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DIRECCIÓN ÚNICA

El profesor Sergio Hinojosa inicia una colección de reflexiones sobre la imposición del pensamiento único, sus mecánicas, tácticas y estrategias. Como señala el profesor « nuestras sociedades occidentales ofrecen a sus “ciudadanos” un contexto de precariedad y emprendimiento, en el cual, el entramado de comunicación posee una idea de sujeto individualista, competitivo y a-político, derivada en gran medida de este ámbito cognitivo y de eficiencia tecnócrata de los modelos REDER para toda organización».

Sergio Hinojosa

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8IA y Ciencias Cognitivas

Quizá la confluencia más prestigiosa recibida con los brazos abiertos en el ámbito cognitivo haya sido la inteligencia artificial por el desarrollo vertiginoso alcanzado y por la multitud de aplicaciones operativas, que día a día se consigue crear.

La IA no trata de elucidar los mecanismos y representaciones responsables de la inteligencia, lo que hace es construir procesos inteligentes a partir de las posibilidades computacionales de los dispositivos . La IA nace paralelamente a la “revolución cognitiva” y se convierte, a su vez, en producto de las distintas ciencias cognitivas. Se trata de construir una serie de reglas que permitan a un ordenador la búsqueda de soluciones a un problema, sin que dichas soluciones estén en el programa inicial.

Una máquina es inteligente, si es capaz de percibir su entorno y tomar acciones que maximicen su probabilidad de éxito . 1 Efectivamente debe haber una aplicación capaz de, a través de un sensor, “ver” qué pasa a su alrededor, sea este el de una circulación incesante de información digital, sea el del entorno terrestre para detectar un gas, o sea el de detectar cierta temperatura a partir de la cual activar una serie de dispositivos. En definitiva, sea cual sea el medio “percibido”, operar sobre un conjunto de los elementos entrantes y tomar una decisión.

Otro principio importante de la IA es aquel que obliga a proceder de forma que su probabilidad de éxito sea máxima. Por ejemplo, una aplicación que informa de nuestra localización a través del GPS no es inteligente; pero una que calcule la mejor ruta a destino, teniendo distintas variables (tipo de vías, posibles atascos, etc.), sí lo es (…) Pero la inteligencia no está en la recepción de datos o de señales, ni siquiera en el almacenamiento ingente (Big Data) de datos… “La inteligencia está, para comenzar, en analizar esa señal, compararla con señales anteriores (mías y de otros), distinguir que es mi voz, mapear esa señal a un texto (basándose en cómo lucía la señal para textos anteriores que tiene registrados, míos y de otros), y escribirlo. Esto se llama reconocimiento del habla, y es un ejemplo de manual de un área que en los años 90 disparó su performance utilizando aprendizaje automático”. 2

Pero la IA es inteligente porque decide desde programas, valores y pautas sobre los que se establecen expectativas. Si actuará con decisión “propia” en función de “percepciones” de rasgos seleccionados previamente, y tomara la decisión de realizar algún tipo de acción mediante robots, armamento o cualquier otra aplicación, efectivamente sería tan imprevisible como un sujeto. Lo temible es que difícilmente podríamos esperar de esa máquina un sentimiento de compasión, de solidaridad o de piedad que evitara lo peor. El sujeto estaría tan ausente como en las cadenas lógicas de sus algoritmos, y sería simplemente un punto de probabilidad entre las posibilidades de que produzca una determinada forma fonética (PF) de Chomsky o un esperado ensamblaje neuronal con sus consecuencias bioquímicas.

Pero el sujeto, en el que nos reconocemos, no deriva del discurso científico, sino del efecto de los dichos, y de la escritura, acordados por la razón dialógica, menos necesaria pero más atenta a la particularidad humana. Somos sujetos de deseo, a veces indescifrable incluso para quien lo experimenta. Somos sujetos identificados a significantes que nos conducen por caminos trillados o no. Si somos padres, no sólo lo somos biológicamente, existe un modo de ser cifrado en la cuna de lenguaje, que nos señala como criatura que simplemente nace o como criatura que se toma y acepta. “Padre”, “madre”, “hermano”, “amiga”, “compañero”, o, “catalán”, “andaluz” o “socialista”, etc., con los decires y tareas que se les asigna, no pueden ser explicados desde los ensambles neuronales, por muy complejos que estos sean. Pero, además, en cada uno de esos casos, no somos sólo eso. La identidad no agota el deslizamiento por el lenguaje y la vida que despliega el sujeto humano. Somos en sociedad, sujetos-soporte del derecho civil, del derecho penal, de cada uno de esos derechos instituidos históricamente, que nos sirven para formar colectividad y orientar nuestra vida… en fin, difícil encontrar todo ello en la nomenclatura bioquímica o en el decurso de la transducción, en donde todo se convierte en energía, en electrones veloces y centelleantes. ¿Habremos de erradicar de nuestras universidades y dejar desguarnecidas sus filas a las míseras humanidades no científicas ni directamente productivas, y además sin posibilidad de generar valor añadido? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, en otra próxima entrega les expondré algo sobre el maridaje del cognitivismo y el gerencialismo o management.

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