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RIMADO DE CIUDAD: 30 AÑOS DESPUÉS

Los poemas de Luis García Montero, la fotografía de José Garrido y Javier Algarra, y la música de Magic y T.N.T. han tenido con el tiempo caminos muy diferentes. Olvidos.es abre la carpeta de aquella publicación, el Diario de Granada de la época y recupera fotografías de Javier Martín, para pasados 30 + 1 años recordar Rimado de Ciudad, una aventura gráfica, poética y musical que empezó y acabó en 1983, en la ciudad de Granada.

RIMADO DE CIUDAD

  • Poemas de LUIS GARCÍA MONTERO
  • Música de MAGIC y T.N.T.
  • Fotografías de JOSE GARRIDO Y JAVIER ALGARRA
  • Diseño de JUAN VIDA
  • Producción musical de FERNANDO MIRANDA
  • Ideado y dirigido por MARIANO MARESCA
  • Impreso en GRAFICAS SOLINIEVE S.A. – GRANADA
  • Producido y editado por el ECMO. AYUNTAMIENTO DE LA CIUDAD DE GRANADA
Granada, mayo de 1983


Fases de este proceso

987654321

2Aviso para prevenir a los audaces

LUIS GARCÍA MONTERO

(1983)

Rimado de Ciudad no ha pretendido nunca convertirse en una hazaña, ni su autor en un héroe de los nuevos infiernos. De nada sirve cambiar las llamas bíblicas por los puentes sucios del Sena, quiero decir: ahora, cuando nos apremia la consciencia de ser otra vez personajes finiseculares. Es cierto que los gigantes suelen tener siempre dos cabezas, que Dios no pudo existir en la ordenada esperanza medieval sin la figura sagrada del diablo, que las decimonónicas zapatillas del burgués positivista necesitaron el barro sobre los zapatos fríos de los poetas malditos. Es cierto, llovía en la ciudad, y al mismo tiempo en el corazón de todos ellos. Sólo era intercambiable la idea que cada uno tuvo de la comodidad, el instinto con que cada época organizó sus mandamientos y sus pecados, sus normas y la manera obligatoria de quedarse al margen.

Y los poetas, los escritores en general, aprendieron muy pronto a ser malos como es debido. Ajenos necesariamente a la facilitad, pregoneros de una mercancía sin canales de venta, apostaron en lo sospechoso (o en la extrañeza) su reconocimiento. De ahí el eterno retorno de una pasión por bajar a los infiernos. Junto al deber, junto a la tranquilidad de las salas de estar y al humo pacífico de las fábricas, los poetas - malditos para siempre- dejaron constancia de su Ser natural, escribieron la historia gloriosa de una marginación que se ha encarnado en la figura rebelde de ciertos nombres o en algunos poemas. Su voluntad buscaba ese lugar transparente del lenguaje rusoniano para expresarse. El tiempo los invitó a ser héroes, pero a la vez los enredó demasiado en el sistema, llegó a limitarlos. Construyó para ellos, a pesar de sus dudas, la hazaña de unos hombres obligados a luchar contra mentiras que necesitaban, contra un mundo que los definía, aunque fuese oscuramente, por la precisión de estar sólo a la contra. Nació toda una épica para los huéspedes del hallazgo vacío.

Conviene, por ello, aclarar que Rimado de Ciudad no ha pretendido nunca convertirse en una hazaña, ni su autor en un héroe de los nuevos infiernos, en un aventurero culto de los bajos fondos. Ni siquiera le interesa la desgracia, la muerte, como legitimación irracional de lugares imperfectos. Ocurre sin embargo, que cada imperfección genera sus propias realidades, el código de valores que la justifica teóricamente. Al fin y al cabo eso es la cultura: una manera determinada de enseñarnos a leer el mundo que nos hace semejantes. ¿Os acordáis de Baudelaire? Semejantes, es cierto, pero también hipócritas.

Por ello Rimado de Ciudad pretende ser simplemente un intento y escoge dudas concretas para plantear. Aquí no se ha buscado romper la semejanza, sino la hipocresía. La idea original de enfocar la cámara del arte sobre un ambiente casi nunca artístico, no es original. La idea nueva de desgarrar las estrofas clásicas, ahora demasiado académicas, utilizando un lenguaje callejero, no es nueva. Se trata de un truco heredado en enigmáticos maestros: Rafael Alberti, por ejemplo. Nada se ofrece, solo la decisión de no ofrecer nada que no sean los textos, de no buscar ilusiones al margen, seguridades huecas, maneras de vivir en un paraíso poético que no existe más allá de la historia. Porque las cosas son siempre necesarias, tantos siglos de victorias y derrotas debieran enseñarnos que todo es histórico, hasta las más hermosas equivocaciones. Los poemas reproducen las contradicciones, la trayectoria indecisa de un tiempo en transición. El autor desea poner las cartas marcadas sobre la mesa, dejar a flor de página las trampas, sentirse al descubierto. Sólo está seguro de la entidad ideológica de su poesía, y así se lo avisa a todos los audaces.

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