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Piezas y Procesos

La bolsa o la vida

Carmen Sigler·
La bolsa o la vida

Carmen Sigler

La bolsa o la vida es el título que reúne una serie de piezas, -vídeos, dibujos, fotografías- que abordan el conflicto entre el capital y la sostenibilidad de la vida.

Determinados cambios sociales, económicos, políticos y demográficos sucedidos en las últimas décadas  han desvelado la importancia que tiene para la economía lo que ocurre dentro de los hogares, poniendo de manifiesto la fragilidad del equilibrio-separación entre ámbito público y privado sobre el que descansa la economía capitalista, provocando la crisis de los cuidados.

La economía reconocida y valorada como real ha dependido históricamente de un trabajo invisible, gratuito y supuestamente altruista impuesto a las mujeres en la sombra de los hogares y las familias. La relegación social, cultural y física de las mujeres a esta esfera ha resultado imprescindible para garantizar la supervivencia y reproducción del sistema económico. La crisis de los cuidados ofrece una valiosa oportunidad para poner de manifiesto por un lado la importancia del cuidado y la reproducción como motor invisible de la economía y, por el otro, la opresión de género inherente a esta relación parasitaria entre ambas esferas.

En la serie de dibujos Billetes, he utilizado como base la imagen de los billetes de euros, de 5, de 10, de 20, de 50, de 100, de 200, y de 500. Sobre sus elementos simbólicos que nos hablan de progreso, unidad, de civilización, de estrellas y luz  he ido dibujando escenas de los daños colaterales que para las mujeres está teniendo la actual situación económica.

María Antonia Hidalgo: Billete de 5 euros

Como cada día, la loba comienza la jornada con la importancia del secreto, adelantando ligeramente un pie, mientras nota que sus músculos se activan en esta fase primera del paso, cuando la planta se alza erguida del suelo. Para ese momento, antes de que su otro pie de loba se desplace por el aire, y de forma precisa aterrice de nuevo en la tierra, 5 familias españolas habrán sido desahuciadas, cinco, condenadas a un cincuerismo enjuto, después de una sorta sobrehumana de resistencia. ¡Oh loba!, si salieras de tu círculo euroevangelizador de estrellas, si cambiaras el corte de tu uniforme de azafato hacia formas de transición diferentes y pudieras contestarme… ¡Oh loba! ¿Has menstruado alguna vez?, ¿Has amamantado?, ¿Has sentido el calor del celo en tus pechos?

Mar Villaespesa: Conflictos Capital/Vida

Ante el billete de 10 euros, multiplicamos 10 por 10. 100 por 100. 10000 microdiscursos políticos producidos por los feminismos en los últimos 10 años se interrogan sobre la representación simbólica e ideal de la maternidad y su naturalización asociada a valores patriarcales de sacrificio, dolor y sumisión transmitidos por la cultura e iconografía judeo-cristiana; la Mater Dolorosa a la que se le niega el goce a través de la sexualidad, en palabras de Julia Kristeva. Otras técnicas disciplinarias se han ido ejecutando paralelamente a la expansión del capitalismo que concibe el cuerpo como fuerza de producción/reproducción.
A la escenificación del cuerpo sagrado y dramatizado se superpone la mirada sobre los cuidados, sobre la sostenibilidad de la vida, para la que los microdiscursos reclaman la condición de categoría analítica y con ello poder conocer todo lo invisible que oculta. Fantasmagorías absorbidas por el mercado neoliberal privatizador de servicios públicos y bienes comunes bajo el liderazgo del dragón guardián del Banco Central Europeo, que haciendo honor a su nombre y doble condición de animal mitológico combina la vigilancia con la monstruosa codicia, atesorando y acumulando por desposesión mientras devasta la vida.

Susana Blas Bruñuel: La quebrada promesa de la felicidad

Me aburre la familia estereotipo. Hasta la mía. No soporto ir al parque con los niños, ni acompañarlos a talleres infantiles. Sigo viviendo en el centro, evitando los barrios con “facilidades y servicios” concebidos para la familia clásica, para el control de nuestro tiempo y de nuestras acciones y emociones.
Tampoco me gustan los carros de la compra ni la excursión semanal para consumir en (des)armonía  familiar.
Esta imagen me sugiere consumo y carros vacíos.
Carros vacíos, desahucios en mi barrio, niños que en el colegio se desmayan de hambre mientras se sigue idealizando la imagen de la familia “feliz si consume”.
Solo una transformación profunda del sistema económico, del que el arte es una circunferencia  más, generará cambios en esta situación injusta.

Miguel Ciges: Trabajos de amor perdidos

Nunca pensó que volvería a vivir en aquel modesto apartamento junto al mar. El dormitorio seguía igual, la cama en la que se acostaba cuando era niña, los viejos muebles de los veranos. Había aprendido a mirarlos con indiferencia, bloqueando los recuerdos. Y se enorgullecía secretamente de ello. Por las mañanas, antes de que su padre se despertara, paseaba por la playa en compañía de dos perros vagabundos. Después subía a la casa y desayunaban: era la hora de los medicamentos: varias pastillas para él, una para ella: sertralina. No llevaba la cuenta de los años que habían pasado, en realidad lo que más temía era el día en que todo acabase. ¿Cómo se sentiría? Daba por hechas la pena y el dolor. Pero le inquietaban otras emociones: la soledad abriéndose como un gran horizonte, el miedo a permanecer allí, paralizada por la costumbre, como un preso que no desea abandonar su celda. Por eso soñaba con hacer un viaje. A Italia o tal vez, a Grecia. Había empezado a trabajar dando clases particulares, por ahora todo su dinero era un billete de 50€ guardado en un cajón. Las jornadas dedicadas al cuidado de su padre enfermo transcurrían tan monótonas como el sonido del mar. El mejor momento era la noche, cuando encendía su ordenador para charlar con hombres que había conocido y le parecían interesantes o atractivos. Era selectiva y no le resultaba fácil encontrarlos. Y menos, contarles cómo era su vida. Llegó a enamorarse de un chico. Conversaban a menudo e hicieron planes para verse. Se aferró a esa esperanza durante un tiempo. Pero el chico nunca fue a visitarla, tal vez se desanimó porque dejó de escribirle. No volvió a saber de él. Era consciente de que le volvería a ocurrir, de que sus amores serían solo ilusiones fugaces. Aquello le hizo acordarse de una obra de Shakespeare que había leído cuando estudiaba en la universidad: “Trabajos de amor perdidos”. Era una obra oscura que ya no se representa. Pero ella encontraba el titulo bello, triste y muy actual.

Sofía Segura Herrera: billete de 100 euros

Se habla de “alta costura”, “alta cocina”…   ¿tendremos que hablar de “altos cuidados” para que, algo que constituye la médula de la vida, empiece a tener valor?
Cómo se pueden valorar, en términos económicos, las noches en vela, el alma en vilo que suponen los cuidados de enfermos, mayores o bebés? O las horas y horas de días y más días a lo largo del tiempo pensando en qué poner en la mesa para que coma la familia? Y la ropa limpia y doblada, quién pone valor económico a todo ello?
Mucho tiempo ha pasado ya desde que los movimientos de mujeres empezamos a exigir que se derribara esa barrera, no por invisible menos real, entre lo público y lo privado. A pesar de los pasos importantes dentro de público por parte de las mujeres, no ha ocurrido igual en la asunción de lo privado por parte de los hombres. Con lo que se ha producido un gran vacío, podríamos hablar de un cierto abandono, en las tareas del cuidado.
Porque al mismo tiempo existía la demanda  de que las estructuras estatales – no las caritativas, sino las justas – se hicieran cargo de una buena parte de ello. Gran ilusión que, antes de haber empezado a fraguar, empieza a evaporarse.
Y ahora, ¿qué? ¿Volvemos las mujeres a ocupar las estancias silenciosas del hogar para seguir haciendo el trabajo invisible que nos permite avanzar como sociedad “moderna”? O, de una vez por todas,  la sociedad en su conjunto asume, desde el afecto y la responsabilidad, la tarea más importante, la única que posibilita la VIDA?

Miguel Benlloch: dicen que en principio todos somos mujer

Aquí estoy delante del billete, con dos y pico de estos, bueno, de los  parecidos a estos, me pagarán dentro de unos años, si es que pagan la  paga, ¡ay que me llegue¡, ¡santa Rita, santa Rita, lo que se da no se  quita!,  ¡ay Judas Tadeo cuida mi deseo! Soy autónomo, el eufemismo de  la tropa de desmayados, pero los que no tienen ni eufemismo son casi 6  millones. Soy autónomo anticapitalista beligerante con la realidad. El  capitalismo y la reproductibilidad son un uno enmadejado. Me cuentan  del esperma, de su calidad, de su cantidad en las jóvenes generaciones  agrícolas de la agricultura extensiva, el insaludable campo no  reproduce sino sojasojasojasojasoja, ¡a joerse!, sino expulsión de las  tierras, ¡los esperan en la valla! Las secuelas de los pesticidas son  espermicidas, la reproducción amenazada por el apetito insaciable del  billetito, cada generación la vida disminuye un poquito, un poquito  más pues los humanizidas se van manifestando lentamente y, mientras,  el billetito y su amasaje se acrecienta exponencialmente exponiéndonos  y expropiándonos, la nueva religión solo tiene presente, dan por  supuesto que nos están envenenando y su gozo en la tierra no tiene  espera, ni esperma. Pobre esperma tan pelma. ¿Aborto? Este es mi  cuerpo, cuerpo de mi cuerpo. No quiero tener, no quiero… o quiero  quiero y ¡quiero!, dueña tú o él que fue llamada ella, dueña por esta  vez,  pero este capital, nueva religare, decide que va a ser él quien  decida por ti, controlar la reproductibilidad, ahora sí, ahora no,  dueño, él quiere ser el dueño, violar, meter la mano en tu cuerpo no  por el derecho a la vida, ¡espermicidas agrícolas!, sino por el  derecho al control, la vida la suicida el capital, el mal. Ahora sí.  Ahora no. Y así desde que recuerdo, desde que recordamos. Dicen que en  el principio todos somos mujer, la famosa polla no es más ni menos   que un clítoris abultado, ¡pollinfla! El esperma es débil, el óvulo,  ¡dios lo quiera!, fuerte. ¡¡¡GallarBOOM¡¡¡

Javier Codesal: billete de 500 euros

BraCEar, EsCarBar, EliZaBeth, EcKharT, EKsPanto.
He tenido suerte: por fin un billete grande y morado.
Morado como mi moratón enorme, de pómulo a rodillas;
de la santa semana y la turbia nocturnidad morada.
Pero hundida en esta mancha me siento mejor que nunca,
coqueta todavía en el pareado de mis piernas
con sus zapatillas lazadas. Lástima de cajero,
frío como una madre hueca de porcelana.
¡Como, como y más como, estoy harta, siempre comparando…!
¿Se transformaría el señor Goya en hembra en esta época
congelada por el dinero? Él podría caer en eso. Y
lo que más me gusta es el gato, tan cuqui, ser libre en su extinción.
A ver: las estrellas están mal hechas, las puntas torcidas,
¿cómo voy a tener buena estrella con semejantes garabatos?
Un billete es una cosa muy seria, más este de tañido violeta
-y quiera dios que nunca me olvide-. ¡Monstruo, más que monstruo!
¿Sabréis adivinar por qué me apeno tanto? Las estepas
orientales sólo una vez en la vida florecen de violetas,
de allí provienen los quinientos, encantadores, valiosísimos…
Lo que guardo en la caja es así, en mi caja, bajo la caja torácica,
un monstruo; nos sale a casi todas las mujeres de dentro, je, je…
Y, por cierto, todavía no conocéis la otra cara del billete, mi preferida:
Pero eso sólo lo podemos ver las afortunadas.