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Nora Cortiñas.
La dignidad de unas madres frente a la dictadura argentina.
Del dolor a la conciencia.

Luis Carlos Nieto

Este escrito para olvidos.es es el contenido de la presentación que hice en Motril de Nora Cortiñas, Presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo línea fundadora de Argentina. Es la introducción a su conferencia Derechos humanos y lucha contra la impunidad que desarrolló en las duodécimas Jornadas Derechos Humanos e inmigración que se celebraron del 2 al 4 de abril de 2.014 en la sede de la UNED de Motril. Nora Cortiñas me pidió que hiciera una presentación personal porque habíamos trabajado juntos en varias ocasiones en temas de derechos humanos en América Latina, no quería una presentación de currículum. Lo que sigue es la revisión de la presentación de esta madre coraje, que sacó fuerzas de lo más profundo de sus entrañas para buscar a los desaparecidos por las dictaduras.

Eran los primeros días de noviembre de 2004 cuando llegué por primera vez a Buenos Aires para participar en un seminario sobre la criminalización de la protesta social. La primavera austral había estallado y los colores de esta ciudad que no conocía me impresionaron, sobre todo el color violeta intenso de las jacarandas de sus anchas calles, y con ellas el recuerdo de Motril. Veía una relación de color entre las avenidas porteñas y la avenida principal de Motril, que también tenía unas jacarandas muy bonitas. Hoy estas ya no existen, el falso progreso se las llevó por delante, eran hermosas pero sobraban, había que invertir en otros árboles y se las sustituyó por unas pequeñas palmeras con forma de cebolla. Ha habido una época en la que el llamado adecentamiento urbano hecho por empresas privadas insertadas en lo público ha hecho perder la decencia de este país. Pero aquellos árboles de flor cárdena, que todavía existían, hicieron que no me sintiera extraño cuando llegué a Argentina.

Otra impresión antes del encuentro con Nora Cortiñas. El seminario en el que participaba se celebraba en un antiguo hotel del centro de la capital, el hotel Castelar. La sorpresa fue comprobar que estaba en el lugar donde se había alojado Federico García Lorca cuando fue a presentar su teatro al otro lado del mar. Otra vez el recuerdo de Granada, de Lorca, de mis amigos del sur. Y allí estaba la habitación que habían preparado para que Lorca escribiera, una sombra de árbol que trepa hasta el techo para proteger el escritorio y en el pasillo una emocionante pintura con personajes de sus obras, una bocanada de la Andalucía esencial en un día de “sol de plomo”, personajes que allí siguen esperando tímidamente a que alguien les explique porqué asesinaron a su autor. Lugar emotivo para hablar sobre impunidad.

Allí, en ese hotel, con los personajes del buen teatro pintados en las paredes, con la pátina de la historia en sus maderas, conocí a Nora Cortiñas, mujer espléndida, luminosa, llena de vida, a pesar de que la ausencia, la pérdida le ha tocado en lo más profundo de su corazón. Abrazo inmenso, intenso, que se percibe desde la generosidad de la solidaridad. Y un beso en el pañuelo blanco bordado con el nombre de su hijo al que quiere vivo, como se lo llevaron. Su pequeña estatura esconde un abrazo grande, una fuerza capaz de trasmitir todo el dolor del mundo y el convencimiento de que todo debería de ser diferente. Varios días de debate con esta mujer valiente, extrovertida, simpática, con ganas de conocer todo, curiosa hasta la imprudencia, me hicieron comprender personalmente lo que conocía por los libros. Pude ver como un dolor tan intenso puede cristalizar en lucha contra la indignidad y la indecencia, en recoger todo el dolor del mundo sobre sus espaldas menudas y hacer una reclamación global de los derechos para todas las víctimas del mundo. Impresionaba escuchar sus palabras contra la impunidad de un poder que había criminalizado la protesta social. Un paréntesis, es curioso que esto lo estemos diciendo cuando en nuestro país se está tramitando un proyecto de ley de seguridad ciudadana, otra vez el poder que no soporta la crítica, la protesta social. Otro retroceso en las libertades.

Hablamos sobre la corteza que cría el poder ilegítimo, la dictadura, el convencimiento por parte de los autores de los crímenes de lesa humanidad de que las estructuras de la impunidad son fuertes y que nunca van a responder ante los tribunales de justicia, de las desapariciones forzadas, de las ejecuciones extrajudiciales, pero también de derechos humanos, de justicia, de solidaridad, de resistencia, de personas de leyenda, de mujeres que dando vueltas hicieron cambiar la historia de la humanidad.

Al terminar el primer día del seminario, por indicación de Nora, me fui solo a la Plaza de Mayo donde estuve hasta el anochecer. En el lugar escribí unas notas que hoy te quiero dedicar. Escribí esto:

Esta Plaza no es un lugar común, es un centro de energía, los pañuelos blancos están grabados en el suelo. Personas serenas dan vueltas al obelisco, les protegen palmeras y jacarandas. Aquí un grupo de mujeres se trenzaron con el dolor y empezaron a girar y a girar, para evitar el grito, para transformar el dolor. Hicieron una rueda de tristezas, una noria de complicidades que terminó arrancando cangilones de esperanza. Aquí ha girado tanto dolor que la energía te atrapa, dolor hueco por el hijo que no está, por el dolor del hijo, por el sufrimiento, por la pérdida injusta y cruel, por esperar la noticia dolorosa y esa fuerza no la pudieron detener. Y dieron vueltas y vueltas hasta que giró la tierra, hasta mover su eje. Giraron la tierra en contra de la impunidad, crearon una gran máquina para mejorar el mundo. Quieren a sus hijos y los quieren con vida. Noche y niebla nunca más. Y otro giro para cambiar la vida. Otro tirón para revolcar la historia.

Cuesta dejar el lugar. En la explanada una anciana borda un pañuelo blanco. Está tuerta. Solo cose, no canta, se le fueron las fuerzas. Un niño bizca los ojos y le ayuda a enhebrar la aguja. Está anocheciendo en la plaza.

Después de aquellos días de Buenos Aires hemos coincidido en algunos eventos sobre derechos humanos y sobre todo hemos compartido el honor y la difícil tarea de ser miembros de la Comisión de Verdad de Honduras promovida por la Plataforma de Derechos Humanos para investigar los delitos de lesa humanidad cometidos como consecuencia del golpe de Estado de junio de 2009.

Hoy en Motril queremos mostrar agradecimiento a estas mujeres que hicieron que la tierra volviera a rotar y lo expresamos a través de Nora Cortiñas, Presidenta de Madres de la Plaza de Mayo, línea fundadora. Con su presencia aquí a los ochenta y tres años nos enseña que los rumbos se pueden cambiar, que incluso con el dolor se puede crear un espacio mejor. Has sido testigo del bochornoso espectáculo que Europa está dando con la inmigración en Ceuta y Melilla, vallas y muros otra vez, que no conocías de cerca. Muchas madres africanas no podrán llevar ni siquiera la foto de sus hijos desaparecidos en el Mediterráneo.

Gracias por venir a Motril.

Su hijo Carlos Gustavo fue detenido por los escuadrones de la muerte y desaparecido el día 15 de abril de 1977. Todavía no ha aparecido.

Mañana conocerás Granada. Alberti también tardó en ir a Granada.

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La dignidad de unas madres frente a la dictadura argentina.
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