AVISO Y RECOMENDACIÓN

Su navegador web (Internet Explorer 6) está obsoleto lo cual puede provocar que ciertos elementos se muestren descolocados o no se carguen correctamente. Además, tampoco podrá ver bien, populares webs como Youtube o Facebook, entre otras muchas.

Le recomendamos actualizar su navegador aquí o instalarse otros fantásticos nevagadores gratuitos como Firefox o Chrome.

Ah, y no olvide guardar nuestra web en favoritos! Muchas gracias :)

Historietas de investigación y resistencia
en el ámbito de Olvidos de Granada

Olvidos de Granada presenta este mes en olvidos.es el número 9, editado en 1985. Aquel número recogía tal cantidad de aportaciones de comic e historieta que hemos invitado a José Tito a que haga un recorrido por las aportaciones en aquel número de Olvidos de los dibujantes y pintores granadinos de la época.

José Tito Rojo

No es el número 9 de la revista Olvidos de Granada (1985) un número normal. Se presenta en portada y en la página de sumario y créditos como "Extra Verano"; dos verdades, verano, porque lo era, extra porque aportaba numerosas novedades. La portada huye ya del aspecto propio de periódico, el que tuvo en sus números iniciales, muy de revista que asume una formalidad modesta, común por otra parte a algunas otras del ámbito cultural. Iniciaba ahora una andadura en que se reclamaba una entidad diferente. A partir de aquí será ya habitual la portada, que no es página uno, sino cubierta, con gran ilustración y esbozo de contenidos. Continuará en gran medida en el interior el diseño, perdónese la simplificación, de antigua vanguardia, con juegos tipográficos y cambios de tamaño en los caracteres que recuerdan, tanto da, a los folletos dadá o a los viejos carteles anuncio, pero se irá dando paso inevitable a diseños más contenidos. Vale la pena señalar que esa portada con dibujo y a color tiene la firma de Mariano Maresca, inevitable pensar que esa circunstancia era también significativa y reforzaba la autoría intelectual del conjunto pues, a pesar de que en los créditos aparecía como responsable un colectivo consejo de redacción y no un director, era de todos conocido que él era el capitán del barco. También resultaba especial este número por reforzar algo que acompañó a Olvidos desde sus inicios, el interés por la ilustración y la historieta. Vale la pena recordar, o léase "me apetece recordar", que en la primera página del primer número se incluía una columna sobre la relevancia, entonces, del tebeo en la ciudad de Granada. Y me apetece también recordar que en la colectiva "Redacción" de los doce nombres que la formaban al inicio había dos historietistas, y en el número 9 que justifica este texto había ya tres de veinte. En justicia uno más en ambos casos pues Mariano Maresca había hecho justicia a su interés por la historieta como medio de expresión escribiendo el guión del tebeo "Amor a la vida" que dibujara Juan Vida, relectura del relato de Jack London que se iniciaba con una no casual referencia a que pudo ser, según contara Nadezhda K. Krupskaya, la última lectura de Lenin.

No debe extrañar ese interés de la revista por la historieta como medio de expresión, reflejo claro de su relevancia cultural en la Granada de finales de los 70, inicios de los 80. Eran tiempos en que todo parecía posible y había infinidad de testimonios del interés hacia los medios de masas (así se les denominaba entonces) por la activa intelectualidad granadina. Tanto Juan de Loxa escribía, con su habitual intuición pionera, sus Aventuras de los [Bang] (1969-1971), como Juan Carlos Rodríguez en sus clases y en sus escritos [y más aún en su magisterio oral en tertulias y reuniones] hablaba con la misma devoción [excusas sean pedidas por el uso de esa palabra] de Althuser como de José Mallorquí y su Coyote o de Víctor Alcázar y su Capitán Trueno. Trueno que adornaba los primerizos pecados de juventud de Juan Vida en los cuadros de la exposición de la librería Teoría, justo enfrente de donde estaba la primera librería de "comics" de Granada, Zimba, triángulo que cerraba la cercana Tertulia, donde se dieron las conferencias de la primera feria del "comic y la historieta" (sic.) en el lejano 1981.

En ese tiempo de Olvidos de Granada se vivía todavía en España el nacimiento [y muerte] de un nuevo tebeo, en lo comercial y en lo francotirador, fuera tanto underground como político. Ajena al mundo comercial del tebeo, que se concentraba en Barcelona y, menos, en Madrid, Granada se había incorporado muy pronto a la historieta de francotiradores. En 1976 aparece el autodenominado "Un equipo andaluz de tebeos (f.d.)" que edita la revista semiclandestina La Granada de papel, tras haber iniciado su andadura ese mismo año con un, igualmente semiclandestino, 81 viñetas para Federico García Lorca, que se sumaba al homenaje popular del 5 de junio.

La existencia, breve, de ese equipo significaba sumarse a la historieta activista que se hacía en Barcelona (Butifarra) o en Madrid (El Cubri) creando entre los círculos de los historietistas españoles la idea de que fuera de esos dos núcleos principales había un otro pequeño, Granada, donde se hacía una historieta de interés y calidad. Cuando nace Olvidos existía un colectivo de autores de historietas, Rubén Garrido, Carlos Hernández, José Luis López Cruces, Paco Quirosa, equipo GEL, cito -creo- por orden de antigüedad, que mantenía el activismo iniciado por el desaparecido equipo de nombre impronunciable. Era normal en ese momento encontrar en la prensa local, en revistas de colectivos diversos, en folletos, en fanzines o en exposiciones la presencia de esos y otros nuevos jóvenes autores. De esas manos la historieta en Granada era una presencia habitual, un segmento más de la vida cultural de la ciudad, reconozcamos que duraría poco tiempo el fenómeno pero estaba fuertemente vivo en 1984, fecha de aparición de Olvidos, y en 1985, fecha del número 9 que tiene el lector abajo con su enlace de apertura.

Visto desde la distancia, se descubre que 1984 fue un año importante en el panorama historietístico granadino, como si asumiera de alguna forma el carácter de emblema que el imaginario de la novela de Orwell le hubiera regalado "antes de 1984". En ese año , se hacen las jornadas "Tebeos de Granada", la exposición de "Historietistas e ilustradores granadinos" donde un dibujo de Carlos Hernández fue censurado y motivó un ridículo auto de fe, se publica la guía de ocio Granada en mano con el suplemento de historietas Don Pablito, sale la etapa legal de la efímera revista La Granada de papel, se publica el libro Los tebeos de Granada y, ya lo hemos dicho, nace la revista Olvidos donde la historieta es tratada en plano de igualdad con otras manifestaciones culturales, artículos, ensayos, literatura de creación, ilustración. 1984 marca sin duda el hito de mayor fortaleza del tebeo granadino.

Los cinco nombres de historietistas que he colocado arriba, de forma especial, tendrán en Olvidos una fuerte presencia, en general con entregas de una página. Sueltos [véase la acepción nº 13 de la edición 22 del diccionario de la RAE] en la tradición del relato ultracorto o en juegos líricos con sensaciones no narrativas. De la presencia de la historieta en la vida de la revista destacan, sin duda por su periodicidad, por su interés de crear una obra global número a número, pero también por su calidad y rareza, las colaboraciones de Carlos Hernández, que iba entregando sus singulares Blues, iniciados ya en otras publicaciones como Ale-hop (1979) o Don Pablito (en Granada en mano, 1984). Cuando se publica el número 9 de la revista estaban ya cambiando las cosas. Si el número 1 de 1984 se inicia con el cómplice saludo "Salud y tebeos" en la página de portada [gracias Mariano por aquellos dos fantasiosos retratos míos, el dibujo de Carlos y tu descripción de mis andanzas], en el número 9 acoge el lamento por la tardanza en aparecer el número 3 de la Granada de papel, que al final nunca llegó a publicarse. No deja de ser significativo que ese lamento coincida con el número de Olvidos en el que la presencia de historietas fue más numerosa, como si la revista advirtiera el cambio de onda y quisiera funcionar como un elemento de activa resistencia.

De forma no casual las páginas publicadas reflejan las características de la historieta granadina, que la hacían singular en el panorama español de entonces. Una de las más importantes era hacer una relectura de la historia del comic como medio de expresión, rechazar que fuera vehículo útil sólo para narrar, y por supuesto que ese narrar fuera sinónimo del relato aventurero o fantástico. Defender que, de la misma forma que la escritura servía para hacer novelas del oeste, poemas, manifiestos políticos, ensayos filosóficos, artículos periodísticos, novelas costumbristas o mil otras cosas, la historieta también era un medio útil para otras tantas cosas similares. Significaba eso rechazar que fuera un medio condenado ser -exclusivamente- un apéndice de la industria de las diversiones, que en él cabía la propaganda política, la transmisión de sensaciones desvinculadas de un relato, la experimentación con formas o colores sin necesidad de apoyo en el reconocimiento de objetos, los juegos con la estética de las múltiples vanguardias o el fragmento de una narración sin inicio o fin, tantas cosas que la mecánica de la producción comercial había limitado y que, en gran medida, si formaban parte de su tradición inicial, en los lejanos tiempos en que la historieta aún era un árbol con mil ramas que la posterior poda había ido reduciendo hasta llegar al momento en que tebeo era ya sinónimo de relato fácil, producto destinado al consumo efímero de una masa de lectores que justificara su impresión en miles de ejemplares y su éxito comercial. No tengo que decir aquí, pero para evitar equívocos bien pensantes lo digo, que en esos productos comerciales había auténticas maravillas y que comercial no significa de mala calidad. Eso es simplemente obvio.

Un número 9, éste que se presenta ahora, que incluía a los cinco autores más destacados del tebeo granadino de 1985. Aquí el Equipo GEL, con Jacinto Gutiérrez como integrante más cercano a la historieta, presentaba una página no narrativa con tema de música tropical. Formalmente menos radical que otras entregas del Equipo pero con indudable valor experimental, con la reivindicación festiva de la tropicalidad que era una marcada componente de la estética del momento, desde la música, Radio futura por ejemplo, a la pintura (Juan Vida y su Iré a Santiago, también por ejemplo). Paco Quirosa entregaba una página que usaba alucinaciones etílicas como argucia para presentar juegos con el grafismo. Si antes aludíamos a que una de la características de estos historietistas era hacer una relectura del pasado del comic es muy tentador leer su página confrontándola a las dos de López Rubio incluidas en el libro Los tebeos de Granada con similar temática una, con similar juego gráfico la otra. Parecido ejercicio es el que utiliza en la tira también suya que se incluye en la página 70.

La historieta que se publica de Joaquín López Cruces tenía, como era habitual en él, un nivel de sugerencia que usaba la narración como excusa para una reflexión que la sobrepasaba. Tenía guión de Santi, habitual colaboradora suya en esa etapa, que comulgaba con esa búsqueda de sutiles referencias no explícitas. Joaquín era, de ese grupo de autores, el que tenía un grafismo más convencional, tal vez también el más dotado para el dibujo. Su colaboración al conjunto era utilísima pues evidenciaba que la ruptura no necesitaba ir acompañada de ruptura de las formas habituales de la historieta "normal" sino que podía producirse a otros niveles, en su caso en una lírica genuina alejada de cualquier connotación sensiblera.

De Rubén Garrido, que funcionaba como motor del colectivo de dibujantes tras la desaparición de "un equipo andaluz de historietas (f.d.)", se reproduce una historieta que sintetizaba su interés en forzar las posibilidades de comic como medio de expresión, su investigación de nuevas formas de interacción en el uso simultáneo de dibujos y textos. En aquel año 1985 acababa de cerrar su colaboración seriada "Destino Madrid" para la revista Madriz y se encontraba en una encrucijada creativa que buscaba planteamientos narrativa y gráficamente más radicales, historietas sin línea argumental, secuencias de viñetas abstractas. La página de Olvidos en encuentra en ese punto de búsqueda, un discurso no lineal y formas que, sin desligarse aún de la representación de objetos, se aproximan a la abstracción que estaba ya realizando en trabajos que apenas fueron impresos, salvando alguna de sus últimas colaboraciones en Madriz, precisamente por su lejanía a los cánones comerciales y su dificultad de lectura por los habituales lectores de historietas. Que las más radicales experimentaciones de Rubén quedarán inéditas era un signo evidente de la dificultad de crear un nuevo sector de lectores, de romper con los hábitos de producción-consumo de las historietas.

La página final de la revista, funcionando como contraportada, se dedicaba a un relato "filosófico" de Carlos Hernández. No se trataba de un "blues", como era habitual en sus páginas de los otros números de Olvidos, sino una fantasía de aspecto arcaizante, recuperando el aire de algunas historietas antiguas, con viñetas de igual tamaño, ausencia de bocadillos y largos textos de apoyo en cartuchos colocados siempre en la parte superior de las viñetas. Incluso el dibujo es arcaizante, con efectos de plumilla que recordaban los comics de los pioneros o las ilustraciones de la prensa gráfica del XIX.

Vistas como conjunto todas esas historietas eran muy distintas pero, al mismo tiempo, muy coherentes con la voluntad de experimentar con el medio que era clarísima en la globalidad de la obra de sus autores. Es necesario señalar que en este número de la revista se incluyen además numerosas ilustraciones, algunas de las cuales también dialogan con el lenguaje de los comics, especialmente las de Corporación AE y la deliciosa página 37 firmada por Happy Few (?).

La importancia de la imagen en este número 9, clara en su portada y en la cantidad de ilustraciones reproducidas, no sólo historietas, se manifiesta también en las entrevistas que Álvaro Salvador y Juan Mata realizan a, respectivamente, Julio Juste y Juan Vida, emblemas de la nueva pintura granadina y ambos muy interesados desde sus inicios en la ilustración y el diseño gráfico. Se reproducen en las entrevistas obras suyas y también colaboran con dos ilustraciones a toda página.

Un número sin duda de la revista en el que la parte gráfica ocupa un papel importante. El lector de estas líneas excusará que, por mi antigua dedicación a la crítica de historietas, me haya dedicado en exclusiva a señalar ese aspecto. Bajo este texto se coloca el link que permite abrir la revista completa y apreciará que no sólo de imágenes vivía ese número. Podrá pasear por ella, leer los textos y perdonar lo fragmentario de mi mirada. Es injusto, lo sé, hay en esta entrega de la revista una amplia sección dedicada a la escritura de la generación de los 50, abundantes textos imprescindibles de buenísimas cabezas (en muchos casos, además, queridos y admirados amigos, ruego mirar el sumario para apreciar esa afirmación), hay reflexiones sobre temas de la vida de la ciudad que fueron entonces cruciales y que aún hoy enseñan sobre lo que fue Granada y como cambiaba y todavía cambia. Pero sin duda la mejor reflexión que yo podía aportar sobre el significado de Olvidos, con la servidumbre de usar como excusa este número 9, era ésta, que se centra en la importancia de la imagen. Supla el lector con su inteligencia lo que aquí falta y disfrute con la lectura del conjunto, textos e imágenes.

José Tito Rojo

Añadir comentario

Enviar este artículo

Comentarios a "Historietas de investigación y resistencia
en el ámbito de Olvidos de Granada"