Diario de un patio andaluz: 14, Eurocopa

Me encanta el fútbol y leer y escribir sobre fútbol. Y odio casi todo lo demás que rodea a este deporte. Odio a Florentino, Tebas, Infantino, Laporta, Čeferin y a Piqué. Odio los conciertos antes de los partidos, las camisetas nuevas cada año y los mediocentros que no juegan con el 5. Odio los extremos a pierna cambiada y los penaltis que son manos involuntarias y odio, mucho, mucho, la cámara lenta en las jugadas dudosas. Cuando pensé en escribir un capítulo sobre fútbol para el “Diario de un patio andaluz” me pareció algo fácil y divertido. Tengo a un sobrado en mí al que no soporto. Pero creo que el fútbol es una parte importante de mi forma de interpretar este tiempo, así que hay debo hacer uno sobre fútbol. Así podré escribir que “Homero, Ilíada” es el mejor libro sobre fútbol que he leído.
Ilustraciones: bysalazarmendias
La Eurocopa empieza en un momento en el que hay una disociación enorme entre cómo ven las élites empresariales el fútbol y cómo lo vemos los aficionados. Mientras ellos siguen diciendo que sólo interesa la Champions —y la Champions interesa una barbaridad pero no por lo que ellos creen— miles de aficionados se desplazan para seguir a Escocia, al Málaga o al Depor y en Granada se escriben cientos de tuits buscando una solución imposible a una gestión imposible. Y la Champions, mientras nos entretiene, como nos entretenía la Copa de Europa, va destruyendo las ligas nacionales heridas por las enormes desigualdades económicas que provoca. Si a eso le sumamos, en España, que el Madrid se ha convertido en una multinacional del entretenimiento, con los ingresos que eso supone, la liga puede que sea bastante aburrida, aunque las estrategias a medio plazo y orientadas sólo a ganar la Champions permitan ganar al Barça ligas como la del año pasado y aunque muchos aficionados estén o estemos pendientes de quién entra en la Conference, quién gana la Copa y la cuarta plaza de Champions o quién baja a Segunda.
Leo a Aramburu en El País: “Los ciudadanos de a pie simplemente constatamos que en todos lados falta personal, que se desincentiva el esfuerzo del emprendedor, que no hay tren que salga o llegue a su hora, que menudean las noticias de cuchillos violentos”. Los problemas de los pijos siempre tendrán un hueco en el más progresista de los diarios españoles en papel.
También le preocupa que Alemania juegue con una camiseta rosa. Pero no por la tradición o la historia. Porque es rosa. Y habla de un equipo melancólico y se le olvida que es un equipo en el que están Kroos, Gundogan, Neuer, Wirtz, Musiala… Quizás el mejor equipo por nombres de la competición. Aunque están Francia y la duda de si Inglaterra es tan buena como ellos y la prensa creen, o si harán como siempre y nos dejarán pensando como esos tipos lograron formar un imperio si no son capaces de montar un 442 en condiciones. Juega Vitinha en Portugal y eso los convierte en favoritos aunque tengan a Joao Félix. Y estamos nosotros, el país europeo que mejores entrenadores tiene, con un mediocre al mando. Qué buena metáfora es siempre la selección para entender este puto país. Nosotros, que vamos con una extraña mezcla de jugadores que no han sido y otros que no son todavía. Y Carvajal y Rodri, que esos sí que son.
Ayer, antes del fútbol, estuve un buen rato en el patio. Con una alarma a las nueve menos diez. Arreglé la mitad de las parras y enredaderas. Sigo sin encontrar una buena opción para la madreselva, que no soporta bien el sol pero tiene que estar en el emparrado y si la pongo junto a la casa, al norte, no crece en invierno. La parra virgen que saqué de esqueje y este año he movido de sitio, ya se ha pegado a la pared y va creciendo, pero está en un barril blanco de pintura reutilizado y debería o bien pintarlo, o bien comprar una maceta bonita. La parra que hay frente a mi escritorio ha crecido este año y empieza a dar sombra. La glicinia y el jazmín también están a un paso de convertirse en grandes de verdad. Até una rama del granado que brotó en el arriate al emparrado. No sé si lograré adaptarlo ahí arriba, para dar sombra, pero me gustaría.
Alemania le da la pelota a Kroos y Kroos se la da a Alemania. Parece fácil, pero Kroos es un mito porque sabe marcar el ritmo y sabe elegir bien cada momento. Sabe esperar y devolverla justo cuando el escocés de turno ha empezado la presión y ha aparecido el espacio. Sabe cuando Kimmich está solo en la banda y bah, qué son cuarenta metros para un pase. Se le ve escorado a la izquierda, casi como un central más, viendo el partido y entendiéndolo mejor que todos nosotros y que todos los demás. Levanta la cabeza y coloca a un par de compañeros en un sitio mejor, un par de metros mejor. A Gundogan no, ése sabe dónde tiene que estar y su cara de enfado permanente dice que no todo está saliendo como debería, que algo falta. Kroos mira atrás y sonríe: está Rudiger y detrás está Neuer. Mira a las bandas y si fuera Carlo levantaría una ceja pensando en que Musiala y Wirtz son buenísimos pero, a la vez, son unos niños todavía. ¿Qué pensará Kroos de Havertz? ¿le recordará su aparente apatía y su calidad al Benzemá joven que conoció? Havertz, hasta en el gol que da, no hace lo que los cánones utilitaristas dicen. No tira a meta y prefiere recortar, porque los artistas incomprendidos, también los alemanes, son así.

Voy con España como el niño de barrio obrero que fui. Como el señor que llega al bar a ver el fútbol y anima con todos los demás sin conocerlos. No me interesa el pensamiento crítico que cuestiona la militancia política de tipos que rondan los treinta años y no tienen que ser ejemplo de nada fuera del campo. No me interesan ni las sutilezas ni saber que los reyes magos son los padres. Voy con España cuando el entrenador me cae bien, como Luis Aragonés, Del Bosque o Luis Enrique, y cuando me parece un pobre hombre. Voy con España porque tengo demasiados muertos detrás que iban con España y pocas cosas me avergonzarían más que darles vergüenza a ellos. Y voy a disfrutar de la Eurocopa porque me encanta el fútbol y es una fiesta ver tantos partidos interesantes en dos semanas.
Me monto en el coche y saltan los Who en el casette. Pictures of Lily. Pienso en lo bien que me hubiera venido tener la capacidad de Kroos para tomar buenas decisiones entre los catorce y los veinticinco. Me deprimo un poco y me rescato comprando un comedero nuevo para los gorriones que vienen a mi patio. Les compro comida de perdices que es más barata. El hombre del Cash me mira con dudas. Es para los gorriones. Sonríe. Me gasto cincuenta euros en comida para gorriones y para Milan. Lo lamentaré a final de mes, que soy librero y autónomo. Magic bus. Paso la mañana en la librería porque le debía un día a S. liado con la exportación de datos a la nueva web y la rutina. Sólo al final logro catalogar unos pocos libros. Albornoz me habla de un libro de Tólstoi, “Mi viaje al otro lado de la realidad” y me lo tengo que llevar a casa para verlo. Llego tarde al partido de Suiza y no estoy muy pendiente. Quería ver a Xhaka que ya me gustaba en el Arsenal y que me encantó en la vuelta de la eliminatoria contra la Roma con el Bayer de Xabi. En la primera parte arrollan a Hungría y en la segunda los húngaros se van a por el partido con poca fortuna. Su extremo izquierdo (¿Kerkez?) tira un caño imposible y pone un centro fantástico a un hueco del área en el que no había nadie. Me duermo un rato. Hungría se desespera y pienso en cómo voy a poder ver el fútbol, tres partidos diarios, si ya normalmente nunca tengo tiempo para nada. Sencillo: no voy a poder. Voy a intentar ver todo lo que pueda, como si me inventara unas vacaciones de la vida, y voy a intentar no frustrarme con todo lo que me pierda.
No juega Dani Olmo. Ni Grimaldo, aunque esto puede que sea un problema menor. Juega Nacho que hace unas pocas cosas que no me gustan: pierde la posición, salta a destiempo, ralentiza la salida del balón, se suma al ataque y deja huecos atrás. Me gustaba más el Nacho pesimista de hace cuatro o cinco años que se limitaba a ser seguro atrás. Creo que a Carlo le gustan esas cosas tan poco como a mí. Es un jugador muy mimado por la prensa de la M30 y seguro que es buena persona. Pero no me tranquiliza verlo. Y Le Normand es un central limitado, que no comete errores pero que no es una garantía de nada. La selección tiene un agujero en lo que Luis llamaría su pasillo de seguridad principal: los centrales. Podemos pensar en Íñigo o en Pau Torres pero no suben el nivel. El mejor Laporte del City sí que nos vendría bien. Quizás esto explique que Luis Enrique pusiera ahí a Rodrigo en Qatar.
No me da tiempo a escribir en la libreta y luego en el ordenador. Me paso al teclado.
España empieza dominando desde la posesión y de repente los croatas nos quitan el balón y, sorprendentemente, nos viene bien. Un pase fantástico de Fabián y Morata marca gol. Ha marcado porque está al límite todo el rato y eso es buenísimo para el equipo. Qué más da si le pitan fueras de juego si engancha una de estas de vez en cuando y, además, estira al equipo y le da salida. Es su juego y lo hace bien. Morata no es una estrella pero es un buen jugador y recibe muchas más críticas de las normales. Entiendo que se quiera volver a Italia. Fabián hace dos recortes a trompicones y la pone en la esquina de la portería. Lamine mete un centro fantástico y Carvajal remata como el sorpresivo gran delantero que es este año. Carvajal es una estrella con cierta mala suerte: tantos años de carrera y no había jugado nunca un partido de Eurocopa. Croacia nos domina el resto del partido pero no tiene el talento de hace años. Dominamos las áreas y tenemos la calidad para decidir el partido en jugadas puntuales y un gran portero que nos salva unas cuantas situaciones complicadas. Si, además, tuviéramos dos grandes centrales como por ejemplo, Pujol y Ramos, seríamos candidatos a casi cualquier cosa.
Leo Twitter pero hay demasiada gente ocurrente. Me gusta lo que dice Miguel Quintana, que es de los pocos periodistas sensatos y lúcidos. El patio me llama y cuelgo el comedero nuevo de los pájaros. Les pongo agua también en otro comedero que tenía guardado. Salgo a pasear con Milan y hace fresco y sopla una brisa muy agradable. Me relajo y no intento llegar al partido de Italia desde el comienzo. Cuando me siento, va 2-1. No conozco a casi ningún italiano. Juegan a lo de siempre pero van ganando como siempre. Los albanos tienen esa torpeza y esa falta de inteligencia con la que nos ha familiarizado Uzuni. No los veo muchos mejores que él, no sé porqué no ha ido. Me gusta la equipación roja y negra. No veo bien la de Italia y me queda la duda de si será la más bonita, también como siempre. En el último minuto Donnarumma saca una y el árbitro no pita córner porque en Europa a los poderosos, también pero no tanto como en España, se les cuida. Hoy juegan Bellingham, Foden y Kane. Y Xavi Simmons a las tres.
Me flipa el fútbol. Y voy con España.

Xavi Simmons no juega centrado. En banda no es el jugador que me deslumbró en la eliminatoria de Champions contra el Madrid. El comentarista dice cosas con poco interés sobre Holanda y Países Bajos y sobre el juego de Holanda, como si no tuviéramos memoria, como si no los hubiéramos visto. Cuando era un niño, niño, iba con Holanda. Cruyff y Neeskens eran irresistibles. Mis primeros recuerdos de partidos de fútbol son del Mundial del 74. Mi primer mal rato fue la final contra Alemania. Nada que ver la calidad de aquellos equipos con estos holandeses. Gakpo lo intenta y Memphis promete y no lo logra como casi siempre. Qué gran jugador sería si lograra lo que sólo él imagina que puede hacer. (Aunque en alguna extraña ocasión lo logra y es espectacular). No juega Lewandowski y Polonia lo nota mucho, pero aún así, no le pierde la cara al partido. Al final, me despierto y han ganado los holandeses.
Veo el Dinamarca – Eslovenia mientras leo a Naipaul. Los daneses —y los eslovenos— fallan pases fáciles, de pocos metros, de darle con el interior y dejársela a un compañero para que te la devuelva y tú a otro y así se juega el fútbol. Da igual que los periodistas hagan malabares sobre si hemos cambiado el modelo de juego o si De la Fuente les cae bien y Luis Enrique no o qué pensarán Tebas, Florentino y a quién tienen que agradar. Si Pedri falla un pase de esos, no duerme por la noche. Pero no es sólo Pedri, es Rodri, es Nico o es Morata. Tendrían pesadillas si fallaran una cosa así. Hasta Nacho miraría al suelo y movería disgustado la cabeza, como si su cuarto hijo hubiera sido expulsado de un aula por decir algo más fuerte que “chispas”. Es la cultura del pase y eso no se discute. Estos chavales crecieron viendo como Iniesta se la daba a Silva y como Puyol ponía el interior para que Xabi Alonso o Busquets la recibieran perfilados y la tocaran. Eso no se puede discutir porque es la cultura del país. Como la de los yugoslavos es parecer mejores de lo que son o la de los ingleses decir que son mejores y no serlo. Leo a Naipaul y cuanto más sé sobre la India más entiendo la dimensión del expolio, los crímenes, el saqueo y la enormidad de las barbaridades que cometieron los ingleses en casi doscientos años de ocupación. Bellingham me cae bien pero ay, es inglés. (En Eslovenia no juegan ni Doncic ni Pogacar, así no hay manera).
Todos los partidos son a muerte. Aquí no hay temporada regular y playoffs. El primer día me olvidé de decir que hay algo que odio más que hacer la ola en un campo de fútbol o cantar “sí se puede”: imitar los modelos norteamericanos en el deporte. ¿Hay algo peor? Ochenta partidos de NBA al tuntún para jugárselo todo en los últimos veinte. Todo el año viendo tíos pasearse por una cancha sin estrategia, sin defensa, sin intensidad. Es como si el trofeo Los Cármenes durara ocho meses. Aquí no, los daneses y los eslovenos no juegan bien, pero tienen intensidad y disputan cada balón. Dejan destellos de calidad en algunas jugadas: Eriksen en Dinamarca, Šeško en Eslovenia. Me despisto más de la cuenta y empatan los eslovenos. Acabo el capítulo de Lucknow y entiendo un poquito cómo afectó a las familias la Partición de la India y el dolor que supuso, más allá de las guerras y las muertes.
Me voy a trabajar. Mañana acabo lo del Inglaterra – Serbia.
Es lunes: you don’t hate mondays, you hate capitalism.

Ayer no me dio tiempo a escribir sobre el Inglaterra-Serbia. Mi único problema con la Eurocopa es que los días no tienen cuarenta horas. Es domingo por la tarde, la tristeza sobrevuela la casa y estoy un rato en el patio entre partido y partido. Ajusto el riego del huerto lo mejor que puedo y pienso en cómo cambiarlo. El riego es siempre el problema principal en cualquier patio andaluz o, al menos, en los que yo he cuidado. Dependiendo de cómo lo pongas podrás tener unas u otras cosas y te sobrevivirán a las olas de calor. Tener un huerto hace treinta o cuarenta años, antes de que el clima cambiara, tenía que ser mucho más fácil y agradable. Hago gazpacho mientras empieza el partido. Oigo el gol y me da tiempo a ver la repetición: Bellingham coge un balón en el centro del campo, lo pasa al lateral y tira un desmarque de cuarenta metros en el que va pidiendo el balón la mayor parte del tiempo. Llega al área antes que los defensas y con más decisión. Golazo. Hay veces en las que es Zidane y es Raúl. Me gusta Rice, el del Arsenal y me sorprende que Tripier esté todavía de titular. Kane aparece tan poco como Foden. En el segundo tiempo, Serbia se va a por el partido y con pocos recursos pero inteligencia y fiereza a partes iguales está a punto de empatar. En el último minuto el árbitro, el del VAR, Ceferin y el espíritu de los tiempos, le tangan un penalti de Tripier sobre Mitrovic. Lo busco en el resumen de RTVE y no aparece. Los serbios son pobres, que no se quejen tanto.
Pongo el Rumania-Ucrania pensando en Lunin y los del Girona y van cayendo goles de Rumanía. Me duermo y me despiertan los anuncios de Teledeporte con tres o cuatro puntos más de volumen que el partido; sobresaltado, creo que alguien ha quitado el fútbol, el Pequeño me tranquiliza y me hago un café. Veo un poco el segundo tiempo hasta que me voy a trabajar. Más Rumanía e igual de poco de Ucrania. No conozco a casi ningún jugador.
En la librería, no me acuerdo de poner el partido hasta que no lleva diez minutos. Lo pongo en el tercer escritorio virtual del Windows, el que solemos usar para la música. Lukaku falla goles. Es un gran jugador pero siempre le pasa algo, siempre falla en el momento decisivo, siempre elige mal el equipo al que tiene que ir. Tantos errores siendo una estrella lo convierten en alguien entrañable. Juega De Bruyne y pienso que es otro que se merece más por lo bueno que es. Busco libros, atiendo gente, hablo por Whatsapp y estoy en Twitter; el fútbol de fondo, con el volumen bajo. La tarde pasa volando mientras trabajo, comento capturas de Mark Fisher y espero a que Bélgica empate. Vendo “George”, el libro de la hija de Sylvia Plath, y pienso que debería leerlo yo también. No sé quién es el seleccionador de Bélgica. ¿Dónde juega Carrasco ahora? Lukaku engancha una bien y fuera de juego. El fuera de juego semiautomático sí que es un avance. Engancha otra y el árbitro del VAR descubre un impresionante roce del balón en una pérfida mano del atacante que da el pase previo. Una de las pocas cosas por las que siento nostalgia es de cuando las manos eran voluntarias e involuntarias. Si es involuntaria, y no puede evitarla y no la ves sin cámara lenta, no es mano. Estos tiempos, mejores en tantísimas cosas, también tienen sus estupideces. Una patada por detrás a un delantero serbio no es penalti y un roce en una mano medio minuto antes del gol sirve para anularlo. El consuelo, un poco estúpido, es que los árbitros en Europa son igual de imbéciles que en España. No todos, pero sí muchos.
Llego a casa, me sirvo un vaso de refresco de limón y pongo la TV. Juega Francia. Siempre he ido con Francia pero no puedo con Deschamps. No puedes bancar a alguien que prefiere a Giroud a Benzema. Bien Mbappé pidiendo el voto para frenar a la ultraderecha. Tan bien como Unai no queriendo pronunciarse. El derecho a la privacidad en el voto, a no tener que dar cuentas de la ideología propia, fue una conquista, como tantísimas, de las izquierdas. Los jugadores no tienen que ser como queramos cada uno de nosotros que sean entre otras cosas porque es imposible. Tampoco tienen que ser nazis. Pero no me vale como “ser nazi” el que un día se hagan una foto con una bufanda de un grupo ultra; para acusar a alguien de algo tan sumamente grave, tiene que haber pruebas nivel Zozulia por lo menos. Veo a Francia mientras hablo con les niñes que han vuelto y empiezan turno en casa. Miro la TV y hay gente sangrando y dándose golpes accidentales en un partido que es limpio. Alaba está en el banquillo y pienso en lo bien que me cae ese señor. Francia juega con una idea similar al Getafe de Bordalás pero sin causar heridos. Hay muchas maneras de ganar y de jugar al fútbol y todas me parecen bien cuando se hacen bien. Pero la Francia de Deschamps es extremadamente rácana con la vida, con la belleza, con el juego. Tienen potencial para salir a por los partidos y dominarlos de mil maneras diferentes y se conforman con sobrevivir y ver si va cayendo algo. Griezmann sangra y luego se dobla la rodilla y el tobillo de una forma que da un poco de susto. Sigue. Mbappé remata un balón y se destroza la nariz contra el hombro de un defensa. Mientras, ha caído un gol en un rebote. A Austria no le llega el orden y las ganas para empatar. Sale Camavinga y tampoco es el de las noches brillantes en las que se parece a Redondo. Aparece Giroud y falla una. El partido acaba y gana Francia y Mbappé se va al hospital y, durante el insomnio, en radio Marca hablan una y otra vez sobre si esa nariz está o no rota.
No me da tiempo a corregir este texto pero sí he logrado acabarlo. Me voy a trabajar.

Hablo con Juan P. en la librería: escribir sobre fútbol es tan complicado como hacer una tortilla francesa. La tortilla francesa hay que liarla, no cuajarla. No puedes llegar y echarla en una sartén a fuego fuerte y hacer una desgraciada tortita de huevo. No. Tienes que batir los huevos en su punto, con sal y pimienta, y echarla con cariño en una sartén a fuego medio y batirla mientras se hace y luego envolverla sobre sí misma para que quede esponjosa y gordita y tenga el punto de humedad que tiene que tener y no parezca unos huevos fritos explotados y al comerla sea como el abrazo de una madre en un puto lunes de enero. Mi madre las hacía así. Sergio las hace así en “Escuela de cocina”. No hay autoridades superiores en este tema. Escribir de fútbol es complicado porque es complicado tener interés, porque siempre estás al borde del precipicio que supone el tópico o contar lo que ya todos sabemos. Cuando he escrito en el blog una temporada larga sobre el Granada lo he dejado porque llegaba un momento en el que era inevitable repetir las mismas ideas, la misma actitud. Porque llegaba un momento en el que veía como la tortilla se cuajaba por no poder mantener la tensión necesaria.
Pongo el Turquía – Georgia en la librería, en el tercer escritorio del Windows. No ha habido nadie en toda la tarde y tengo que catalogar, así que podré ver bastante partido. Busco un par de pedidos y me voy a sentar y llega una clienta, ha vuelto de Italia y al libro que le vendí de Moravia le faltan más de veinte páginas. Esto es más común de lo que parece y es un error indetectable al catalogar: el libro parece normal y en buen estado, es un error de fabricación y no se nota al manipularlo. Tengo otro ejemplar, en Orbis, creo que está en el almacén. Desde el almacén oigo ¡gol! y luego ¡gol!. No está el libro en el almacén. Lo busco en Uniliber, en la misma edición y se lo traigo. Una semana más o menos. Ya van uno a uno y no me he enterado de nada. En algún libro leí que Georgia era un sitio espectacular en el que veraneaban los jefazos durante el estalinismo. Entra más gente. Güler marca un golazo mientras busco otro libro y lo veo en la repetición. Es un niño y debería caerme bien pero tiene ese aire de ego imponente que tenía Cristiano. No sé si a Kroos le habrá dado tiempo de hacer su trabajo. El gol es fantástico, el clásico golpeo con el interior de rosca al palo largo que parece sencillísimo cuando lo hacen los superdotados y una estupidez que se pierde por el córner cuando lo hacen los mortales. Me piden mi opinión sobre “El junco infinito” y no sé si soy pedante o simplemente un poco imbécil. Hay matices en algunas situaciones que te llevan a situaciones imposibles, en las que siempre quedas mal. Pero mi amiga al final se lleva “La luz difícil” de Tomás González y merece la pena. Le gusto Faciolince, tengo que leerlo.
Hay una fina pátina de polvo sobre los muebles. Huele a darro; el váter se ha quedado sin agua y ha subido el olor de las tuberías. Abrimos las ventanas y entra la luz del atardecer. Sobre la mesa está un libro de Matilde Asensi con una señal a la mitad. En la mesita, junto a la lámpara, el último de Ken Follet. No sé si le dio tiempo a acabarlo. Me concentro en no pensar y buscar las contribuciones, las escrituras, que necesitamos. En las paredes hay retratos de mis hijas, pintados por mi otra hermana, tan distintas a las mujeres que son ahora. En la nevera sólo quedan cervezas y un bote de espárragos. Todo el piso está ordenado, congelado en el tiempo, como si hubieran salido a tomar la caña de al mediodía. Ya he vivido esto otra vez. Nunca te acostumbras. Las gafas están en la mesa del salón, abiertas, esperando que alguien vuelva a usarlas. No encontramos lo que necesitamos. Miro en la habitación que era de mi madre y parece una celda de un monasterio en su sobriedad: la cama, el armario, la pequeña televisión. Apenas hay adornos. Las orquídeas que le compramos el Pequeño y yo están secas. Una muy seca, me la llevo porque me la tengo que llevar y la otra está todavía verde, flácida, pero tengo esperanzas. También hay un pascuelo, con la red de plástico que soportaba las hojas todavía puesta, muy seco. Me lo llevo, por si acaso. Encuentro un papel con información que me puede valer. Cerramos las ventanas. Tiramos varias veces de la cadena del váter. Apagamos las luces.
Llego tarde al Portugal – Chequia. Voy con los checos. Cenamos pizza que han preparado les niñes. El Pequeño va con el Bicho. Me sorprendo cuando me lo dice. Portugal juega con el 532 que se ha extendido como una plaga, como el neoliberalismo, por todo el planeta fútbol. Tres centrales contra Chequia. Esperaba más de ti, Roberto Martínez. Juegan Leao y Vitinha que son los que tengo ganas de ver. Marca Chequia. Luego Portugal empuja y empuja y al final marca un tipo del Oporto que seguro que dentro de poco valdrá cien millones de euros como todos los jugadores del Oporto y del Benfica. Veo el partido sin verlo bien. Llego a la cama y me obligo a leer algo: Naipaul me cuenta cosas del siglo XIX indio.

Día valle de fútbol. Tres encuentros a los que les saco poco partido, a los que les pongo poca atención. Empieza Croacia contra Albania a las tres. Rey Manaj jugó en el Granada con más pena que gloria. Demasiado joven y un club demasiado poco estable, supongo. Creo que no voy a renovar el carné. Se tarda muchísimo en llegar, la directiva con el inefable dúo Amado/Aranguren a la cabeza son una garantía de que las cosas van a ir mal, el club muestra signos de una depresión evidente y la venta o compra por alguien con interés en la institución y en la ciudad son una callejón legal sin salida. Nos podemos convertir en algo muy similar al peor Málaga si las cosas vienen mal dadas en lo deportivo. Espero que el que diseñó la ley de sociedades anónimas deportivas como solución para el fútbol esté penando con terribles dolores en el infierno. (Gobierno de Felipe Gonzáles, ese patriota). Modric juega muy hundido en Croacia. En el Madrid le han encontrado un sitio, por delante de los dos mediocentros en los que luce todo lo que le queda, que es mucho, y no se nota las carencias que ya tiene. Quizás el bajón de nivel de Brozovic lo haya empujado a ese sitio pero la sensación es que tiene menos influencia en el juego. Me duermo y me despierto pensando que gana Croacia pero Albania no se conforma y empata en el último minuto. Si esta noche empatamos, la última jornada puede ser de infarto.
Esta tarde no trabajo. Llevo dos semanas con turnos extras por eventos, por deudas de turnos, por viajes y una tarde así, libre, a lo loco, es un tesoro. Hago la compra por Internet y mientras intento no equivocarme mucho, empieza Alemania. Una cosa es tener la tarde libre y otra llegar a los partidos a tiempo. Alemania sale con un puto pijama morado. El único bien vestido es el portero que va de negro. En los noventa hubiera sido al revés. Me avisa Juanillo desde Ibiza horrorizado. Los destrozos del neoliberalismo en un campo de fútbol. Es que es una industria. Vete a pastar, amigo liberal. El Hungría-Alemania del 54 cambió para bien y para mal y para siempre el fútbol. Para bien porque parte de la emoción es que no siempre ganan los buenos y los pobres, los débiles, pueden organizarse y asaltar la Bastilla y para mal, porque enseñó el camino de la victoria a rácanos y mezquinos. Y para siempre, porque antes el fútbol era algo menos complejo: ganaban los mejores. Pero puedes ganarle a los buenos si eres más intenso, más fuerte, más competitivo y los húngaros no sólo son menos técnicos que los alemanes, si no que son menos intensos que Gundogan, que —sorpresa— sonrió un poco después de rebañar el balón del primer gol. Kroos jugó todo el partido, supongo que no lo veremos en la jornada final. Wirtz y Musiala siguen en su pelea por ver quién es mejor y Sané quiere reivindicarse. De Alemania no se puede ir, como del City. Ojalá juegue al nivel que sus fans pensamos que puede dar. Si tuviera que elegir a uno de los tres para verlos en el Granada, cogería a Musiala para este año, a Wirtz para dentro de cinco años y a Sané para verlo diez años seguidos. Creo que me voy a tomar el partido de las nueve libre. Me salgo con Naipaul al patio y hace frío. Manga larga. Esta primavera, a pesar de ser la más cálida de la historia, está siendo extraña porque es como las de antes del cambio climático. Sir William James era inglés e invasor en la India. Fue a expoliar, como todos, y a ahorrar. Pero se encontró con el tesoro de la cultura y la filosofía indias y las tradujo a occidente. Y de esa espúrea forma, los indios recuperaron su propia cultura y su civilización después de las invasiones musulmanas e inglesas. Ceno fruta y yogur y no le hago caso a escoceses y suizos. Sigo sin ver a Xhaka. Marcan unos y empatan los suizos mientras estoy en la cocina y tengo sueño y me voy otro poco con Naipaul, antes de que acabe el partido. No me cae bien la gente que se va del campo antes del pitido final. ¿Qué hay más importante que ver el partido de tu equipo entero? ¿estás seguro de que vas a volver al campo, de que la vida, la fortuna, un Audi de un narco o un parte médico no se te van a mal cruzar? Pero me fui a la cama. Hoy juegan España e Italia y este partido es como la vida de la gente normal: casi siempre sale mal, pero a veces, florecen las hortensias.

Escribo rápido, por las mañanas. Me levanto temprano, sobre las seis, pero hay días que no duermo bien y no uso despertador, salvo para la hora de ir a trabajar que fijo luego, cuando ya estoy despierto. Me levanto, le doy de comer a perras y gatas, hago café y miro la app de Caja Rural, porque soy autónomo y no me sobran los euros. Leo un poco de poesía, escribo un poco en la libreta de diario, muy poco ahora que hay Eurocopa e intento escribir un diario sobre ella, y luego enciendo el ordenador, miro si tengo alguna interacción en redes y Whatsapp y abro Google Drive y me pongo a redactar el post de cada día sobre un esquema de ideas que he hecho al acabar de escribir en el diario. Abro la librería a las diez, así que tengo que salir de casa a las nueve y media. A todo eso me da tiempo sin problemas cuando me despierto cerca de las seis. Si me despierto antes, no me dejo levantarme, porque luego me paso el día dormido. En noches como la de hoy, en las que me he pasado media noche despierto (he oído el programa de basket de Radio Marca pero no han puesto La Pizarra de Quintana y ha empezado uno sobre lucha, que he tenido que quitar) y me he dormido tarde y me he levantado casi a las siete, muy tarde, no me da tiempo a nada. Además, intento no tener prisa y estar relajado.
Publico en Facebook estos post porque me da los pocos lectores que necesito para tener interacción y sólo tengo que copipegar el texto. No hay nada que configurar, ningún parámetro que modificar. Es rápido y hay una pequeña comunidad de amigos que me caen bien y me comentan el texto con cariño. No necesito más. De estos posts saldrá un capítulo del “Diario de un patio andaluz”, si todo va bien y cuando los acabe veo que tienen un cierto sentido y una mínima calidad: “Capítulo 14, Eurocopa” . Algo así. Escribo rápido, sin apenas corregir y hay días que me quedo dándoles vueltas a un verbo que puse en pasado y debía ir en presente o una idea que me parecía interesante y a la que no he sabido sacarle partido. Supongo que ese tiempo que ahora no tengo lo tendré en la corrección posterior. Entonces sí, lo publicaré en el blog de Substack.
Conclusión: hoy no hay post. Me tengo que ir a trabajar. Esta tarde intentaré escribirlo.
Eslovaquia juega contra Serbia y comemos cuscús con verduras que ha cocinado Sf. que acabó ayer la primera parte de sus exámenes. Hablamos en la comida y el partido está de fondo, con una intensidad ajena a la conversación. Me quedo con ganas de fijarme más en Vlahovic.
Inglaterra juega contra Dinamarca mientras estoy trabajando. Le debía un turno a S.. Esta semana no he catalogado lo suficiente y no puedo entretenerme. Entra gente. Viene Andrés que quiere libros para deconstruirse y se lleva “La cultura del odio” y me encarga otro. Una mujer —creo que inglesa— que quiere leer algo de Cervantes que no sea el Quijote y se lleva una edición en tapa dura de Austral que igual está demasiado barata. Kane marca porque un danés tiene menos intensidad que Walker. La intensidad, que la pueden tener todos, está siendo clave. Creemos que la intensidad o la capacidad de trabajo son decisiones de la voluntad, y la inteligencia y la imaginación vienen de nacimiento y cada vez estoy menos seguro de esto. Le voy a preguntar a Fran, que es psicólogo e igual sabe de estas cosas. Dinamarca mete un golazo y veo la repetición. Supongo que Inglaterra remontará y no lo hace. ¿Qué le pasa a Inglaterra? En redes destrozan a Southgate que siempre me ha parecido un tipo sensato. Italia es nuestro enemigo. Si juegan Pirlo o Totti podría considerar ir con ellos si España está eliminada. Pero no hay nada como ganarle a Italia. Francia es vecina pero soy un afrancesado y ellos unos recién llegados al fútbol. Inglaterra no sabe montar un 442 y ha ganado todavía menos cosas que nosotros. No, no, Italia es el enemigo. ¿Tassotti? Ni olvido ni perdón. Empieza el partido y me doy cuenta de que nadie juega como España. Sólo Alemania, pero eso ya pasó en Qatar y nos echaron rápido a los dos: el mejor partido del mundial fue el España-Alemania. Fútbol es fútbol. De la Fuente ha montado un equipo que, en cierto sentido, sería el sueño de Clemente. Jugamos mucho rato con un 424. Sólo Rodrigo y Fabián en el medio. ¿Nos servirá esto contra Kroos, contra Kanté? Pedri es el mejor si no fuera porque Nico es el mejor. Nico, como si se hubiera dado cuenta de que contra Croacia todo el foco estuvo en Lamine, coge el partido y a Italia y les da un meneo tremendo. Quizás estuvo bien que no clavara la rosca que dio en el larguero porque podría haber significado que se fuera del Athleti este año y ojalá se quede allí un par de temporadas más. Durante buena parte del partido le damos un baño a Italia, un rondo contra torpes, un meneo insolente. La cultura del pase y del buen juego está en cada jugador, hasta en los centrales. Durante todo el partido sufro el riesgo tremendo de que Italia nos haga de Italia y marque, expulsen a Unai, lesionen a Rodrigo, algún algo italiano. Llegamos y llegamos y aunque el gol en propia puerta es mejor que cualquier golazo, el miedo está ahí. Echo de menos intensamente a Villa. Es curioso que de la Gran Generación de 2008 al que más echo de menos siempre es a Villa, unos de los más infravalorados. Hay un córner en el último minuto y hubiera apostado mi “Guerra y paz” de Mario Muchnick a que Italia marcaba, de rebote injusto y con el VAR sin ver una agresión a Laporte. Pero no. Porque hay veces que la gente normal le ganamos a los poderosos; nos cuesta, nos cuesta mucho pero les ganamos. Y las hortensias han florecido.

Me levanto tarde porque un poco antes de las cinco me vine al salón y me acurruqué en un sofá. Dudo si poner la TV y ver el resumen de la jornada de ayer pero me costaría más coger de nuevo el sueño. Las luces de la calle entran por las ventanas. En el patio se entrevé, negra, recortada, una parra; en la otra ventana, la madreselva que no acaba de ponerse bien, demasiado sol, quizás. Pienso en pintar de verde la puerta de la librería, el marco del escaparate, con el resto de pintura verde mayo que ha sobrado de arreglar la bañera-estanque. Pienso en problemas y problemas y soluciones. Problemas normales de clase obrera, problemas que no son, esta vez, graves y que te mecen el sueño porque no les haces el caso que ellos creen que merecen. La fiesta del fútbol que son los primeros días de un gran torneo, acabó anoche. Ya no hay más días con tres partidos seguidos. Sí, hay días con cuatro partidos pero dos son a la misma hora, no es lo mismo. Tengo la frustración de siempre de no haber visto todo lo que podía y quería, de haberme perdido partidos, jugadores, jugadas. Eso es tan cierto como que los dos últimos días estaba saturado de fútbol, de falta de rutina, de escasez de tiempo y apenas he visto fútbol. Me levanto tarde porque al fin me dormí y son ya las ocho.
El viernes viene familia a comer y vamos a la freiduría Santa Mónica que han puesto frente al polideportivo en Albolote. Pescado —que no es nada vegetariano— a buen precio y muy rico. Al final de la comida llega el calor. Me cuentan buenas noticias médicas que son —con la lotería— las mejores noticias. No llego al Eslovenia – Ucrania pero se han cargado a Lunin (al que todavía le falta un poco para ser un gran portero, aunque en la prensa Disney de la M-30 sí lo sea). Tenemos cena en casa por la noche y paso el Polonia – Austria haciéndole más caso al libro de “La gloria vegana” que me regalaron les niñes en Reyes que al partido. Pongo avíos a preparar y, mientras se cuecen las patatas y los huevos, acabo el post del día anterior, que por la mañana no me ha dado tiempo.
Oigo a Olafur Arnalds, “Living Room Songs”, mientras escribo y pienso si debería intentar leer “Rural: The Lives of the Working Class Countryside”, de Rebecca Smith o si mi interminable lista de libros urgentes ya es suficiente. Pongo un tuit proponiéndole al Capitan Swing que lo publique en castellano.
Mbappé no juega, como es lógico, tiene la nariz rota. No veo el Francia – Holanda, pero la cena es muy agradable y la comida está rica y qué pena que las amigas tengan que emigrar para poder ganarse la vida. En el patio huele a dama de noche.
Me quedo trabajando en la librería hasta tarde y cuando llego y cojo restos de la noche anterior y me siento a comer, está acabando el primer tiempo del Georgia – Chequia. No le hago caso y me duermo. Leo la última página de El País y Jabois entrevista a Alejo. Qué fan era yo de este señor y de Ariel. Ha grabado una canción con Sabina. Porca miseria. Quiero ver el Portugal – Turquía, pero me distraigo formateando un portátil. Portugal sale con un 442 y todo funciona mejor. Cristiano juega en diez metros y ahí sigue siendo brillante. Con los años, ha aprendido que lo importante es ganar y le da el balón en el tercer gol a Bruno Fernandes. O, quizás, como dicen en el As, quería batir el récord de asistencias de las eurocopas. Turquía dura hasta el primer gol y luego lo intenta y sufre porque no tienen tanta calidad como Portugal, que, hoy sí, parecen un candidato a todo. Güler juega un rato y tiene aires de grandeza pero los portugueses son muy superiores físicamente en los duelos y no hace nada. Otro al que todavía la falta.
Salgo con M. a pasear al olivar y nos encontramos con otros perros y Anjana ya está mayor y más tranquila y Milan siempre es sociable y nunca tiene problemas con nadie y el anochecer en Sierra Elvira es deslumbrante. Llego a tarde a Bélgica y me divido entre el portátil que estoy arreglando y el fútbol y me siento culpable. Al final no me sirve el Elementary OS y le instalo el Linux Mint con Xfce. Sólo necesito que comparta ficheros y se pueda oír música con el Strawberry. Lukaku hace todas esas cosas que me gusta que haga y le anulan goles por milímetros. Lukebakio me sigue pareciendo buenísimo, ojalá se quede en el Sevilla. El grupo se queda con todos empatados a tres puntos y un partido en el que el empate les vale a los dos y el fútbol y los tratos son muy antiguos para estas cosas y ese partido salvo estupidez o negligencia acabará en empate. Bélgica se la juega con Ucrania, pero también le vale el empate. Los últimos partidos son diferentes porque juega La Presión. Los mejores son los que mejor juegan con ella, pero los primeros partidos, que también tienen mucha intensidad —esto, a dios gracias, no es la NBA— permiten ver más fútbol, un fútbol más normal. Se acabó el atracón de fútbol, esta noche juega Toni Kroos, aunque igual descansa. Todavía no es lunes.

Veo una flor de jazmín en el suelo. Cinco pétalos, blancos. Carmina recogía puñados de flores de jazmín en Otura, en la casa de Elena y se las traíamos a mi madre que las ponía en un cuenco en su mesita de noche porque espantaban a los mosquitos.
Alemania sale con la misma alineación que en los dos partidos anteriores y juegan dominando pero los extremos empiezan cambiados hoy y Wirtz juega por la izquierda. Suiza es un equipo bien trabajado con al menos tres jugadores de primerísimo nivel: Sommer, Akanji y Xhaka. Los eliminamos hace tres años en los penaltis y es el típico equipo que en un día regular te gana sin problemas. A Alemania le pasa lo que nos puede pasar cualquier día a nosotros, que juegas bien pero no marcas y te pillan en una contra y tienes un problema. El problema alemán era obvio: octavos contra Italia y cuartos contra Inglaterra. Yo también hubiera preferido tener sólo a España hasta semis. Alemania lo intenta una y otra vez y Kroos maneja el partido pero, quizás, no tiene la autoridad en la selección que tiene en el Madrid. Hay balones que se juegan los centrales en largo teniéndolo al lado, hay paredes que no le devuelve Gundogan, esos detalles que benefician al equipo y lo encumbran a él y que aquí no se dan. Suiza no tiene tanto balón pero tiene más peligro en las contras.
Me siento en el escalón de la puerta de la cocina. Tengo una hortensia a cada lado. La grande, a la derecha, está imponente con sus flores rosa oscuro, ¿magenta? Juan P. me dice que debería saber especificar el nombre de los verdes del patio, de este diario, y lleva razón. Ese saber es el mismo del que habla Jenny Odell en “Cómo no hacer nada”. Ser capaz de nombrar nuestro entorno natural, los insectos, los pájaros, las hierbas silvestres, los árboles de nuestro barrio, de nuestro pueblo. Viene Anjana e intenta lamerme la cara. Le doy un beso en la cabeza y la alejo unos centímetros. Me lame los brazos. Se va y viene Milan que se deja caer sobre mis pies. Miro las parras, que necesitan que las guíe y que están llenísimas de uvas que espero probar este año si los gorriones me dejan alguna. La bignonia asoma por encima del emparrado con racimos de flores rosa pálido. Estoy sentado en el escalón, casi en el suelo, en la puerta de la casa, y pienso en cuando iba a Tanos con 20, 30, 40 años y veía a mis tíos, a mis tías, sentados en la puerta de la casa de la tía Tere. Alegres, tranquilos, siempre generosos y divertidos. Unos días estaban unos y otros días aparecían otros primos, primas, tíos o amigos. La tertulia cada día era diferente. Yo llegaba y por un rato era partícipe de aquella familia lejana que era mi familia también.
Cuando faltan unos quince minutos, y yo ya me estoy durmiendo, Nagelsmann quita a los dos extremos y mete a Sané y a Füllkrug. Supongo que es un cambio lógico pero no acabo de entender cómo quita a todo su talento del campo. Llamadme loco pero el Madrid necesitaría más, o jugaría mejor, con Füllkrug (o con Lukaku) el año que viene que con Rodrygo. Lo necesita casi tanto como el Granada necesita un CEO al servicio del club, inteligente, honesto y, a ser posible, que no sea nazi. Cuando me estoy lavando los dientes para acostarme y para despertarme un poco y ver el final, marca Suiza en una contra. Pero el VAR nos deja sin felicidad, sin castillos en el aire, y lo anula. Y los alemanes hacen lo que han hecho un millón de veces en un millón de partidos: centran al área a un tipo grandote y malencarado que sabe cabecear balones a la portería. Adiós a los planes de tener a Alemania fuera de nuestra parte del cuadro. Lo bueno: contra Alemania no tenemos presión, ellos son los favoritos y los que están obligados a ganar (y juegan parecido a nosotros, no se nos van a encerrar). Lo malo: cualquier tercero en esta Eurocopa nos puede ganar el cruce de octavos porque no tenemos a Villa y, en esta vida y en el fútbol, lo normal es perder. Como se pierden los mundos que tenemos en el recuerdo.
Hoy es San Juan, el día más triste del año.

Modric muerde su camiseta. Tiene casi 39 años y lo ha ganado todo: 6 copas de Europa, el Balón de Oro, todo. Muerde la camiseta y sufre más que cualquier aficionado croata. Sufre porque sabe que es su última baile, que se está yendo y que le queda poco fútbol, poco campo, poco balón. Tiene la vida resuelta, mucho más resuelta de lo que los aficionados quizás podamos imaginar, pero no dudo de que ayer lo pasó peor que el peor de nosotros. Eso es el fútbol. Eso es lo que no pueden entender los que hablan de industria, porcentaje del PIB o de que los jóvenes están en Tik-tok. En Málaga y en Córdoba miles de personas salen a la calle a celebrar que han subido a segunda división. Les da exactamente igual que haya un Liverpool – Juventus más o menos este año. Están deseando jugar contra nosotros, contra el Granada. Modric muerde su camiseta y piensa que Italia va a ser Italia y que cómo el árbitro ha llevado su tortura hasta los ocho minutos e Italia hace de Italia y un central se convierte en Baresi y un tipo que pasaba por allí la clava en el minuto noventa y ocho. Se acabó, piensa Modric.
Abel Ruiz ficha por el Girona y me alegro mucho. Es ya uno de los alicientes para el año que viene, ver cómo juega en el equipo de Michel. Sergio Ruiz y Gonzalo Villar siguen a día de hoy en el Granada y es el único motivo que tengo para renovar el carné de socio. Otra cosa sería que se fueran Amado y Aranguren.
Joselu coge un balón en el pico izquierdo del área grande, intenta recortar y tira a meta. No ha cometido una torpeza así en toda la temporada. Durante todo el año ha sido un jugador veterano, inteligente y generoso, que miraba por el bien del equipo. Pero el equipo ayer no se jugaba nada y él, quizás, todavía no ha firmado su nuevo contrato. Fermín recorta a la izquierda, fuera del área, sale a trompicones del regate y tira —mal— a meta. Tampoco le recuerdo una jugada así. Lamine descuelga un balón del aire, se gira mientras y se queda con espacio para avanzar hacia el portero, para disparar, pero busca a Morata y ese pase significa que no tiene nada que perder ni necesita ganar nada más. Que a su capitán le vendría bien el gol y que lo importante está por llegar. Cuando el objetivo no es primario: ganar, subir, no descender, llegar a fin de mes, pagar la hipoteca, surgen las dudas y la toma de decisiones se vuelve más compleja y difícil. Quizás inventamos la novela y la filosofía para pensar cómo podríamos tomar mejores decisiones, cuál es la menos mala de las decisiones, qué significa mirar por el bien propio y por el bien común.
Italia, aún perdiendo, era muy probable que entrara en octavos. Pero ir de tercero y no estar seguro es estar un poco muertos: jugar contra un primero de grupo, estar pendientes de que haya dos equipos a los que le valga el empate, que haya un equipo deprimido que se deje ir y reciba una goleada. Por eso ayer parecía que se jugaban la vida ellos también. Las cábalas con el cuadro son parte de la competición. El País traía un cuadro en una columna que está pegado en mi estantería, debajo de los vinilos que tengo que colocar bien de una puñetera vez, tapando los estuches de plumas, lápices, posits. Ahí estará doce días más.
Hemos pasado primeros de grupo. Laporte ve a Olmo que ve a Ferrán que marca y ganamos. El resto del partido es un no poder de Albania contra un ir viendo la vida de España. Sigo pensando que Olmo tiene que ser titular en los cruces pero, ay, ¿cómo quitas a uno de los niños? Italia ha sufrido hasta el último segundo y sólo ha logrado 4 puntos. Croacia está prácticamente eliminada y se va con dos empates. Tan cierto es que no sirve de nada lo jugado hasta ahora —será una alegría olvidada si perdemos en octavos, como la goleada a Costa Rica— como que los tres partidos han sido impecables. Ganar, qué bien sienta.
Pobre Modric. O quizás no, porque su imagen de niño que muerde su camiseta nos recordará siempre qué es lo importante en el fútbol. Qué es lo importante.

Es viernes y noto la sensación de libertad que da tener dos días y casi medio por delante sin trabajar. Estoy en el patio, oyendo caer el agua en el mini estanque que ya tiene bomba y filtro y empiezo a leer “Crimen y castigo” —en la edición de Alianza— con esa mezcla de ilusión y estupor que tengo cuando me enfrento a uno de los Monumentos de la Literatura. Fantaseo con que voy a sacar tiempo para ver los dos programas de TVE sobre la Eurocopa de los dos días que no he logrado ver: martes y miércoles. Cuatro partidos enteros perdidos. Ocho equipos. Nada. Cero. La vida.
No logro sacar tiempo, obviamente. Milan está en mis pies y la bomba del estanque-bañera suena en demasía, como si el rotor rozara o se hubiera torcido. El sonido del agua es agradable; el ruido de la bomba, no. Entra un chaval en la librería hablando por los earphones. Su mundo es su medio metro. La tienda está silenciosa, es primera hora de la mañana y todavía no he puesto música. Ni siquiera el disco del año pasado de Glen Hansard que estoy empezando a oír obsesivamente. Pasea y la conversación lo envuelve. Un par de mujeres jóvenes al fondo y yo lo miramos con disimulo de vez en cuando, queriendo no oír su conversación. Al poco, vuelve a esta dimensión, me pide consejo sobre qué comprar y se lleva a Petterson y a Mankell y es amable y simpático.
Pongo el Francia – Polonia en la librería, en el tercer escritorio del Windows. Lo oigo de fondo mientras trabajo pero hay gente y tengo el volumen flojito para que no sea molesto y no me entero de nada. Mbappé juega con la nariz rota. No sé qué pensar, no sé. Un chaval me pregunta como va y compra “El largo adiós”. Hay más goles en el otro partido y pienso que me he equivocado al poner Francia como si lo estuviera viendo. Veo, ahora, domingo, el resumen de Francia. El 433 mola si tienes a Modric y Kroos o a Xavi e Iniesta. Pero tres mediocentros defensivos, cuando tienes la mejor plantilla de la Eurocopa en talento y físico, parece demasiado cicatero incluso para un tipo tan triste como Deschamps. Kante conduce una contra —en el resumen— y no ve a Mbappé que está solo. Su trabajo no es ver. Mbappé tiene una y otra oportunidad y siempre le falta algo. Polonia empata. Deschamps se va de un grupo con equipos de clase media con dos empates y una victoria. Los cruces son otra cosa y ellos no pierden, pero ofrecen tan poco para lo que tienen que ojalá los eliminen lo antes posible. Así no hay quién pueda ser afrancesado.
Veo —también— el resumen del Holanda – Austria. La defensa holandesa tira mal el fuera de juego en dos de los goles. Koeman, cuando lo oyes hablar, parece buen entrenador pero luego ves esto y piensas en Albelda y lo que hizo en Valencia, lo que hizo en Barcelona e igual no le llega para ser seleccionador de Holanda. Nosotros tenemos a De la Fuente, ampliamente halagado por la prensa de la M-30, qué vamos a decir. Austria parece un buen equipo todo el rato; lástima que Alaba no haya llegado (y qué arte irse en el cuerpo técnico, el fútbol no es sólo un negocio, no). ¿Sabitzer? ¿El del Borussia?
Llego a casa a tiempo de ver a Inglaterra contra Eslovenia. Le hago poco caso al partido porque estamos cenando y hablamos y esas cosas. Estoy muy cansado. Inglaterra juega con poco espíritu y parece demasiado equipo para su entrenador. La Champions —que es cáncer y maravilla del fútbol moderno— nos ha acostumbrado a un tipo de entrenador sabio que no comete errores normalmente y que siempre es bastante avanzado. En la Liga o en la Premier sucede igual: el que pone al Cacique Medina lo paga rápido y cruelmente. En el fútbol de selecciones caben tipos simpáticos, educados, que no molestan a la prensa ni al presidente de turno y que —como ganar es tan complicado— siempre arman una buena excusa. Recuerdo que hace años —quizás todavía en el local de Buensuceso— tenía una pegatina en la puerta que ponía prohibido móviles. Era demasiada pose. Pero hay algo que agrede a mi pudor cuando veo, y oigo, a la gente ensimismada en otra conversación. Me llega el tomo de Naipaul de los tres viajes a India en inglés y es fantástico. Empiezo el prólogo de Theroux y lo entiendo bastante bien. Ahora sólo me falta comprarme los cientos de horas necesarias para leerlo. Empate a cero, con Kane, Foden, Bellingham y todos los demás. Con los ingleses nunca se sabe si son un fraude por el entrenador, porque son un fraude como vemos casi cada año en las competiciones de clubes y, también, cómo lograron sostener un imperio y no logran un 442 medio decente. En el resumen reafirmo lo que pensé el otro día: me gusta Rice.
Es miércoles y la vida —la vida normal, la de todos los días, la que no recuerdas la semana que viene— está dispuesta a atropellarme. Tengo día de jornada continua hasta las cinco de la tarde en la librería pero vienen M. y el Pequeño a recogerme y salgo una media hora antes. Vamos a comprar a Centro Reto. Encuentro una taza inglesa chulísima. Parece que sí saben hacer tazas. Compramos cosas variadas entre las que está una botella de cristal de las que tienen un grifito abajo para servir el líquido. Planeamos quitarlo y usarla de segunda etapa del filtro del estanque. Cuando llegamos a casa lo quita el Pequeño, la llena de piedrecitas porosas y metemos la goma por la boca de la botella. Funciona. Hay que buscar una goma bonita y regular el caudal de agua pero ya tenemos filtro para el estanque y ruido de agua en el patio. Está jugando el grupo E y ni siquiera lo pongo. Intento descansar un rato pero no lo logro. Leo a Naipaul, que estoy acabando “India, tras un millón de motines” y necesita tiempo y cariño para disfrutar las últimas páginas. Me da pena acabarlo, a pesar de todo el tiempo que me ha costado leerlo y de las ganas que tengo de que se acabe. Rumanía y Eslovaquia empatan, como estaba previsto. Veo el resumen y parece un partido normal, pero en los resúmenes todos los partidos son el mismo: llegadas al área, tiros a meta, caras de intensidad. Si en la literatura existieran los resúmenes de mejores jugadas, Cercas sería como Tolstói.
Ucrania empata a cero con Bélgica y está fuera.
Finalmente, me llama J.M.R. porque tiene mi entrada para la “Missa solemnis” de Beethoven en el Palacio de Carlos V. No podré ver ni Portugal, ni a los checos, ni a Güler, que sigo sin saber si es tan bueno. Gracias, RTVE, por poner siempre los mismos anuncios en los partidos y los resúmenes: he visto la estupidez del anillo un millón de veces y casi las mismas el del peso del país. Los pobres, con lo que pesa un país. Turquía nos elimina —a los checos— en el último minuto del descuento. Como a los croatas Italia. Güler no sale en el resumen nada más que pidiendo el balón y sin que se lo den. Portugal pierde con Georgia y es que parece claro que son un candidato al título, por talento, por jugadores, tanto como que son uno de los equipos más ridículos por carácter, por cómo ganan y cómo pierden. Tienen a Pepe y a Cristiano, todavía, a Joao Félix con sus aires de conde ruso en el París de entreguerras. No, no. Dejad jugar a Vitinha y sed serios, por favor.
El Palacio de Carlos V es un marco imponente. La Orquesta Nacional de España es una gran orquesta y la Missa es mi obra favorita de Beethoven. Cuando voy a conciertos de clásica me siento muy impostor: me gustaría saber más para entender mejor. Conocer el lenguaje musical para disfrutar más. Sin saber, la Missa me lleva a un viaje por la muerte y la vida, por la tristeza más profunda y por el infierno más tenebroso; también es un canto a dios y a la totalidad. Ojalá me hubieran dicho, de niño, que ser católico era creer en esta misa. A mi lado se sienta un señor con pinta de saber cosas y de ser de Madrid. Al día siguiente leo la crítica que hace en Scherzo, que pienso que escribió en la pequeña Moleskine que llevaba en el concierto. No se puede ser más corta rollos ni más pejigueras. Me quedo con mi no saber y con mi fantástica impresión del concierto. No pude ver la última jornada de grupos pero estuve cerca de dios casi un par de horas.

La Eurocopa me estresa. La Eurocopa me deja sin tiempo: me paso el día corriendo para sacar tiempo extra y ver partidos o escribir sobre partidos o pensar en partidos o pensar en cómo escribir sobre partidos. Mi día a día es tan frágil en algunos equilibrios que pretender ver una Eurocopa durante varias semanas (no dura 24 días, dura 31 días, qué error) me supone mucho estrés. Es absurdo, por supuesto, pero también es absurdo que un tipo con casi cuarenta años y cinco Balones de Oro y cinco Copas de Europa se eche a llorar porque falla un penalti en un cruce de octavos (en un partido empatado, ni siquiera era un penalti para sobrevivir) porque quiere marcar en seis Eurocopas y batir un récord.
Es sábado y tengo tiempo. Suiza – Italia. Voy a ver a Xhaka con tranquilidad. Donnarumma sí es un gran portero con Italia, no el chaval dubitativo que vemos en Champions. Xhaka salió del Arsenal y se fue al Bayer Leverkusen en lo que parecía un paso atrás en su carrera pero ha sido como si diera dos adelante. Quizás la confianza o lo que le haya ayudado Xabi Alonso o, simplemente encontrar su sitio y la madurez para desarrollar su juego. En lo que he visto del torneo, ningún jugador es tan importante para su equipo como él para Suiza, que es, con Austria, la sorpresa agradable de la Eurocopa. Akanji se acerca a Rieder y le habla antes de lanzar una falta. No le está mandando pero si guiando. Durante todo el partido interpreta el juego y sabe qué hacer. Él y Xhaka manejan el partido, el ritmo y las situaciones. Italia tiene un gran portero, Barella y Chiesa. Qué poco tiene Italia. Los partidos contra ellos solían ser infinitos por carácter, por mentalidad, pero también por Totti, Pirlo, Baggio o Antognioni, pero éste se está acabando pronto: Suiza es muy superior táctica, técnica y espiritualmente. No sé si el 7, Embolo, es tan bueno como para parecer tan indolente. Hace una buena jugada, tira a meta y Donnarumma hace un paradón y él se queda quieto, lamentándose, pensando en la vida y la playa y qué café me tomaba y el balón vuelve y él está en fuera de juego. Hay cosas que Raúl y yo jamás perdonaremos en un campo de fútbol. Cuando ya va el partido dos cero, Suiza se repliega un poco y deja a los italianos mirándose a sí mismos y al balón. Quizás Suiza haya humillado a Italia como Bezujov hizo con Napoleón: les dejo el centro del campo —Moscú— pero la guerra la iban a perder. Xhaka es Bezujov y mueve tropas con tranquilidad y con la mirada larga del que sabe qué es importante en cada momento. Ay, si tuviéramos un Xhaka en la izquierda española.
Todos los partidos de octavos hasta ahora son variantes del mismo argumento, como si los escribiera un Marcial Lafuente Estafanía renacido (o Ed Brubaker). Empieza la batalla con igualdad, hay cierta inquietud, cierto suspense sobre si el héroe (bueno, sobre el equipo grande) ganará y al final de un modo u otro, el grande vence. Sí, Suiza es el grande e Italia el chico: lo sorprendente no es que los hayan eliminado esta vez; lo que debería sorprendernos es que esta banda de trileros haya ganado tanto, tantas veces.
Por la mañana hemos ido a un vivero nuevo, en Atarfe y hemos comprado una enredadera que tiene un nombre tan bonito que sólo por el nombre ya había que comprarla: linterna china. (O japónica, según la prosaica dueña del vivero). También lechugas de agua y tierra para trasplantar macetas, que transplantaré cuando acabe el fútbol.
Ves la cara de Gundogan en el túnel de vestuarios y ya sabes que ahí hay un rival de verdad. Alemania juega mejor que Dinamarca, pero salta la sorpresa y gol. Anulado. El VAR. Un fuera de juego por un milímetro es fuera de juego, no hay duda, y estas no son las líneas de la liga española que pueden estar en cualquier sitio del campo si es conveniente, pero un milímetro igual no es el espíritu del juego. En la siguiente jugada un penalti que no ve nadie por una mano involuntaria. El partido se rompe y Dinamarca también. El árbitro tiene unas ganas innobles de que gane Alemania. Y ha sido todo limpio, sin duda. Pero el árbitro ha logrado que me olvide de que en el campo está Toni Kroos y acabo animando a Dinamarca.
El amague de Wirtz en su gol es el mejor momento del campeonato, es como cantar “hoy es dieciocho, y ella se ha ido” o escribir “la edad en la que una ventana es cualquier aventura, y un regalo el olvido”. Me parece irrelevante que estuviera o no en fuera de juego.
Me encanta esa forma de ver los campeonatos como la Eurocopa o el Mundial en la que animas intensamente a un equipo hasta que pasa algo en el campo y celebras un gol del otro equipo, o hay un error del árbitro y ya vas con los otros, o Musiala hace un quiebro imposible y qué bien Musiala y oh, Eriksen qué inteligente eres y qué susto nos diste hace tres años. Pararon el partido por una tormenta y salieron los voceros del pasado quejándose. La civilización avanza a pesar de esta gente. Celebremos que hoy la prioridad es la seguridad de todo el mundo y no el partido. (Que se continúa después y no pasa nada, señores, que vosotros sí que sois de cristal).
Pocas cosas me dan más envidia que el aburrimiento. El aburrimiento bueno, no el de los partidos de Inglaterra. (Gracias, Alberto, por la puntualización). La edición de “Crimen y castigo” tiene continuos errores de discordancia y algunas erratas: me saca de la lectura. Encargo la de Alba. Si voy a leerlo, que sea lo mejor posible. Inglaterra parece cualquier cosa menos un equipo competitivo, salvo que leas su alineación, llena de estrellas. Y Tripier, y el portero que parece el pipa de los Pogues con lo poco tranquilizador que puede llegar a ser eso. Eslovaquia —Eslovaquia— parece que juega con dos o tres más. Southgate no acierta a colocar con orden a los jugadores. Bellingham, que es maravilloso, rinde menos de media punta que partiendo desde el interior izquierdo, como han visto Carlo y media Europa este año. Foden, ahí, no es tan peligroso como suelto por el centro. El 4231 es una trampa mortal porque a veces sólo tienes a dos en el medio y demasiadas veces partes el equipo. Echo tanto de menos un 442 bien tirado. Pero las estrellas son estrellas porque en el noventa y cinco, con toda Eslovaquia abriendo barriles de Pilsen, Bellingham se inventa una chilena y un golazo. En la prórroga la lógica hace el resto.
Qué poco dura la alegría en la casa del pobre, tantas veces, demasiadas veces.

Hay un desierto justo antes de los cuartos. Dos días sin fútbol. La consciencia de que sólo quedan siete partidos, de que llegará la final y luego el páramo del verano y las noches a treinta grados y se mantendrá la estupidez perenne en la prensa española deportiva (y en la otra, pero igual algo menos) y el Granada no se venderá y no volverá a ser un club decente y los voceros de Florentino seguirán haciéndole un masaje perpetuo. No me gusta nada que España juegue el primer partido de cuartos porque eso ya condiciona todo: no ves emocionalmente igual los demás partidos si ya eres neutral pero estás jodido que si eres parte y buscas lo mejor para tu equipo.
España sale con los titulares. Creo que fue en 2008 cuando jugamos casi todos los partidos con los mismos once y la prensa decía que Luis estaba destrozándolos y que no iban a aguantar. El partido empieza con España torturando a Georgia. No creo que seamos favoritos —tampoco contra Alemania— pero es cierto que ningún otro equipo tortura así a los rivales y se lo hemos hecho a ratos a todos, hasta a Albania con los suplentes. Pero Georgia tiene un plan y un trabajo previo de scouting impresionantes y la respuesta es muy eficaz: gran contra por banda y desastre de Le Normand que marca —como todo el mundo— en propia meta. Desde el minuto dieciocho al treinta y nueve salen todas las dudas y todas las carencias del equipo. Los georgianos siguen con su plan y nos sacan los colores en cada contra. Tremendo el trabajo de Willy Sagnol, una de las figuras del torneo. Pero Rodrigo engancha una y luego Lamine le pone un regalito a Fabián y qué dos mediocentros tenemos y se acabó el partido. Porque no le podemos pedir a Georgia que tenga un plan para remontarnos porque tienen un jugador fantástico, pero sólo uno: Kvaratskhelia.
Viene el bisnieto de un conocido intelectual granadino a la librería con un señor inglés, mayor. Buscan un libro de su antepasado, pero parecería que sólo quieren ver cómo está valorado, si sigue siendo conocido. Sí, sigue siendo conocido y leído. Su madre también escribió un libro. Está disponible todavía pero no lo quieren. El inglés está leyendo un libro de un viajero romántico por Andalucía, en una antigua edición inglesa, que ha reeditado ahora Renacimiento. Pienso en Somerset Maugham llamando “animalito” a su amante sevillana. Busco el libro que querían en la red, lo encuentro, pero no lo quieren. Van cambiando del inglés al español en su conversación. Se sorprenden en algún momento —con disimulo— de que conozca éste o aquel libro. Siento una pizca de odio de clase.
Todo lo hecho hasta ahora es parte de la rutina: ya hemos cumplido, ya no es un fracaso el torneo. Pero ahora empieza el torneo de verdad, Luis Enrique nos llevó, con todavía menos mimbres, hasta las semis. No somos favoritos ante Alemania, pero tampoco somos una banda. Supongo que el partido dependerá del acierto frente al gol y de quién domina el centro del campo y quién se queda con el balón. Qué decepcionante la columna de hoy de Galder Reguera alardeando de no saber. A mí me encantaría saber de fútbol e interpretar mejor los partidos tácticamente. Hay una tendencia a favor de la estupidez en la prensa que personifican Roberto Gómez (una garantía al nivel de Felipe González: siempre en el bando contrario) y los que usan “panenkita” como insulto para denominar a los pocos periodistas —como Quintana— que piensan que sus oyentes, sus lectores, no son imbéciles, no dan voces ni insultan y, además, intentan comprender y explicar el juego.
Después del partido viene la ansiedad a verme. No quiero verla y apago la luz, dejo a Dosto y pongo la radio: me duermo y se va.

Escribo un texto absurdo, a salto de mata, después de fregar la librería, un poco antes del partido: cuando pillo. Si no se vende, hay que fregar, mirar las luces, comprobar los escaparates, las mesas, ¿están bien puestos los horarios? Normalmente no sirve de nada porque las causas suelen ser más profundas pero es lo único que está en mi mano hacer. ¿Cómo será vivir sin estar pendiente del dinero todo el rato, todo el tiempo? Sin mirar las cuentas bancarias cada mañana, sin temer al fin de mes. Oigo a Glenn Hansard mientras friego y recuerdo los primeros años cuando todavía fregaba la librería todas las mañanas, como si fuera un bar, como si fuera la Burbuja, y todavía bebía y fregaba oyendo el “Agila” y con mal cuerpo. He soñado con un hermano que ya está muerto. Am. y yo hablábamos con él sobre el concierto de los Planetas. Las edades de todos no concordaban y la conversación era amable y tranquila y ha sido bonito volver a estar junto a él. Hoy cumpliría sesenta y seis años otro hermano que también está muerto. Él me llamaría después del partido para comentarlo y hablaríamos un poco aunque no me guste hablar después de las derrotas y, quizás, tampoco después de las victorias. Pero, joder, cómo me gustaría hablarlo con él. Francia juega a lo que siempre creo que juega mientras trabajo en la librería. Escucho lo que puedo y de repente marcan un gol y ganan. Siguen siendo los máximos favoritos. Tengo ganas de ver cómo se comen en la capital del reino a una estrella que hace un discurso —por tibio que sea— antifascista. Aunque lo disimule con lo de los extremos y esas bobadas. Quiero ver esas caras de ese palco del Bernabeu rebosante de nacional-catolicismo leyendo el Marca con la cara de Mbappé y ver cómo disimulan, miran para otro lado, tapan o ningunean. Ojalá le vaya bien, porque no van a olvidar. Portugal – Eslovenia: en mi casa hay una población flotante y está bien así: estas son las familias del siglo XXI, gracias a que disfrutamos de cierta libertad y a que la Iglesia y sus huestes han perdido muchísimo control sobre nuestras vidas. Es lunes y estoy solo para ver el fútbol, Trapa y Milan se sientan conmigo como siempre que estamos solos. Portugal me aburre con su quiero y no puedo y hago algo tan antiguo como irme a la cama a oír por la radio la prórroga. Cristiano falla un penalti y rompe a llorar y todos pensamos que quiere batir otro record. Este hombre es el peor enemigo de su propio legado, de su propia imagen. Ganan los vecinos en los penaltis. No creo que sobrevivan a Francia. Holanda golea a Rumanía mientras trabajo y apenas veo los goles. Tengo esa horrible sensación de final de campeonato en el que te da pena todo lo que no has visto: no he visto a Rumanía apenas. Xavi Simmons juega bien y tampoco lo veo. Austria – Turquía por la noche. Llego tarde, me entretengo hablando por teléfono en el segundo tiempo: soy un pésimo aficionado. Hoy empieza el campeonato de verdad, el que les importa a los que les importan los resultados, ganar y esas frivolidades. Pero el fútbol, el fútbol de los que nos gusta ver qué extremos tiene Rumanía y cómo juega el central de Austria, se acabó el martes. España salta con el once habitual. Me alegro por Pedri y lo siento por Dani Olmo. No somos favoritos y voy a ver el partido con la tensión de las grandes ocasiones. Gloria eterna a Kroos que ha hecho algo tan asombroso como ser un buen tipo siempre. Anoche empecé la antología de poetas de la Gran Guerra de Ben Clark y me estremeció Wilfred Owen. Dostoyevski retrata la Rusia de la gente normal, nada que ver con la de Tolstoi, pero hace un retrato tétrico en el que no hay nadie normal dentro de la gente normal. Hoy empiezan los partidos de verdad y juega España y probablemente perderemos y vendrán los análisis de siempre y apagaré los medios y no querré comentarlo con nadie y leeréis esto cuando ya no tenga ningún sentido y ojalá me llamara después del partido.

“Sobre todo no estoy preocupado por la poesía.
Me ocupo de la guerra, y de la pena de la guerra.
La poesía está en la pena.”
W. Owen.
Un gorrión llega al comedero, picotea un poco, baja al estanquito, bebe y se va. Ganamos: todo parte de ahí. Nada de lo que escriba o piense escapa de esa premisa. Si el cabezazo de Merino se hubiera ido al larguero y hubiera salido disparado hacia el cielo de Stuttgart, si Joselu o Nacho hubieran fallado el quinto penalti, nada de lo que dijera ahora sería igual. Vivimos colgando de un hilo para las cosas importantes, para los análisis médicos, para perder o ganar un trabajo, para entrar o salir de la autovía un poco antes que ese audi con narco que hoy va pasado de vueltas y se va a llevar a alguno de nosotros por delante; igual con el fútbol: son detalles y no tener mala suerte. ¿Cuáles son las diferencias entre las Alemania y España de ayer? Poquísimas. Vamos a comer a Las Terrazas al volver de trabajar. Es uno de mis no-place favoritos aunque ayer había bastante gente, demasiada para mi gusto. Obreros buscando un plato de comida casera y turistas que paran en el bar de carretera que también es. La otra vez que vine volvía del hospital y M. estaba todavía en Pune y era domingo y no había nadie. Los macarrones son caseros y es justo lo que estoy buscando. Llego a casa, pongo el aire acondicionado, siesta, escribir: España sale con los de siempre. Casi en el primer minuto, Morata deja solo a Pedri que tira flojo, mal. Poco después Kroos le hace una entrada a Pedri de las que sólo hace algunas noches a partir de abril con la mala suerte de que lo lesiona. El árbitro es experto en estas lides y no le va a sacar tarjeta al mediocentro del equipo de casa salvo que salpique la sangre. Sale Olmo que tiene un nivel parecido al mejor Pedri. Los dos equipos defienden peor que atacan, nosotros tenemos a Carvajal y ellos a Rudiger y poco más. Si el nivel actual de Kimmich es el visto en la Euro, ojalá lo fiche el Barça. O no, que la Liga tiene que tener algún interés. Alemania juega más duro que en los partidos anteriores y eso es una muestra de respeto. Musiala aparece menos que Lamine y Nico, y Sané hace uno de esos partidos en los que se justifican sus suplencias. En el descanso, De la Fuente cubre el riesgo de jugar con un central con tarjeta y sale Nacho. Nagelsmann pone, por desgracia, a Wirtz que probablemente es el mejor alemán en el partido. Marca España y entramos en otro escenario: ¿qué hacer? Porque no somos un equipo pensado para ir ganando contra rivales grandes. No tenemos un plan para esa situación. ¿Por qué España no tiene un par de sistemas defensivos trabajados y ajustados? ¿Por qué ayer no cambiamos al 442 o al 433 para tener menos vértigo y controlar más el juego, el partido? De la Fuente muestra sus carencias y hace unos cambios extraños en los que deja al equipo en tierra de nadie. Wirtz aparece cada vez más y Alemania empuja y disputa cada balón como si fuera el último y qué estábamos pensando, ¿que iba a ser fácil? Cuando marca Wirtz —qué pesadilla—, el horizonte se llena de tormentas y en la memoria aparecen noches como esta: Joaquín en Corea, Raúl contra Francia, la espesura belga en México, tantos días, tantas vidas. Pero si los alemanes tienen a Wirtz, nosotros tenemos a Dani Olmo. Y a Carvajal, que despliega todas sus buenas y malas artes durante la prórroga y las estira tanto que, cuando ya sabe que no juega las semis, acaba expulsado pero sabiendo que el trabajo, su trabajo, está hecho. Vamos a echarlo de menos, aunque el juvenil que es Navas, también da garantías. Dani Olmo acapara el juego sabiendo, él y los demás, que es nuestro hombre. En un centro milagroso, Merino dibuja en el aire un póster de cómo hay que rematar de cabeza. Gol. Qué alegría. Una alegría de esas chicas, de esas que crees que nunca van a pasar pero sí y ya sé que es fútbol pero qué bien.
Paseamos a Milan y al volver ya están jugando Portugal y Francia. Voy con Portugal por dos motivos claros y nada kantianos: no quiero de rival a Francia y con Deschamps no hay manera de ser afrancesado. Vitinha no se basta para desmontar el fuerte francés. Quizás poner ciento veinte minutos a un delantero de cuarenta años no es lo más inteligente. Quizás que falle el penalti el que todos pensábamos que lo iba a fallar significa algo. ¿Francia no tiene centrocampistas que sepan jugar además de defender? Camavinga lo hace en el Madrid: no es Kroos ni Pedri, pero sabe jugar. Algo más podrían ofrecer. Pero esta Francia sólo quiere ganar. Leo hoy que lleva más de diez años sin perder un partido en los noventa minutos en un campeonato, ¿por qué van a cambiar? ¿qué significan la belleza y la diversión si vuelven a estar en semis? Portugal podía acabar perdiendo en un fallo defensivo de Joao Cancelo o en un penalti fallado de Joao Felix. A veces, el destino, no por sabido es menos cruel.

Se rompe una rama del manzano fuji y me siento muy culpable: tenía que haberlo cuidado. Salgo al patio después de acabar el post sobre el viernes. Siento la sensación de siempre de haber olvidado cosas importantes, de ser banal, repetitivo, el temor a prestarle atención de más a las redes. Y veo el manzano. Se le ha quebrado una rama grande, importante, que sale de la base de la copa, por delante, en el centro. Está repleta de manzanas y no ha soportado el peso. Me siento como si le hubiera fallado a uno de les niñes, como si el manzano pudiera hablarme —tal vez lo esté haciendo— y me recriminara no haber estado ahí. El Pequeño me dijo que teníamos que quitarle manzanas pare aliviar el peso, que estaba demasiado cargado. Mi padre sabía curar esto. Pensé atar las ramas al tronco y compensar el peso del final de las ramas para que no se vencieran. No lo hice, no he tenido tiempo, he estado en otras cosas. Cojo el rollo de cuerda de esparto y hago un nudo en la rama, la levanto con mucho cuidado intentando que las dos partes de la rotura coincidan y la subo, no demasiado, hasta que la fractura está casi cerrada. La ato firme. Busco bridas y le pongo dos en la fractura, intentando cerrarla todo lo posible. Sacudo un poco el árbol, con cuidado, y recojo todas las manzanitas que han caído al suelo. Le quito más a la rama dañada. Lo miro y lo remiro y veo que no sé hacer más. Creo que mi padre vendaba estas fracturas con trapos mojados en barro, pero no recuerdo bien si era así y no sé si tiene sentido hacerlo. Limpio el arriate nuevo de campanillas y Don Pedros, que están agobiando a los claveles, a la vinca, a la tradescantia, al único calabacín que los caracoles han respetado. Cojo unos pocos ajos y alguna patata que sigue quedando sin recoger. Vuelvo a la terraza y miro el patio: me pide trabajo y tiempo y cuidados. Este año ha sido la Eurocopa la que me ha despistado y ahora voy tarde con todo. Me subo a las escaleras y coloco algunas ramas de las parras que se iban hacia la casa de los vecinos. Hay uvas. Muchas. ¿Nos dejarán probarlas los gorriones?
Igual Inglaterra es así. Quizás no es culpa de Southgate, aunque algo habrá, y sólo hace lo que puede. Con Orenga, Pau parecía un mediocre y Solari estuvo a punto de retirar a Kroos, Modric y Benzema hace dos Copas de Europa. Quizás la Premier tenga un tipo de juego diferente, menos táctico y más rápido y al llegar a Europa les cuesta. Aunque han jugado la final de la última Euro y están en semis en esta. Suiza e Inglaterra juegan el típico partido plomizo de selecciones que no pueden perder. Suiza domina más pero no hay oportunidades, no hay casi nada. Hasta que Suiza marca y Southgate hace lo que hacen los malos entrenadores en estos casos: amontona delanteros. Saka mete el gol que metía siempre Machís en Granada y nos vamos a la prórroga. Podría haber una norma para partidos plomizos en los que se fuera directamente a los penaltis y ahorrarnos sufrimientos. Falla Akanji el primero y ahí se acaba Suiza. Qué injusto que el que ha sido uno de los mejores centrales del campeonato se vaya así. Fútbol es fútbol e Inglaterra está en semis.
Estoy harto de tv. Muy harto. Normalmente veo muy poco la tele. Un par de partidos a la semana y algún rato de programas sobre cocina mientras como. si estoy solo. Si están les niñes o M. veo alguna serie, pero también poco rato. La Eurocopa es una sobredosis. Me salgo al patio y no sé por dónde empezar: por las macetas que hay delante de la ventana de la cocina. Hay que regular riegos, barrer, colocar bien para que cada una tenga la luz que necesita y para que parezca que tienen cierto orden. En el patio, moviendo riegos, haciendo pequeñas cosas que luego son bonitas, pasa el tiempo volando. Tengo un ficus que está creciendo muy bien que pero que necesita un poco más de agua. Las aromáticas del poyete de la cocina tienen todos los riegos mal puestos. Me gustaría poner las aromáticas en macetas similares y con una bandeja grande para todas, para que el agua no goteara. Fantaseo con que en vacaciones voy a tener tiempo y voy a pintar toda esa parte de la fachada, que está fea de la humedad de las plantas. Corto el perejil mucho, le dejo sólo un par de centímetros, para ver si renace y vuelve a dar hojas comestibles. Se hace de noche. Nos vamos con Milan al paseo. Hacemos el que bordea el camino del Cortijo del Aire, sube por el olivar y baja por la colina que hay al este del Chaparral. Unos dos kilómetros y medio, lo suficiente para estirar las piernas y que Milan recupere el buen humor porque hoy lo ha lavado M. y le ha echado una pipeta y está traumatizado. El perro también es de la casa para estas cosas. Vuelvo y veo los últimos minutos de la España de basket que gana con más juego de equipo que talento a Finlandia. Me entero de que Bahamas es temible y pienso si mañana también voy a ver la tv. Turquía va ganando pero Holanda remonta. Veo el resumen: Güler pone un gran centro. Holanda empuja y empuja hasta que marca. Turquía, ya sí veo el final, muere asediando la portería holandesa. La única forma decente de que te eliminen. Las semis parecen una cumbre del norte de Europa para subirnos la prima de riesgo con los de la City de Londres de invitados especiales. Jódete, Merkel, que os hemos eliminado. Aunque sólo fuera por eso ya deberíamos ganarles. Leo a Girardino por la noche y habla del ascenso del fascismo en Europa central. Esta mañana, mirando una antología de Penguin de poetas de la IWW leo que en la Europa continental había más preocupación por la guerra que en Inglaterra antes del 1914.

—¿Te hace ilusión el partido de esta tarde?
—No, no funciona así.
Llevo a Sf. a Granada de camino a la librería por la tarde. No sé cómo explicarle que la ilusión no es aplicable al partido de esta noche, que es otra cosa, diferente, en un sentido un tanto extraño, que es algo visceral, un poco primitivo y, a la vez, ingenuo como un partido en el patio de un colegio. Quieres que ganen los tuyos. Hablo con ella intentando que no se note la ansiedad que tengo, que ha aparecido al mediodía, de repente. Vino MP. a por un libro de young adult para su hija, que hace exactamente dos días era un bebé. Criticamos a unos y a otros y qué alegría verlo y ahí está la puta ansiedad. El aire entra directo en el estómago pero no llega a los pulmones, como si el cuerpo equivocara sus funciones, como si fuera un aviso de que algo va mal y debiera tener cuidado. Tengo las pastillas de Lex en la mochila pero no puedo usarlas de rescate porque me dejan sin empatía, pero ver un partido que voy a vivir con toda la intensidad y todos los nervios no va a ayudar con la ansiedad. Pero si me tomo una pastilla no voy a sentir el partido. Hace años que odio tomar cualquier sustancia que altere mi capacidad de sentir, de comprender. Llego a la librería y hay un señor con tres perros y su pareja. Resulta ser Jg. que venía a la tienda cuando estaba en Buensuceso. Los perros los ha ido recogiendo de atropellos varios y me parece la mejor forma posible de tener tres perros. Hablo un rato con ellos y está un poco exultante. No, no puedo tomarme un café, voy a trabajar. Creo que viene buscando un mundo que ya no existe, el de su juventud, cuando era un estudiante, en el que fue, quizás, feliz. Respeto mucho esa valentía y siento que igual no estoy a la altura de sus recuerdos. Al rato aparece MT y me da alegría verlo y le vendo “Apocalipsis suave” y me da pena el recuerdo de Jesús y no soy capaz de preguntarle si siguen tocando. No hay nadie en la librería, tengo jaqueca y ansiedad y decido cerrar antes. No me gusta saltarme los horarios porque es, quizás, una falta de respeto al que venga, pero también es cierto que una de las pocas ventajas de ser autónomo consiste en tomarte estas libertades. Cierro y no siento culpa. Llego a casa y hay un pequeño desastre en un mueble de la cocina. Limpio, friego, tiro, limpio y cuando llego al partido lleva un minuto. Me siento un poco fuera de sitio y no logro concentrarme en sólo ver el partido. Relaño dice que a Morata le perjudica su victimismo. Es decir, le perjudica que se queja del bullyng general que le hace todo un país. No, Relaño, no, la víctima es Morata. Ayer, en El País un artículo bien escrito e inteligente analizaba desde el fútbol todo lo que hace bien por el equipo dentro y fuera del campo. Una forma de ser buenísimo es hacer lo que hace Morata. Lo que hacía Benzema cuando estaba Cristiano en el Madrid. No os metáis con Morata. Al principio, Francia es la subcampeona del mundo, que ganó el anterior mundial, que lleva diez años sin perder un partido en una fase final en los noventa minutos de juego; y España, la selección que pienso que es: un muy buen equipo con algunas carencias graves que nos pueden destrozar. Gol de Francia. No está Carvajal, que es nuestro defensa de más nivel. Laporte, quizás, no está como hace tres o cuatro años. El partido se pone muy complicado. El rival es buenísimo en lo suyo y, probablemente, la mejor defensa del mundo. Vamos perdiendo, nuestras estrellas ofensivas son dos chavalillos, un tipo que se exilió a Croacia para jugar y el delantero al que hace bullyng todo un país. Pero todo eso no se lo han explicado a Lamine. Tardé veinticuatro años en ver ganar a un equipo español la Copa de Europa —al Barça de Cruyff, que sin ser yo nada de eso, celebré su victoria como nuestra que era—, veintinueve en ver al Madrid ganarla, cuarenta en ver a la selección ganar una competición. No es fácil ganar. Lamine nos ha convertido a todos los escépticos. Al principio del campeonato pensaba que era demasiado pronto, demasiado riesgo, que es un chiquillo (que lo es) y que podían, podíamos, joderle la carrera. Pero es un elegido. El primer día ya tiraba las faltas, repartiéndoselas con Nico, que es otro elegido, pero humano. Lamine puede ser un tipo que marque un par de décadas del fútbol. Coger la pelota en la frontal, en semis de una Eurocopa, perdiendo contra Francia y empezar a amagar hasta que encuentras el hueco y clavarla en la escuadra del palo largo es de ser muy extraterrestre. Da miedo los nombres que se me ocurren en las comparaciones pero el nivel es de Raúl hacia arriba. Ojalá lo cuiden y no se vuelva loco y no tenga lesiones. Hubo algo fantástico en la cara de los franceses: un esto no nos pasa a nosotros maravilloso. Que España iba a jugar bien ya lo sabíamos, desde 2008 casi siempre jugamos relativamente bien aunque a veces no nos llegue para ganar. Que España tuviera este filo competitivo, yo no lo sabía. Dani Olmo sí, que engancha una y la clava y Koundé a la desesperada la remacha y luego protesta y, ¿a quién, a qué, protestabas, francés? Este escenario no lo tiene Deschamps pensado. Los chavales estos nos han remontado el partido y siguen teniendo el balón. No soy un fanático del fútbol de posesión. Me gusta cuando lo hace bien España o el mejor City, pero me gustan también otras muchas formas de jugar al fútbol, incluso algunas de segunda división. Ahora, si eres físicamente menos poderoso y tecnicamente mejor, puede que lo más sensato sea tener tú el balón. Gracias, Luis. A partir del segundo gol España ya no quería o no le interesaba y Francia no podía y no sabía. Deschamps espera hasta el sesenta y dos para meter a Camavinga, Griezmann y Barcola. Nacho cumple con más sabiduría que capacidad cuando Navas se lesiona. ¿Francia no tiene un centrocampista creativo? ¿Un Modric, Kroos, Pedri u Olmo? Perder un partido acabando en el área del equipo contrario, encerrándolo y haciéndoles sufrir de cualquier forma imaginable es una manera digna de perder y la hemos practicado mil veces, pero la mejor forma de ganar es acabar el partido teniendo la posesión del balón en campo rival. Hacerles un rondo cuando vas ganando es decirles que somos mucho mejores y que el balón es nuestro. Contra Francia, no hay nada mejor.
Suena el disco de arias antiguas de Bartoli que es un refugio permanente. La experiencia que está suponiendo escribir el “Diario de un patio andaluz”, y en particular este diario de la Eurocopa, es fantástica. Algo tan excitante intelectualmente como las mejores cosas que he hecho en mi vida: pasar un año estudiando Platón y yendo a clase de Tomás Calvo, aprender lógica de predicados y ver, ahí delante, como funcionan las matemáticas y el pensamiento (gracias, Fustegueras), o como leer a Kundera o Hemingway y leer y releer “Guerra y paz”. Pero odio estar expuesto. Hay un equilibrio entre la dopamina y la motivación para seguir que se reciben en las redes, en las opiniones de la gente que me lee, y el desgaste que supone. Tan necesario es, para mí, tener las redes abiertas y mirar el paisaje y aprender e interactuar, sobre todo en Twitter, como cerrarlas y sentir la seguridad y la tranquilidad de la cueva. Lo importante es escribir, que es obvio; pero las cosas obvias tendemos a olvidarlas y acabamos pensando que el fútbol no es darle la pelota a tu compañero para que te la devuelva y así se juega.
España ha ganado a Italia, Alemania y Francia. Si le ganamos a Inglaterra, le habríamos ganado en una sola competición a todos las campeonas del mundo europeas. De la Fuente ha hecho un gran trabajo. No es un tipo que me caiga bien. Sus aplausos a Rubiales y la indecente campaña de la prensa de la M-30 para alabarlo atacando a Luis Enrique, no ayuda. Su perfil muy conservador, tampoco. Pero ha logrado un equipo que funciona bien, que tapa carencias y resalta virtudes. Si la prensa fuera mínimamente objetiva con él sería más fácil calibrar su figura. Un ejemplo: la otra noche en Radio Marca decían que los jugadores no estaban en equipos top. Mentira. Los dos mediocentros son titulares en PSG y City. Dos de los defensas vienen de jugar y ganar la final de la Champions. El portero y un extremo han llevado al Athletic a ganar la Copa mil años después. Morata ha jugado y sido titular o importante en Madrid, Chelsea, Juve y Atlético. Cucurella le costó al Chelsea sesenta millones. Laporte ha sido titular varios años en el City. Olmo es la estrella del equipo cabecera de Red Bull. Y Lamine y Nico, bueno, todas las estrellas surgen en una primera gran competición. ¿Qué nivel quieren que tengan? ¿Jugar en el Madrid o el Barça? El fútbol ya es otro.
Hago jornada continua en la librería, hasta las cinco, y acabo pensando que debería descansar un poco por si hay prórroga, para no dormirme antes del final, porque no creo que la emoción me mantenga despierto. Southgate sale con tres centrales. Le han afectado las críticas que le achacan que no juega a nada y ha decidido intentar jugar todavía menos. La ansiedad está ahí y no hay mejor remedio que el patio. Salgo con la idea de no tener prisa. Hoy ha sido el primer día de calor duro del verano, no de ola de calor, que todavía no han llegado, pero sí de la calóh. Todo el patio está seco y cabizbajo. Regulo otra vez el riego y aumento los tiempos en cada una de las tres zonas. Pruebo a pinzar una de las mangueras exudantes del huerto, la que está junto a la pared. Creo que esa zona se regará bien con sólo una manguera y no las dos que tenía. Al pinzarla, llegará más agua al resto del huerto y al arriate de la terraza, que el jazmín anda algo seco estas semanas. Salta el riego, vigilo goteros, tiempos, todo. Cuando acaba cojo la manguera grande y riego todo el patio otra vez. Todas las macetas, todos los arriates, el huerto entero, en el sentido de las agujas del reloj. El boje que encontré en la basura de Villas Blancas y que tiene normalmente un verde botella brillante, espectacular, está muy caído y necesita frescor. La hortensia grande tenía las hojas mustias. Ha habido suerte y hoy estaba aquí y les he dado a todas la cantidad extra de agua que necesitaban. Llego tarde al partido. Ya van uno uno. Inglaterra no me gusta como juega y Holanda no puede más. Southgate es el entrenador inglés más exitoso desde 1966. Bellingham corre el riesgo de no especializarse en nada. Se me olvida que tiene sólo veinte años. Pero no es un cerebro como Kroos y tampoco es un media punta organizador como era Zidane. Es mejor acompañante que eje. Creo que ahora mismo nadie sabe cuál es su mejor posición, aunque este año sus mejores partidos han sido como interior izquierdo, con Kroos cerca y Joselu fijando las defensas.
Los gorriones siguen expoliando las uvas de mis parras. Hay una guindilla en uno de los pimientos que planté en el arriate nuevo. El agua del estanquito ya está transparente, ya se ha estabilizado con los filtros, las bacterias, los peces, las plantas y las temperaturas.
Holanda sólo tiene a Gapko que se cabrea en una ocasión por la falta de inteligencia del lateral. Esos son los errores que casi nunca cometen los nuestros, que peor o mejor, tienen una cultura del pase y de la pared que trajeron dos holandeses: Cruyff y Beenhakker y que llevaron al olimpo Luis y Del Bosque. Marca Inglaterra en el último minuto porque la calidad individual sirve para estas cosas. Mal para España porque son más peligrosos que Países Bajos. Pero lo bueno es que, ahora, los favoritos son ellos. Recuerdo a los banqueros holandeses del 2008, de tantas veces en la historia y sonrío. Me acuerdo del libro que quiero leer de Said sobre los crímenes de Churchill y se me borra la sonrisa. Sigue cantando Bartoli. Hace sol y el agua del estanquito brilla y las avispas vienen a beber. El domingo queda muy lejos.

España sale con los titulares. La única duda era si jugaba Le Normand o Nacho, pero quizás sólo era una duda para la prensa de Madrid. Inglaterra también sale con la alineación esperada, salvo Shaw que parece que ya está para el partido completo. Juegan con un 442, que es más lógico. Es el mejor rival al que nos hemos enfrentado y se nota desde el principio. El día ha transcurrido con placidez y lentitud. Me levanto tarde pero no mucho —son más de las ocho— y no tengo deberes porque ayer acabé el post pendiente de “Eurocopa” y corregí toda la parte que faltaba enviarle a Alfonso para que lo publique en “Olvidos de Granada”. Me salgo al patio con mi día libre a leer y escribir que es, básicamente, lo mismo que hago cuando tengo que hacer cosas. Me acabo “El País” del viernes y me doy cuenta del placer olvidado que es leer un periódico en papel. Ellos son mejores pero nosotros jugamos mejor. ¿Hará cambios De la Fuente? No creo. Dejo a Dostoievsky dándole vueltas a la culpabilidad —la concisión no es lo tuyo, Fedor— y reviso las enredaderas del fondo del huerto. Ato alguna rama rebelde del kiwi y de la buganvilla. Me gustaría que el kiwi llegara hasta el emparrado de la terraza pero supongo que es casi imposible tirar una rama de más de seis metros y que luego crezca allí. Recojo los ajos del huerto, que ha pasado más de dos semanas desde San Juan y no lo había hecho. Tengo como una docena de cabezas. Tienen un sabor más suave que los comprados. Pasan como dos horas y no sé qué he hecho. Comemos viendo un “Página 2” sobre Irlanda. Vingegaard es valiente y ataca a Pogacar y Pogacar lo destroza en los últimos kilómetros. Ha aprendido que el danés es casi tan bueno como él y que tiene que tener un poco de sentido táctico, una estrategia; que no le vale sólo con atacarlo todo el rato. Este Tour, estando bien, no es tan salvaje y divertido como los de los últimos cuatro o cinco años. “Crimen y castigo” es la típica obra maestra que está muy alejada de mi sensibilidad e intereses. Voy a seguir leyendo, pero no me atrapa en ningún momento. Cambio a Wimbledon y Alcaraz le gana sin problemas a Djokovic. Trabajo un rato en la librería desde casa y estoy pendiente de cuándo salen las alineaciones. España sale con los titulares y me salgo un poco al patio. Le quito las hojas secas al anturio, que son casi todas, aireo la tierra y lo dejo fuera, al calor, a ver si revive. Creo que hay plantas que no soportan las macetas de cerámica porque no sudan como las de barro. Miro en Google pero no encuentro información clara sobre esto. La maranta tiene también hojas secas, se las voy podando, aireo un poco la tierra para que no esté compacta y le doy una ducha para quitarle el polvo de las hojas. Se me olvida abonarlas. Entro en casa: pongo la mesa, un vaso de casera con una mini nube de vino, aceitunas, patatas fritas. Llego a tiempo al partido y estoy relativamente tranquilo. Inglaterra es el mejor rival al que nos hemos enfrentado y, aunque empezamos bien, metiéndolos en su campo, cuando roban el balón demuestran el nivel que tienen. Walker y Shaw son laterales de máximo nivel y reciben apoyos y Lamine y Nico no logran irse de ellos. Rodri es el mejor como casi siempre aunque le han puesto a Foden para que lo marque. El primer tiempo es el típico partido de una final, muy serio, muy intenso, muy bien jugado por dos grandes equipos. España ha crecido una barbaridad en este campeonato, en el último año. Cenamos restos de la noche anterior en el descanso y llega la peor noticia: Rodri está lesionado. Sale Zubimendi. Pero antes de que me de tiempo a llorar al héroe caído, Fabián se la da a Carvajal, Carvajal de exterior a Lamine que ve a Nico entrar en diagonal en el área y Nico bate con extrema facilidad al pipa de los Pogues que mira a la cámara con cara de que él no ha tocado ningún cable. Tenemos a los ingleses muertos pero vamos perdonando ocasiones. Kane se va al banquillo con la mirada del que empieza a pensar que su tiempo está pasando. Lo peligroso de los equipos que ganan más por talento que por juego es que nunca sabes como están y que da igual cuanto los dominas: sólo sirve la diferencia que llevas en el marcador. España tiene una capacidad para asociarse en la frontal con pases cortos, rápidos, tensos, basada en la técnica individual que ninguna otra selección tiene. Southgate saca a Palmer que, con los mayores, es un chaval tímido y no recuerda al pendenciero arrogante y chulesco y buenísimo que nos ganó el año pasado la final Sub-21. Pero Bellingham recibe en el área y la deja atrás y Palmer la engancha y marca y gol y empate y todos los fantasmas y todas las tristezas vienen y nos miran y Rodri, porqué te lesionaste. “Es la única jugada que hace Inglaterra en la segunda parte” dice el comentarista, como si importara. De la Fuente tiene las ideas clarísimas. Es de esos músicos que saben hacer una cosa y logran toda una carrera con una sola canción y sus variaciones. Como siempre, cuando Morata está muerto, saca a Oyarzabal. El partido y el campeonato está en los detalles. Olmo a Oyarzabal que la abre a banda para que Cucurella meta un centro fuerte, bajo, al primer palo donde está Oyarzabal con esa pinta de oficinista donostiarra del siglo XIX para poner la puntera y marcar un golazo. Gol de juego, de jugada bien hecha, de equipo que sabe lo que hace, que toca y se mueve al espacio y todos los pases van a su destino y todo tiene sentido. De la Fuente, tenía una idea y era la buena, como acabamos de ver. Quién sabe si los que creen que la realidad y el fútbol son menos complejos de lo que parecen llevan razón. (Dosto, ¿qué opinas de la sencillez?). Todavía nos queda un corner botado por Palmer para que nos de un infarto pero San Dani Olmo hace el despeje de su vida y respiramos cuando el árbitro pita el final. Hoy, el mañana de ayer, el partido será un recuerdo de dos horas de tensión con final feliz. Hoy, el partido de ayer es que mi vecino el peluquero me sonría con un gesto de complicidad. Metallica, dicen las crónicas, hace guiños al partido y a la victoria en su concierto de Madrid, que ha mantenido su horario, lógicamente. La organización del festival de música y danza de Granada cambia el horario del concierto de cierre para que el público pueda ver la final y no se vaya a olvidar nadie de que Granada es española incluso antes que pija. Hoy, la selección nos recuerda que este puto país a veces hace las cosas bien y le gana a los imperialistas, a los banqueros, a las gentes del norte de Europa y a sus superioridades. Luego vendrán las olas de calor, los recibos de fin de mes y las pequeñas miserias que tan difíciles hacen la vida. Pero, el domingo por la noche, unos chavales nuestros le ganaron a la vieja Inglaterra y eso, eso es impresionante.
