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¡VIVA DON ENRIQUE!

No parece que tengamos que detallar mucho las razones para emprender una aventura como la de esta revista electrónica que dedicará su atención a asuntos de la vida cultural, social y política. Puede ser más esclarecedor declarar un propósito: olvidos.es pretende hablar, desde una racionalidad tranquila, de los muchos resultados positivos del trabajo de gente que hace cosas, que mantiene un esfuerzo de lucidez, creación y respuesta en un medio como el actual, presidido por la fanatización, la banalización y el cinismo más o menos olímpico. Una de las consecuencia más desagradables y desastrosas de la espectacularización en la que vivimos es precisamente la invisibilidad de todo aquello que puede significar un punto de referencia, una llamada de atención o, por lo menos, un estímulo. Pues bien, de eso se trata: de dar la voz, o de recuperarla en su caso, a los esfuerzos por mantener la tensión de una actividad ilustrada a la altura de nuestro tiempo, empezando por la crítica del presente, la denuncia de la indecencia que ha ocupado y secuestrado el espacio público en una cruzada verdaderamente universal por la aniquilación de cualquier resto de vida inteligente.

Naturalmente, este propósito es lo suficientemente amplio como para que en él puedan sentirse cómodos cuantos quieran hacer o decir algo en esa línea. Entiéndase, pues, este primer editorial como una invitación al lector a ponerse en contacto con nosotros para hacer las propuestas, sugerencias y observaciones que estime oportunas.

olvidos.es se abre con ese ¡Viva don Enrique! de esta primera página. Enrique Morente fue, a nuestro entender, un ejemplo extraordinario e inolvidable de muchas cosas que echamos tanto de menos: la humildad y el respeto, la curiosidad sin límites, la búsqueda continua, la coherencia, la decencia, y también el resultado asombroso de una creatividad sin orgullo, plasmada en una obra que desde el principio asumió el riesgo como un  rasgo inseparable de la misma voluntad de vivir. En 1927, un grupo de los integrantes de la generación literaria y artística que lleva como nombre aquel año, acuñó el lema de ¡Viva don Luis! para señalar a don Luis de Góngora como un punto de referencia que definía su opción poética. Este ¡Viva don Enrique! con el que nosotros echamos a andar queda aquí prendido como una señal de recuerdo y homenaje al maestro Morente, y también como un signo que a nadie confundirá.

Bienvenidos, amigos. Y usted, maestro, ya sabe dónde nos tiene.
Conversación con Enrique Morente

LUIS GARCÍA MONTERO


Tú me oyes, Enrique,
en ese mundo vuestro del enigma
y de la soledad.
 
Aquí,
mientras pasa el verano
con su rumor de estrellas,
y las olas meditan,
y la luna es más tibia
pensada sobre el mar de las preguntas,
y los sueños insisten en descifrar la noche,
hay una copa tuya
y una silla que espera
en las mesas calladas de la aurora.
 
Allí,
en ese mundo vuestro,
quizás haya un lugar donde poder sentarse
para escuchar contigo,
para vivir contigo las reuniones
secretas de la muerte.
Y tal vez haya copas y palabras
y vino derramado en los manteles,
y un recuerdo lejano de nosotros,
el eco de la vida.
 
Así,
el tiempo con su niebla y con sus emociones
devuelve el corazón a su pasado.
Estamos todos juntos. Las ausencias
son otra forma de seguir presentes,
en una realidad que no es tan sólo
la llama de un recuerdo,
sino la vida misma,
lo que va con nosotros, porque es nuestro,
cuando todo se pierde,
aquello que nos hace
como la luz al día
y la sombra a la noche.
 
Ahora
los dos somos amigos del naufragio
y el mar puede reunirnos
para seguir hablando en dos orillas.
Es un destino propio de los seres mortales
negarse a que la muerte interrumpa una cita

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