos una tita monja, pues la mía se llama Anita, y es especial, aparte de su gran inteligencia, va por delante de todo, con esa claridad de ideas y esa paz inmensa. Y luego están mis titos Antonio y Maruja, todavía no logro entender por qué les negaron la adopción de un hijo ¡cómo está el mundo! Cada vez que hablo con él, me parece estar viendo a mi padre, tan justo y honesto, y ella tan atenta ¡no vaya a faltarle nada a nadie! Y la veías ir desde el salón a la cocina una y mil veces. Sí, en resumidas cuentas, estos son algunos de mis recuerdos, mi infancia fue muy feliz, ya lo creo, por eso vuelvo de vez en cuando a ese punto de referencia que es Gorafe y veo que la gente de aquí, aún no me ha olvidado.
Un día, no hace mucho de esto, fui con mi tío Antonio a ver los almendros de mi padre en el llano, me llevó a un lugar que por un momento creí de otro mundo. En mi vida había visto nada parecido, era un paisaje desértico, donde alejabas la vista hacia el horizonte y no había ninguna referencia de nada creado por el hombre. Era como estar en la Luna. Nunca he podido quitarme de la cabeza aquella visión tan fantástica que de pronto se abrió ante mis ojos. No tengo palabras para describir tanta belleza.
Otro día en Granada, de esto hace ya más de diez años, en una de esas veces en las que quería mostrar a un recién conocido aquel famoso recorte de periódico, noté algo que no había observado antes. Resulta que de lo que hablaba el periódico en realidad era de un regalo de Reyes que aquel señor norteamericano me había mandado desde Estados Unidos, y como titular aparecía aquel texto con una interrogación final… En ese momento, regresó a mi mente todo el pasado, desde que tuve conciencia de lo que en realidad quería ser de mayor y, por supuesto, pude deducir que nada de lo que yo había pensado se haría realidad ¿qué ocurrió? Todo había sido un malentendido, un producto de mi imaginación, pero ¿qué había de verdad en todo esto? Me sentí por un momento engañado, algo así como cuando descubres que no existen los Reyes Magos, sólo que yo ya tenías unos veintiséis o veintisiete años. De manera que le expliqué a este colega que en realidad se trataba de una cariñosa broma de mi padre.
Desde el año 1979 hasta ahora, me he dedicado de lleno al mundo del arte, quizá esperando una carta desde Cabo Cañaveral o seguramente buscándome en cada obra que construía o tal vez creando un mundo en el que vivir a mi medida. Ahora he comprendido, con el paso de los años, que la Luna está en mi pensamiento, que yo siempre he formado parte de ella y que no he necesitado subir allí para conocerla, ya que estaba en el Gorafe de mi infancia, Gorafe como pueblo y como mi nombre indica.
Han sido muchas las voces que, a lo largo de cuarenta años, se han ido sumando a la trayectoria de Alejandro Gorafe, edificando ese peculiar mundo en que los objetos y las imágenes (los objetos y las imágenes de Alejandro) son retejidos en la trama de las palabras. Hemos querido recoger algunos fragmentos de esos textos, publicados en prensa y en catálogos de exposiciones, para recorrer de su mano aquel itinerario fecundo, poético y divertido. El primero, escrito por Juan de Loxa en 1983, se cierra celebrando la irrupción en la escena artística de Alejandro Gorafe como una «batalla de juventud» que Granada gana; el último, escrito por Carmen Ocaña este 2025, comienza afirmando que «Alejandro es ahora un bulanico». Sirvan para dar cuenta de la importancia que a lo largo del tiempo la obra de Alejandro fue ocupando en la vida cultural granadina. Y de la que tuvieron los afectos que hizo surgir, hasta el punto de incitar a su formulación en palabras, en los depositarios de esas voces.
Equipo Olvidos.Antología
El artista, que inició su andadura haciéndose íntimo enemigo de los ángeles que por las noches recogen cajas de cartón en Granada, robándoles materiales («Sin trampa y con cartón», 1980) cubrió posteriormente de cera la cartulina para catalogar colores como en el viejo anuncio de «Tintes iberia» («La otra cara», 1981)… y se adentra, por fin, en un laberíntico itinerario no de calles albaicineras, sino de cuerpos que se confunden, o funden, en una comunión consciente que se enreda en tramas que configuran gestos-sorpresa, sueños de dos en dos e inevitable, una amorosa crueldad, o ese itinerario del que solamente pueden alejarse los niños perdidos.
Si Alejandro Gorafe, llevándole la contraria a las revistas de modas, desobedeciendo el mandato, imponiéndonos su atrayente singularidad, ha conseguido asustar a los coleccionistas adoradores de Alice y B. Toklas, quiere decir que Granada acaba de ganar otra batalla de juventud.
Fue entonces cuando, con esa misma precisión que vemos en las manos de los prestidigitadores, fue disponiendo -una por una- sobre su mesa de trabajo una singular colección de gafas manipuladas. Algunas, extrañamente emparentadas con las arañas, exhibían cuatro patillas a cada lado y se las diría dispuestas a emprender una inminente huida. Otras parecían haber experimentado el calofrío de un erizo y ostentaban, supliendo los rutinarios cristales amenazantes y agudos alfileres dirigidos a los pacientes ojos del usuario faquir o masoquista. Las había montadas sobre cerraduras, mariposas, preservativos, galletas, brazos de muñeca, rejas, pequeños blocks en blanco, chupetes, tacones, copas …
Se trataba, en efecto, de objetos heterogéneos y en muchos casos delirantes, pero nunca (y esto debe quedar bien claro) escogidos al azar. Muy al contrario, cada elemento incorporado a unas determinadas gafas -sea grotesco, lírico, espeluznante o sórdido- pretende revelarnos una manera de ser, la posible identidad de quien pudiera usarlas.
Es obvio, pues, que Alejandro ha subvertido la función que las gafas poseían, a mi juicio, como máscara. Hemos sido, por lo tanto, descubiertos. Un Alejandro ligeramente burlón parecía recordárnoslo cuando, con aire más travieso o lúdico que moral, denominaba su última exposición de gafas manipuladas con el siguiente título: «Para que veas». Y bien que «vimos», bien; y bien que fuimos «vistos» en el momento en que, sin razón aparente, demoramos nuestro paso por la sala frente a cierto ejemplar de raros anteojos … De alguna manera, allí también estábamos nosotros. Nosotros y nuestros vicios, elevados a la categoría de obra de arte, en el «marco» -a todas luces inusual- de una montura de gafas.
Una pintura que tiene mucho de elemento objetual y que reúne las mejores condiciones para su aplicación al campo del diseño, tanto gráfico como escultórico o arquitectónico incluso. Si a ello unimos el carácter de divertimento que pueden encerrar estos cuadros, como una manera de rompecabezas donde buscar la figura que se nos oculta para desvelar su íntima tragedia y elevarla a otra dimensión diferente gracias al hallazgo de este arte, comprenderemos la complejidad matemática de las composiciones y la voluntad de metodización racional que se ha impuesto el pintor.
A medio camino entre la figuración y la abstracción, Alejandro Gorafe nos sitúa con su exposición en un territorio hasta ahora desconocido que por derecho propio le pertenece y que nosotros debemos esforzarnos en compartir.
Una de esas raras ocasiones en las que todavía podemos toparnos con algo «agresivamente nuevo», sorpresivo, original, e impactante -sin rozar la chabacanería, como, por desgracia, con demasiada frecuencia ocurre- es la muestra que el joven Alejandro Gorafe ha presentado en la Casa de los Tiros. Alejandro está empeñado en ser distinto, es decir, en ser él mismo. Para ello no ceja en su afán de expresar y expresarse con materiales, técnicas -y procedimientos inéditos, hasta el punto de identificarse temporalmente con ese arte, que no por «povero» o «efímero» es menos solemne y trascendente: antes fueron los cuadritos y las vidrieras, ahora son. las grapas y los plásticos, y luego serán las cerillas, las chinchetas, o los clips. Mientras a otros pintores jóvenes y sin dinero -se les seca la imaginación, Alejandro se aplica cada día con inusitado entusiasmo para sacar partido de aquellas mínimas cosas que la vida diaria le ofrece, y en las que nadie repara como posible material artístico.
En su taller de alquimista Alejandro Gorafe soñó incesantemente con un Albaicín desguazado y reconstruido sólidamente mediante grapas, aunque éstas no fuesen más que un trazo sutil, pero cierto, en el boceto y la mayor parte de las veces auténticas y doradas lañas para la entelequia. Con tal probidad -hasta donde humanamente pudo- en la composición de ritmos y acentos edificó el poeta inglés la ciudad de Xanadú, la ciudad que realmente existió y que a su vez fue diseñada en el mundo onírico, según nos cuenta Borges en El sueño de Coleridge. En las coordenadas de la constelación artística de Alejandro Gorafe una luminaria brilla con particular intensidad: el objeto. El objeto puro y nunca simple. Sus objetos han podido ser contemplados en sus exposiciones personales y colectivas, desde cojines y chaquetas en las que las grapas se ponen al servicio de los elementos más cotidianos, convertidos en misteriosos hermanos mayores del puzzle, hasta esa gran estructura -delgada y reptante suspendida en el aire mediante un entramado juego de hilos imperceptibles, la espina dorsal de un dinosaurio perfectamente dispuesta en el espacio, y que dibuja en nuestra mirada nada más verla el resto del voluminoso cuerpo, invisible pero no inexistente, por supuesto.
Este Alejandro Gorafe es incorregible: ¡Mira que empeñarse en hacer ver cuando la mayoría está empeñada en hacer la vista gorda! Desde hace un tiempo pasea sus gafas-símbolo sin conseguir ese aplauso que recibe junto a los rascacielos de otros lares ante los que gusta fotografiarse. A Gorafe le va lo grande, hecho a base de pequeñas cosas: sigue componiendo paisajes pop con etiquetas y con grapas, sigue uniendo girones de imposible disimulo, y sigue utilizando alfileres para montar un decorado de farándula, más significativo de lo que parece, porque en él decanta su ingenio y resume su discurso.
Este granadino enamorado del arte dice «me gustan los objetos tal como son, las personas tal como son…, no me gusta modificar la naturaleza porque cuando se hace es para ocultar algo». Tal vez ahí descanse una de las causas que justifiquen la fobia que este hombre tiene a las gafas. La primera, que dio origen a la colección fue la Gafaraña, una gafa con seis patas. Este modelo que ahora se exhibe en una galería parisina puede ser la esencia de los temores de su creador; por un lado la aversión que siente por las gafas y por otro el miedo que le dan las arañas sintetizan de forma magistral el horror que experimentaría si un buen día se despertara con ‘eso’ delante de su rostro. Detrás de cada ejemplar se esconde un personaje, una historia, o tal vez una vida, por lo que todas sin excepción, han sido elegidas con minuciosidad y sumo cuidado. Este hombre, fascinado por los objetos, con los que tiene mucho que decir, confiesa que nunca se dedicará a vivir de su arte porque «para caer en la comercialidad prefiero vender caramelos o chicle».
Yo presenté por primera vez una exposición del artista en 1987 y ya fue la impresión inicial la sorpresa, porque entre nosotros las consecuencias del pop y op-art o del conceptual han sido escasas y fundamentalmente difusas. De ahí lo excepcional de esta manipulación de la realidad cotidiana, hecha con la acuidad de un científico experimental, la destreza de un ingeniero y la sensibilidad de un poeta. La pasión por la cotidianeidad, por la preciosa labor de desciframiento de las profundas significaciones de sus objetos revive actitudes dadaístas y surrealistas. Los objets trouvés, los testimonios parlantes que la existencia va colocando ante la mirada vigilante del artista, se convierten en los principales signos a partir de los cuales crear una obra que es representación y metáfora de una realidad profundamente poetizada.
La actriz granadina Cruz de Espadafor, completamente desnuda y embadurnada de patés y frutas, protagonizó la noche del sábado la inauguración del ciclo Algo más que una mirada que la galería Espacio D’, de la localidad alpujarreña de Bubión dedicará a artistas granadinos durante esta temporada. La joven ofreció su cuerpo para servir el buffet- ya los asistentes a la inauguración, quienes recibían la comida de las manos de los autores de la exposición, María Angeles Agrela y Alejandro Gorafe. La muestra de Gorafe, titulada La aventura cotidiana 1l, presenta catorce obras que plasman el universo particular del artista, que utiliza como técnica la deformación de diversos objetos de consumo.
Se trata de una gramática de la expresión del objeto vulgar, cuya definición se logra a través de sus propios logros y no de una reglamentación a priori y cerrada de su casuística. Es la lógica del bricoleur, ese «para algo servirá», que hemos señalado más arriba, y no la del ingeniero, que planifica todos y cada uno de los pasos a dar.
Es en esa lógica difusa que parte del objeto para regresar al objeto, que afirma la cosa no por lo que denota, sino por sus implicaciones poéticas, en donde se encuentra la labor creadora de Gorafe. Una labor (en este mundo, diría él) de transmutación de lo vil y vulgar en algo que lo trasciende, y de paso, ilumina nuestro contacto con el mundo mismo. Un mundo poblado por cosas, que son desechos olvidados en un gran almacén de objetos perdidos esperando que alguien, por fin, los redima de su triste condición de insignificancia. Su labor es devolverles el sentido, mediante el humor y la metáfora. Pura greguería.
Esos papeles triturados, como el resto de los objetos cotidianos que habitan las obras de Alejandro Gorafe -canicas, piedras, pajillas, botones o lentejuelas-, son objetos en busca de autor; objetos generalmente solos y abandonados, objetos que buscan compañía, que desean perder su función primitiva, encontrar otro sitio; y colocados así, fuera de su contexto, llaman nuestra atención sobre sus posibilidades ignoradas y son un desafío, una invitación a la libertad y a la osadía. Parecen sugerirnos que si cualquier cosa puede estar en cualquier lugar, también nosotros podríamos estar en otro sitio. Y esa insinuación es lo más valioso de la muestra, una modesta insinuación y un íntimo convencimiento que ha encontrado un refugio en los esfuerzos de Alejandro Gorafe: en el ilustrativo Cómputo de visitantes de la Alhambra, en el risueño Niño Jesús con 6 Dios-trías, en la deconstrucción conceptual del Paisaje de Torres según Gorafe, o en el humor de las gafas imposibles, podemos ver las huellas de ese convencimiento, de ese afán.
Pues Alejandro Gorafe desarrollaba ya durante los ochenta en esta ciudad una exquisita «mise en scène» de su impecable concepto de la idea creadora y la llevaba hasta sus últimas consecuencias, cuando aún no se había generalizado entre nosotros el concepto de instalación, la idea de la descontextualización objetual y matérica, ni ese tierno y a la vez despiadado, lucidísimo, criticismo social que es la base de una obra que, entre la pintura y la escultura, derriba moldes y fronteras entre cualquier suerte de disciplina artística usual y busca en los más insospechados objetos y elementos, partes o totalidades en sí mismos de una realidad que nos rodea y que son testigos y actores, por supuesto de nuestra propia vida, la magia de lo existente, el significado oculto –para casi todos– de cada pieza, cada objeto singular, cada materia natural o manufacturada que en las manos de Alejandro Gorafe, como por arte de magia, se convierten en monumentales configuraciones dotadas de vida propia, de una vida subyacente a la mera apariencia de la realidad, a través de ese amor por las cosas y la vida que es esencial a la incansable actividad artística de Alejandro, a través de su auténtica pasión creadora, a través de una absolutamente inusual inteligencia que ve de verdad a través de cualquier objeto, a través de cada segundo de vida.
En ese juego colectivo que plantea Gorafe, vecinos, amigos y conocidos le ayudan proporcionándole material para sus obras. En este caso pinzas, el elemento protagonista en ‘Ironía y artificio’. «Luego se alegran cuando ven que han aportado algo en la obra de arte», asegura Gorafe. Paradojas, contradicciones, originalidad, a veces impertinencia, de lo que se trata es de reunir elementos sin conexión aparente pero que al juntarlos crean una nueva historia. Ocurre con ‘Erizo’, una papelera de las de toda la vida a la que se le han incorporado pinzas de madera que la hacen parecer un erizo.
(…) Gorafe se lo pasa muy bien haciendo arte y esta actitud se refleja en todo lo que crea. «Quiero que la gente sepa que también lo pueden pasar bien viendo arte, e incluso les animo a hacer arte de este tipo, con pocos medios, que no necesita maquinaria ni un estudio, me gusta que el arte sea asequible a todo el mundo».
Sin embargo el silencio de esas rítmicas escaleras (o ventanas) de malla es algo más que silencio. De algún modo esas mallas manipuladas y torcidas, troceadas, rotas o separadas, son una especie de pentagrama, una partitura sutil donde podría escucharse la pulsión de un deseo, el afán de una búsqueda que ya no se contenta con los viejos perfiles del mundo. Los alambres y los muelles de Gorafe son un esqueleto, lo único que queda cuando se acaba el tiempo.
Piezas que surgen del reciclaje, recurso habitual en la trayectoria artística de Alejandro Gorafe y que por obra y gracia de su privilegiada visión creativa, logra la feliz transgresión reconocible en su humilde funcionalidad, a la obra de arte. De la masa férrea a la forma recreada con vocación de volar y también con vocación de crecer.
A lo largo de estos años, al artista granadino lo hemos visto manipular los elementos extraídos de lo más cotidiano — pinzas de tender, muelles de colchón, tablas de lavar, platillos de botellas, éste sempiterno elemento en su producción, y todo aquello susceptible de marcar unas rutas de jocosa, festiva, pero rigurosa y trascendente manifestación.
Pero la obra de Alejandro Gorafe no se reduce a una específica y sistemática utilización de una poderosa plástica conformante. Su obra, una vez que ha deslumbrado por su absoluta potestad material, plantea un mágico episodio de circunstancias estéticas que dejan entrever las infinitas posibilidades de una obra muy bien estructurada conceptualmente y difundida rigurosamente en un compendio absoluto de suprema emotividad artística. El autor hace que los elementos patrocinen una nueva dimensión, les concede una entidad superior haciéndolos transitar por unas vías significativas emocionantes, novedosas, con una gran carga de compromiso conceptual de índole social y plástica.
Ahora, 17 años después, en plena madurez artística y creativa, ‘Gorafe’ regresa con una exposición de su última obra. La diputada provincial de Cultura y Memoria Histórica y Democrática, Fátima Gómez, ha señalado durante la presentación que ‘El silencio de los objetos’ es «un nuevo reto para Alejandro ‘Gorafe’, con un hilo conductor que es el metal como elemento vinculante, mediante el cual nos quiere representar el vacío y la nada, lo tangible y lo intangible, lo visible y lo invisible».
El propio Alejandro ‘Gorafe’ ha manifestado que regresar a Condes de Gabia le ha supuesto «una emoción impresionante y mucho nerviosismo, porque me he reencontrado con muchos amigos de entonces y con otros nuevos que han apoyado este nuevo proyecto». ‘Gorafe’ ha reconocido asimismo que su obra ha evolucionado bastante durante estos 17 años, «porque he suprimido los títulos, que antes eran el cincuenta por ciento del mensaje de la obra, y muchos elementos compositivos para quedarme solo con la esencia, hasta llegar al borde del vacío y del abismo».
En otro sentido, la visión escéptica de Alejandro Gorafe hacia el mercado del arte, amplía la valoración de artistas y amigos admiradores de su obra, mientras la crítica sigue las intervenciones del autor para alabar su extraordinaria capacidad de idear y de ejecutar ideas. Otro ensamblaje, acerca de su visión crítica del arte como producto en La Edad de los Metales: una colección de chapas olvidadas dentro de sobres de numismática, habla de la repetición y la obsesión del coleccionismo, también señera en una pequeña vitrina portadora de los fósiles del siglo XX, unas pequeñas escultura-objeto, en forma de ammonites, creadas con latas de refresco que hacen un guiño al POP-ART.
Incorporar a los objetos las situaciones acumuladas en su periplo, incorporar, en suma, lo que los objetos tienen de cosa, es entonces otro modo de añadirles espesor, de expandirlos. ¿Y qué es Canto a la familia sino un objeto literalmente crecido, que incorpora materialmente un entramado de relaciones que ha tomado de su carácter de cosa? ¿O, mejor aún, que se sitúa en la fisura precisa entre el objeto y la cosa? Una olla usada, sin duda la reliquia de un mundo, el del hogar, se metamorfosea aquí hasta volver forma visible la multiplicidad de manos que debió asirla. Un aura solidificada, podría decirse. O, incluso, de modo más cursi, podría decirse que se instaura así un mundo: el del hogar. Todo ello, claro, si no fuera porque esas asas múltiples oscilan entre el recuerdo acumulado del uso y la protuberancia aberrante. Si esa olla crecida configura una imagen de la memoria y de la multiplicidad, no es al mismo tiempo menos irónica. ¿No habrá habido demasiado glotones o demasiadas manos intentando meterse en el cazo?
La idea de «atrapar el viento» sugiere un juego quimérico, una ilusión, una paradoja literal entre el verbo atrapar, que significa aprisionar-privar de libertad a alguien o algo- y el fenómeno atmosférico del viento que acentúa lo inaprensible. En el contexto artístico -atrapar el viento- es una misión imposible, una escena figuradamente ficticia materializada en sugerentes formas abstractas, geometrías de levedad y de gracia, patrimonio del universo gorafeño.
Alejandro es ahora bulanico -palabra muy granadina-, que es fruto del chopo de Fuente Vaqueros y que danza en el viento. El vuelo de estos algodoncillos no es más que una estrategia de dispersión y fecundación que tiene la naturaleza. Así encontramos a Gorafe en el viento, atrapado y libre, visible e invisible, mostrando en equilibrio, el vuelo de una mariposa en la punta de su dedo -es esta obra-, o haciendo surgir de un caracol de mar marmórea mano. Existe esa obra. De la inverosimilitud o rareza, bulanicos en la cabeza, convertidos también en obra de arte y en fanal protegida y presentada.
Alejandro Gorafe
(Granada, 1962-2024)
Alejandro García del Saz, conocido artísticamente como Alejandro Gorafe, realiza estudios de pintura y dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. En 1979 en la misma escuela cursa un taller de grabado dirigido por Julio Espadafor. Alejandro Gorafe destaca en la plástica del arte objetual, disciplina de la que es autodidacta y figura reconocida en el ámbito global. Su primera exposición en 1980 marca el comienzo de una continua trayectoria de exposiciones colectivas e individuales a nivel nacional e internacional.
También ha participado en Ferias de Arte como: ARCO’Madrid; (Madrid). Feria Internacional de Arte Contemporáneo Foro Sur, (Cáceres). Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Chicago, (EEUU). Arte + Sur, Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Andalucía, Armilla, (Granada). IV Feria Internacional de Libros Objeto. (Saint Yrieux), Francia. Arte Santander, (Santander). Art. Valencia, (Valencia). Estampa, (Madrid). En 2025 la feria LATERAL en Granada le brinda un homenaje.
Ha colaborado como asesor, diseñador y montador de exposiciones históricas de la Diputación de Granada, como la organizada en homenaje a Manuel de Falla. «Los Tientos 23-24», en el Palacio de Los Condes de Gabia. Granada.
Su obra está presente en colecciones particulares y públicas de ámbito internacional. Alejandro Gorafe ha ilustrado libros y revistas y ha prestado atención al diseño gráfico y a otros medios de expresión artística como la performance, el vídeo-performance, y, el video arte. Desde 1986, es diseñador y montador de exposiciones del Museo Casa Natal de Federico García Lorca, en Fuente Vaqueros, Granada. Ha sido Presidente de la Asociación Cultural Arrabal & Cía., espacio artístico fundado en el año 2005 junto a José Arrabal, en Granada.
Exposiciones individuales
- 2025 «Ferias, estructuras inspiradas en el poemario de Federico García Lorca». Centro de Estudios Lorquianos. Fuente Vaqueros. Diputación de Granada. Granada.
- 2025 «Atrapavientos». Antesala del Ateneo de Málaga. Málaga.
- 2024 «1984». Asociación Cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2023 «A mi manera». Corrala de Santiago. Universidad de Granada. Granada.
- 2022 «Proyecto Aracne 3ª Parte». Museo Provincial de arte contemporáneo de Jaén. Jaén.
- 2021 «Feria Astral». La Empírica. Granada.
- 2020 «Aracne». Instalación. Centro de Interpretación del Megalitismo de Gorafe. Granada.
- 2019 «El alma de los Objetos». Fundación Antonio Pérez. Cuenca.
- 2018 «Espejismos, nada es lo que parece». Asociación Cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2016 «El silencio de los objetos». Palacio de los Condes de Gabia. Diputación de Granada.
- 2013 «De la ironía sugerida a la invención visible». Centro Cultural Damián Bayón. Santa Fe. Granada.
- 2012 «Las transformaciones de Gorafe». Anticuario Ruiz Linares. Granada.
- 2011 «Lorca. La clave está en Cuba». Museo Casa Natal de Federico García Lorca. Fuente Vaqueros. Granada.
- 2010 «Poeta en New York». Museo Casa Natal de Federico García Lorca. Fuente Vaqueros. Granada.
- 2008 «Lorca 111, el corazón del tiempo». Museo Casa Natal de Federico García Lorca. Fuente Vaqueros. Granada.
- 2007 «Juegos de Artificio». Galería Sandunga. Granada.
- 2006 «ReciclARTE». Sala de exposiciones del Rey Chico. Ayuntamiento de Granada.
- 2005 «Ironía y Artificio». Galería Sandunga. Granada.
- 2001 «Lo que hay que ver». Galería Sandunga. Granada.
- 2001 «El Lenguaje de las Cosas». Galería Félix Gómez. Morería. Sevilla.
- 2001 «La Edad de los Metales». Galería Félix Gómez. Castellar. Sevilla.
- 1999 «La Utopía de lo Cotidiano». Palacio de los Condes de Gabia. Diputación Provincial de Granada. Granada.
- 1999 «Gorafe en Gorafe». Cuevas de alojamiento rural del Ayuntamiento de Gorafe. Granada.
- 1996 «Las video-performance de A. Gorafe». Escuela de Arte de Granada.
- 1995 «La aventura cotidiana II». Galería Espacio D. Bubión. Granada.
- 1994 «Las Transformaciones de A. Gorafe». Galería Espacio D. Bubión. Granada.
- 1994 «Para que veas y las Trasformaciones de A. Gorafe». Círculo de Bellas Artes. Madrid.
- 1993 «La Aventura cotidiana». Galería Consisa Alarcón. Granada.
- 1990 «Para que veas». Galería Sureste. Granada.
- 1983 «Grapados». Museo Casa de los Tiros Granada.
- 1982 «Fragmentos del Albaycín». Caja de Ahorros de Antequera. Málaga.
- 1981 «Iré a San Nicolás». Biblioteca pública del Albaycín. Granada.
- 1981 «La otra cera». Galería Avellano. Granada.
- 1980 «Elogio del color». Museo Casa de los Tiros. Granada.
- 1980 «Sin trampa ni cartón». Tienda de cómics Zimba. Granada.
Exposiciones colectivas
- 2024/25 «El Rey Midas». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2023/24 «Oníricos». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2022/23 «Eros es más». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2021/22 «La Calle». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2022 «Ver la música, escuchar el arte». Mori’s Lab Club. Granada.
- 2022 Feria de arte contemporáneo. Jaén.
- 2021 «A Miguel Hernández. Creación contemporánea. III/I. Perito en Lunas». Museo Miguel Hernández. Josefina Manresa. Quesada. Jaén. Itinerante.
- 2020 «Antónimos». Arrabal & Cía. Granada.
- 2019 «Retratos sobre cinco mamíferos y un invitado». Galería Arrabal & Cía. Granada.
- 2019 «El legado Andalusí», una propuesta plástica. Casa Zafra. Granada.
- 2018 «Mirar sin ser visto». Galería Arrabal & Cía. Granada.
- 2017 «Obras de Cajón». Galería Arrabal & Cía. Granada.
- 2016 «Azul, más allá del color». Homenaje a Rubén Darío. Monasterio de Santo Tomás. Ávila.
- 2016 «Acordes. III». 25 Aniversario de la Orquesta Ciudad de Granada. Caja Granada. Sala Puerta Real. Fundación Caja Granada. Granada.
- 2015 «Lumigramas». Proyección- performance. Colegio de Arquitectos de Ávila. Ávila.
- 2015 «Unidos por la diversidad». Asociación cultural Arrabal y Cía. Granada.
- 2014 «Mensajes en botella». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2014 «Unidos por la diversidad». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2014 «La vida es una vuelta». Lumigramas. Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada. Bárbara Pflanz Alfonso Alcalá, Thomas busse, Susana Manjoc.
- 2013 «Tinta plana». Casa Molino de Ángel Ganivet. Granada.
- 2013 «Las miradas del arte». Centro Cultural Gran Capitán. Granada.
- 2013 «Objetos de Arte». Palacio de los Patos. Granada.
- 2012 «Una obra, un artista». Ayuntamiento de Granada. Granada.
- 2012 «Granada, ciudad gráfica original». Museo Casa de los Tiros. Granada.
- 2011 «Esto no es un vestido». Dal Bat. Granada.
- 2010 «La poesía más viva». Biblioteca de Extremadura. Badajoz.
- 2010 «La poesía más viva». Escuela de Arte de Mérida. Badajoz.
- 2010 «La poesía más viva». Bienal de poesía visual en Sestao. Bilbao.
- 2009 «La trama invisible de las cosas». Museo Casa de los Tiros. Granada.
- 2009 «Los cazadores de sueños». Hospital Real. Universidad de Granada. Granada.
- 2009 «La poesía más viva». Arrabal & Cía. Granada.
- 2008 ARCO ’08. Galería Sandunga. Madrid.
- 2007 ARCO ’07. Galería Sandunga. Madrid.
- 2007 «Encuentro solar». Parque de las Ciencias. Granada.
- 2006 «Los colores de la tierra». Colegio de Arquitectos de Granada. Granada.
- 2006 «Encuentros». Asociación cultural Arrabal & Cía. Granada.
- 2006 «Encuentros». Palacio de Dar-Al-Horra. Granada.
- 2006 Valencia Art. Galería Sandunga. Valencia.
- 2006 «Esculturas». Galería Arrabal & Cía. Granada.
- 2005 Arco 2005. Galería Sandunga. Madrid.
- 2005 Arte Santander 2005. Galería Sandunga. Santander.
- 2005 Valencia Art 2005. Galería Sandunga. Valencia.
- 2005 Estampa 2005. Madrid.
- 2005 «Acordes». Palacio Dar-Al-Horra. Granada.
- 2004 «Iconia». Universidad Internacional de verano de Baeza. Jaén.
- 2004 «Ensalada de Bombillas». Galería Blanca Soto. Madrid.
- 2004 Arco 2004, Incineración. Proyección de Vídeo performance. Madrid.
- 2003 Arco 2003. Galería Sandunga. Madrid.
- 2001 Arco 2001. Galería Sandunga. Madrid.
- 2001 Hotel y Arte. Hotel Inglaterra. Sevilla.
- 2001 «Donde la ciudad pierde su Nombre». Galería Sandunga. Granada.
- 2001 Arte Contemporáneo – Adquisiciones 2002. Ayuntamiento de Granada.
- 2001 «Granada de Fondo». Centro de Arte José Guerrero. Diputación de Granada.
- 2001 «Res Fascinaus». Universidad de Granada. Corrala de Santiago, Granada.
- 2001 «Cien x Cien». Galería Almirante. Madrid.
- 2001 Foro Sur. Galería Fúcares. Cáceres.
- 2001 Chicago Art. Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Chicago. EEUU.
- 2001 Foro Sur. Galería Sandunga. Granada.
- 2001 «La distancia y otros mundos». Galería Rafael Ortiz. Sevilla.
- 2001 Hotel y Arte. Pabellón de las Artes. Sevilla.
- 2001 «Los Caminos de Eros». La General (San Antón). Granada.
- 2000 Art à l´Hôtel. Hotel Inglés. Valencia.
- 2000 Hotel y Arte. Hotel Inglaterra. Sevilla.
- 2000 «Puntos de Vista». Galería Sandunga. Granada.
- 2000 «Relaciones Púbicas». Galería Félix Gómez. Sevilla.
- 2000 «Panorama 3». Centro artístico Literario y Científico de Granada.
- 2000 «Instalaciones de Luces». Galería La Quimera. Alfacar. Granada.
- 2000 Ayuda en Acción. Centro Cultural Gran Capitán. Granada.
- 2000 «Granada es Arte». Casa de la Cultura. Ayuntamiento de Maracena. Granada.
- 1999 «Antología de Arte Contemporáneo para el Sahara». Palacio de Bibataubín. Granada.
- 1999 Arte + Sur. Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Andalucía. Armilla. Granada.
- 1999 «Composiciones para Federico García Lorca». Sala de exposiciones La General. Granada.
- 1999 Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Sevilla y Museo Provincial de Murcia.
- 1999 «Artistas por Centroamérica». Sala de Arte Hotel Meliá. Granada.
- 1999 «Granada de Fondo». Palacio de los Condes de Gabia. Diputación Provincial de Granada. Granada.
- 1999 «Ahora y Aquí». Galería Carmen de la Calle. Jerez, Cádiz.
- 1998 «Una Tirada de Dados». Galería El Buen Gobierno. Granada.
- 1998 «Ciento y…postalicas a Federico García Lorca». Museo Postal y Telegráfico de Madrid.
- 1997 «Impresiones». Escuela de Artes de Granada. Granada.
- 1997 «Homenaje de los artistas granadinos a Antonio Moscoso». Fundación Rodríguez Acosta. Granada.
- 1997 Ayuda en Acción II. Palacio de la Madraza. Granada.
- 1997 «Gráfica Contemporánea». Galería Sandunga. Granada.
- 1997 «Al Aire de Granada». Galería Sandunga. Granada.
- 1997 «La magia del reciclaje». Parque de las Ciencias. Granada.
- 1997 «In CINEración». Galería Sandunga. Granada.
- 1997 «En Granada con color». Centro cultural Gran Capitán. Granada.
- 1996 «Colores de Granada». Fundación Rodríguez-Acosta. Granada.
- 1996 «IV Artistas del Sur». Galería Tintorera, Javea. Alicante.
- 1996 «Mercado del Arte». Galería Cartel. Granada.
- 1996 Ayuda en Acción. Palacio de la Madraza. Granada.
- 1995 IV Feria Internacional de Libros Objeto. Saint Yrieux. Francia.
- 1995 «Las Horas Pintadas». Galería Jesús Puerto. Granada.
- 1995 «Las Rutas de Al-Andalus». Museo de la Ciudad. Madrid.
- 1994 «Al Hilo del Arte». Galería Espacio D’, Bubión, Granada.
- 1994 «Al Hilo del Arte II». Escuela de Artes Aplicadas y Diseño de San Telmo. Málaga.
- 1994 «Días de Aire». Palacio de los Condes de Gabia, Granada. Itinerante.
- 1993 «Libros Objeto». Galería Café Lisboa, Madrid.
- 1993 «Las Rutas de Al-Andalus». Fundación Rodríguez-Acosta. Granada.
- 1992 «Granada ante el 92». Universidad de Granada.
- 1992 Colectiva en la Galería Verlín. Granada.
- 1991 «Muestra de Poesía Visual». Biblioteca Pública de Oviedo. Asturias.
- 1991 Escultura Galería Verlín. Granada.
- 1990 Bienal de Almería. Sala de Arte Eayoa. Almería.
- 1989 «Pintores en Granada». Galería Sureste. Granada.
- 1988 «Poética del Recuerdo». Palacio de los Condes de Gabia. Granada.
- 1988 «Esculturas al Aire». Museo Casa de los Tiros. Granada.
- 1988 «Colectiva de Esculturas». Galería Manuela Vílchez. Marbella, Málaga.
- 1988 Arco’88. Galería Laguada. Madrid.
- 1988 «Gran-Arte». Centro Cultural Lavapiés. Madrid.
- 1988 «Gran-Arte II». El Local. Granada.
- 1988 «Pop Art». Galería D’ Poche 1900-2000. París.
- 1988 «Pintura y Esculturas». Galería Espacio abierto, Granada.
- 1987 «Ocho Pintores de tres Generaciones». Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa. San Sebastián.
- 1987 «VIII Aniversario de la Galería Laguada». Granada.
- 1987 «Algunas formas de expresión plástica II». Centro Artístico y Literario de Granada.
- 1987 «Pintura y Escultura». Galería Laguada. Granada.
- 1987 «Ocho pintores contemporáneos». La General. Granada.
- 1987 «Más viernes culturales». Asociación de Vecinos del Zaidín. Granada.
- 1986 «I Muestra del libro objeto». Galería La Máquina Española. Sevilla.
- 1986 III Muestra de Arte Actual. Itinerante por la provincia de Granada.
- 1986 «Algunas Formas de Expresión Plástica». Centro Artístico y Literario. Granada.
- 1986 «Días de Aire». Palacio de los Condes de Gabia. Granada.
- 1985 III Muestra de Arte Actual. Palacio de los Condes de Gabia. Granada.
- 1984 «Espacio Público». Merca 80, Granada.
- 1984 «Exposición de Paneles Murales». Itinerante por la provincia de Granada.
- 1984 «II Muestra de Arte Actual». Palacio de los Condes de Gabia. Granada.
- 1984 «Artistas por La Paz». Posada del Potro. Córdoba.
- 1984 «Ocho de Octubre». Club Larra. Granada.
- 1983 «Fondos». Galería Al-Andalus. Granada.
- 1983 Colectiva de Pintores Granadinos. Galería Laguada. Granada.
- 1982 «Premio Ciudad de Granada II». Palacio Bibataubín. Granada.
- 1982 «Experimental III». Sala Parpalló. Valencia.
- 1981 «Premio Ciudad de Granada I». Centro Cultural Manuel de Falla. Granada.
Performances
- 2003 «Trabajo de chinos». Galería Sandunga. Granada.
- 2003 «InCINEracion. Performance-proyección». Galería Sandunga. Granada.
- 2003 Proyección del video performance. Trabajo de chinos. Galería Sandunga. Granada.
- 2001 «A la caza del arte». Club de arqueros de la Alambra. Granada.
- 2000 «Presentación del nuevo formato de la revista Poesía 70». Pub Planta Baja. Granada.
- 1999 «Me gusta el Swing». Palacio de los Condes de Gabia. Diputación Granada.
- 1996 «1ª Lectura poética en play back». Galería Arte Directo. Granada.
- 1996 «Pedigüeño de alto standing». Calle Zacatín. Granada.
- 1996 «Performance de clausura». Teatro Alambra. Granada.
- 1993 «Homenaje a la Cenicienta». Galería Consisa Alarcón. Granada.
- 1993 «Con vistas al verano». Centro Cultural Gran Capitán. Granada.
- 1993 «Grandes rebajas». Galería Espacio’D. Bubión. Granada.
- 1992 «Penitentación». La Industrial Copera. Granada.
- 1989 «Las piedras asadas». Plaza de Bibrambla. Granada.
Fotografías de Baldomero Santander
Este trabajo ha sido posible gracias a todas las personas que colaboran en esta Pieza y a Sara García del Saz, Baldomero Santander y Joaquín Puga. Y a Gabriel Cabello, propulsor de la idea y coordinador de la Pieza.













